1814: los negros mandando
Escrito por Dr. Ángel R. Lombardi | @lombardiboscan   
Viernes, 02 de Diciembre de 2022 00:00

altLa historia es el historiador y no los hechos en sí.

Y para que no nos metan cobas y mentiras a granel basta con ubicar a los historiadores competentes, independientes, creativos y honestos capaces de generar interpretaciones convincentes y creíbles acerca del pasado.

En el caso venezolano no son muchos los que reúnen estas condiciones. Además, algunos pocos buenos, inevitablemente son prisioneros de jaulas ideológicas que contaminan en exceso sus relatos. El presente y sus pasiones es una lámina refractora de condicionamientos emocionales, pecuniarios y partidistas. 

El pasado, básicamente, es una deformación de la historiografía. Los hechos variopintos terminan siendo una selección interesada de su explicador. Razón por la cual las versiones canónigas e inmutables deben ser combatidas siempre por sospechosas e interesadas. Y más si las avala el poder de turno. 

Y esto es lo que termina siendo una memoria social coaptada por sistemas políticos, religiosos, económicos y culturales dominantes y siempre con la tentación hegemónica. El nacionalismo recalcitrante, que alienta guerras homicidas, es una muestra trágica de esto. En el caso de la Historia de Venezuela que es la Historia de la Independencia estos vicios y deformaciones es lo que prevalece y merece un exorcismo intelectual.  

La Historia de Venezuela es la Historia de la Independencia. Y la Independencia es Simón Bolívar. Y es por ello que todo grupo o partido que asaltó y pretende asaltar el poder en Caracas desde los modales brutos a los más civilizados tiene que apropiarse de su recuerdo heroico. Son muy pocos los buenos historiadores venezolanos que se puedan sentir libres de la tutela de Simón Bolívar y explicar la Independencia sin necesidad de su permanente justificación y exculpación. 

La Rebelión Popular de 1814, cuando “la negritud”, la población mestiza y pobre de la colonia venezolana de ese entonces que fueron la inmensa mayoría, se dedicó a matar a blancos y ricos, es un tema incómodo. Bolívar, líder máximo de la llamada Segunda República (1813) fue vencido por ésta turba feroz bajo el liderazgo de una asturiano asimilado al llano y que comprendió que el principal móvil político para ganar una guerra de saqueo era la venganza social. 

La inmensa mayoría de los documentos o fuentes primarias del período 1791-1804 de la Audiencia de Caracas que reposan en el Archivo General de Indias en Sevilla, España, hablan del temor negro o haitiano: los blancos propietarios en Venezuela temen que se repita el terror del “Guarico”. En Venezuela había 100.000 esclavos africanos, un número bastante grande, y sus muchas revueltas contra sus explotadores habían ampliado ese temor. 

En el año 1814 Boves a su manera fue tan Libertador como el mismo Bolívar. O quizás más. Una perspectiva tan interesante como herética que nos invita al debate abierto y respetuoso. Libertador de la gente humillada de la Colonia por parte de los blancos peninsulares y criollos. Los canarios, los blancos pobres de la Colonia, también tuvieron su propia venganza social con la irrupción del canario Monteverde y sus secuaces en el año 1812 cuando derrotaron la Primera República surgida el 5 de julio de 1811. 

María del Pilar Rodríguez Mesa, una acuciosa e infatigable investigadora de nuestra historia, ha destacado que todas las balas del fatídico Decreto de Guerra a Muerte del año 1813 no fue dirigido contra los españoles, una minoría demográfica insignificante, sino contra los blancos criollos del estado llano integrados en su mayoría por canarios pobres nacidos en el país. El Libertador Bolívar reaccionaba desesperadamente e irracionalmente contra uno de los muchos bandos, aunque el más visible, de la guerra civil iniciada en 1810. 

Boves no acaudilló directamente a los negros, aunque sí a una clase social emparentada con ellos: la de los llaneros, mestizos y pardos. Aun así, en sus filas, militaron muchos negros que encontraron en la guerra su vía más expedita hacia la libertad personal y social.  

 En realidad toda nuestra Independencia fue más que toda una guerra civil indómita y cruel. Americanos venezolanos partidarios del Rey enfrentados a venezolanos en rebeldía contra el Rey y que aspiraron alcanzar un nuevo sistema político cercano a los ideales de una República tropical incierta. Esta perspectiva choca abruptamente con la simplista idea de que la Independencia fue una guerra por la libertad contra el opresor español. Españoles blancos en el año 1811 en Venezuela no habían más que 1500 sobre una población de 800.000 almas. 

Hay que empezar a desaprender toda la Historia de Venezuela y ponerla en perspectiva o de cabeza. La historia no es un cuento infantil que se dirime entre buenos y malos y tampoco una batalla antropológica de héroes impolutos libres de pecado. La Historia es una dialéctica del dolor donde todos los intereses sociales de clase o grupo combaten entre sí ante la incapacidad de un consenso que permita la paz. Y cuando la paz se logra, casi siempre precaria, y anudando los deseos de revancha de los vencidos, es un triunfo de la paz y libertad. 

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