Asesores fallidos, genios consumados
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Martes, 11 de Mayo de 2021 00:00

altUn lugar común en la historia civilizatoria es que las buenas intenciones no preñan.

De ahí que la vida colectiva puede estar embellecida por la intencionalidad de materializar los buenos deseos, pero la realidad gusta salirse con la suya. No es inusual que el camino de la política (la práctica de la vida en sociedad) esté cundido de cadáveres insepultos que no lograron materializar sus deseos. Una cosa es la belleza de las ideas y otra muy diferente la materialización de estas. Ser naturalmente incrédulo puede resultar el fin último de la vida de una persona que desee ser feliz. Otras opciones también son válidas, como la lucha eterna contra las injusticias. Por experiencia le temo a los moralistas en esa suerte de inquietud por hacer del mundo un lugar impoluto, cuando precisamente lo humano tiende a ser contrahecho y contradictorio, o de lo contrario no sería humano. De ahí que se tienda a apostar en la creación como algo elevado, por cuanto es realizado por los hombres y de ahí su valor. Que el animal político sea capaz de crear es aparatosamente paradójico, por decir lo menos. 

 

De Platón a Maquiavelo

Notable es el caso de Platón, quien aporta a lo que entendemos por filosofía en occidente y hace incursiones en política real. En su obra La República, expone las bases de lo que sería la convivencia social y falla de manera aparatosa al tratar de poner en práctica sus preceptos en Sicilia. Asesora al Tirano de Siracusa y a su hijo, lo cual casi le cuesta la vida. La idea trasciende, pero en su caso no logra aterrizar cuando intenta asesorar a los políticos. La realidad lo desborda ampliamente y la genialidad del filósofo hace aguas ante la materialización de las cosas. En Platón volvemos a ver otra paradoja perfecta, cuando es capaz de triunfar en la academia y fracasar en política. 

El caso de Nicolas Maquiavelo, quien crea las bases teóricas de lo que es la política moderna hasta nuestros días, no deja de ser de gran resonancia, al punto de llegar a ser conmovedor. Desarrolla una obra perfecta llamada El príncipe, en donde expone con precisión los alcances y la práctica de la vida en sociedad y la manera cómo se ejerce el poder político. Dedica su obra a Lorenzo de Médicis y los Médicis lo desprecian y cae en desgracia: Termina siendo acusado de estar involucrado en un golpe de estado contra ellos. Fue apresado, torturado, ignorado y olvidado por sus contemporáneos. Escribo este texto sobre él precisamente porque su legado trascendió a su propio tiempo. 

 

Deshojando la margarita

El Hegel versus Schopenhauer es un clásico del pensamiento universal. Arthur Schopenhauer prefería ir a los prostíbulos, a gastar su dinero y quemar calorías antes que interesarse por asuntos políticos. Radicalmente pesimista, su obra trasciende hasta nuestra hora. Optaba por establecer encarnizadas peleas con Georg Hegel y sus edecanes y admiradores intelectuales antes que ponerse a pensar en lo que consideraba vacuo: La política. Cuando he conocido a asesores políticos, no puedo ser sino severamente crítico, por cuanto muchos de ellos juegan a ser aprendices de brujos. Se genera demasiado enredo en el tiempo de las redes sociales y otros artilugios para pasar por un experto en el gran coliseo contemporáneo. Los caídos van a revoluciones por minuto y la lógica tradicional para entender las cosas parece enfrentarse a nuevos escenarios. Desde la adusta academia actual se trata de entender nuestro tiempo y nuestra contemporaneidad a la par que los golpes bajos van debilitando a los aspirantes a gladiadores. Tal vez los nuevos tiempos solo sean callejones sin salidas de una época de ciertas convulsiones que tienen precedentes de fácil resolución. El sol sigue saliendo por el este y ocultándose por el oeste y todo indica que seguirá siendo de esa manera. 

 

Difíciles y fáciles tomas de decisiones

Al final se opta por el mal menor. Una polímata como Mario Vargas Llosa da su opinión sin cortapisa. No creo que haya mucho que escoger entre dos opciones. Se escoge por una o por la otra. Quienes señalan que se abstienen de votar por dos opciones porque las dos son malas, es un disparate digno de la mejor antología del absurdo (si es que eso existe), que viene a terminar siendo la exaltación del moralismo político, tara intelectual que se aleja de lo pragmático de la existencia y su más conspicua representación: La política. Los casos de Perú, Ecuador o Colombia no merecen mayor análisis al momento de votar. La idea es que los bárbaros no se apoderen de los rincones civilizatorios o donde aspectos civilizatorios patalean por existir. A la hora del té los entendidos resultaron ser demasiado escrupulosos y en un asunto que se necesita estómago y piel curtida, aparecen seguidores de Hello Kitty dando clases de moral. Increíble que, en estas horas de la larga fiesta de lo humano, todavía exista la duda al momento de decidir entre dos opciones. Tal vez un poco de matemáticas ayude. 

 

 


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