El continuo complejo de Adán
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 14 de Junio de 2021 05:15

altTodos los gobiernos de corte socialista, en especial los surgidos de  eventos electorales, tienen como característica común

una inocultable inclinación a poner en práctica el complejo de Adán. En el caso venezolano, fuimos testigos de este desafuero a partir de 1998. Incluso, según prestigiosos politólogos, es un elemento imprescindible en este tipo de sistema que, más que un “verdadero socialismo”, resulta a la postre  un rancio populismo, por cierto muy de moda en estos tiempos.

Adán, tal como lo indica la Biblia, fue el primer hombre creado por Dios. Y en afán de similitud y hasta de perpetua comparación,  todos los líderes radicalmente izquierdosos, sobre todo en América Latina, pregonan a los cuatro vientos que con ellos y sus respectivos gobiernos, se inicia una nueva era, un “hombre nuevo” y por supuesto un comienzo de la historia. Hugo Chávez fue el perfecto ejemplo de lo que significa este pernicioso complejo. Los resultados  saltan a la vista, dejándonos como herencia de  sus trasnochadas ejecutorias, el hundimiento del  país en  este espantoso caos. 

Está claro que los gobiernos socialista-populistas requieren de un líder carismático que, con estudiado histrionismo, conquiste el apoyo de la mayoría y el entusiasta aplauso de destacados integrantes de las élites políticas, económicas y sociales. El caso nuestro no fue ni es ajeno a este fenómeno. La llegada de Chávez al poder, a través de todo un proceso- como diría el historiador Manuel Caballero- de autofagia democrática, demostró, sin velo alguno, que las cosas irían por un camino muy diferente a lo que muchos, con cierta ingenuidad, apostaron y creyeron.

El socialismo-populismo maneja una receta inalterable y esta nos  ha sido aplicada totalmente. Ya lo han dicho y escrito infinidades de estudiosos de la política y la historia. En economía, por ejemplo, estos gobiernos no creen en la producción de riqueza sino en su mera o simple distribución o reparto. No importa de donde venga y mucho menos quien la genere. Lo fundamental es distraer a los más desfavorecidos y convencerlos que el supuesto “gobierno del pueblo” se desvela por sus carencias y necesidades. Así usaron a PDVSA y demás industrias  productoras de divisas y valores hasta arruinarlas sin el más mínimo rubor, contrición pública y  penalización alguna.

El socialismo-populismo  divide la sociedad entre buenos y malos; patriotas y apátridas; pueblo y oligarcas. Lo peor es que mucha gente lo creyó así, hasta que se dio cuenta de la cruda realidad: todos, sin exclusión alguna, pagamos los platos rotos de esta irresponsable y maniquea forma de sostenerse en el poder. Además, este tipo de gobierno tampoco tolera las instituciones de la democracia, los parlamentos, partidos políticos, gremios, sindicatos, ONGs, contralorías, etc. Mucho menos respeta las normas constitucionales y  el orden jurídico. Aquí manda el jefe, el líder, que se considera- a fin de cuentas- el pueblo personificado.

Pero el populismo también puede atraer a quienes lo combaten y adversan. Paradójicamente, algunos representantes de  importantes sectores de la oposición pueden caer en sus fauces y trampas. Prometer cambios imposibles; ofrecer un nuevo país sin pensar que, recomponer este desastre, requerirá de un largo y arduo proceso y, de paso, asegurar alegremente que la extirpación será inmediata de todo vestigio del chavismo-madurismo, puede convertirse en algo excesivamente contraproducente y hasta peligroso.

El complejo de Adán siempre ha estado presente en las ejecutorias de muchos dirigentes y líderes aunque – y así debemos reconocerlo- también  ha sido sometido, reducido  e incluso desechado por aquellos quienes se han destacado por la seriedad de sus planteamientos, por sus inalterables convicciones democráticas y por su ejemplar  conducta pública, entre otras virtudes ciudadanas.

El complejo de Adán no discrimina y ataca en todo momento. Es muy nuestro pretender iniciar la historia y crear un “nuevo hombre” apenas se instaura y estrena otro gobierno. Mucho cuidado con caer en tentaciones populistas. Las cabezas de la oposición democrática deben elaborar todo un plan, un recetario de tareas, siempre tomando muy en cuenta su factibilidad y realización. Ciertas posturas populistas, cogidas de la mano con el complejo de Adán, han hecho demasiado daño a nuestra vapuleada Venezuela. Atención, mucha atención, porque estas siempre han acechado y continuarán haciéndolo al noble, pero también muchas veces menospreciado, ejercicio de la política.

|*|: Especial para www.opinionynoticias.com


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