La ciudadanía menguada
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 19 de Abril de 2021 00:00

altCada día la vida se nos hace más estrecha, difícil, llena de angustias y sinsabores.

El tiempo  –lenta e inexorablemente-  va robando lo que queda de entusiasmo y aspiraciones. Como presa de un ejército de termitas, le han ido devorando los tuétanos, los músculos y lo que es peor, el ánimo y la fortaleza para continuar en este complicado tránsito terrenal. No obstante, hay que seguir, hay que insistir. La vida merece decencia y muchas otras gratificaciones.

Quisiera traer unas palabras de la escritora  Isabel Allende que resumen perfectamente esta dura realidad. Las tomo prestadas: “Esto comenzó como una crisis de salud, pero es mucho más que eso. Es una crisis de gobierno, de liderazgo, de relaciones humanas, de valores y forma de vida en el planeta”.

La ausencia de todo interés por una respetable y normal existencia de los venezolanos es realmente asombrosa e indignante. La salud de nuestra sociedad no está entre las prioridades de quienes tienen en sus manos tamaña responsabilidad. Una mediana gestión gubernamental no ha sido posible. Dado el caso, ya ni siquiera pueden  montar las sempiternas romerías, jolgorios oficiales y festejos de rigor para celebrar un supuesto éxito.

El pleito de las vacunas deja perplejo a cualquiera.  Los polos en pugna insisten en que tienen todo listo. Pero nadie da el primer paso. Solo el gobierno, a cuenta gotas,  casi obligado por la presión internacional (hay comentarios que aseguran que la Organización Panamericana de Salud ha  tomado cartas en el asunto) y para no perder su papel protagónico, ha traído unos pequeños lotes que no alcanzan para nada. Dicen los entendidos que apenas el 1,5%  de la población ha sido vacunada. Y mientras discuten por los recursos para honrar el pago respectivo, los venezolanos sufren irremediablemente los efectos de esta diabólica diatriba. A fin de cuentas, como ha apuntado acertadamente Soledad Morillo Belloso en un reciente artículo: “usted no es el culpable. Usted es la víctima”.

Por eso no hacemos referencia al término “ciudadanos”. Hablamos solo de venezolanos, como si fuésemos apenas unos pobladores, ocupantes, pisatarios o moradores de este hermoso territorio. Lastimosamente, un gentilicio venido a menos. Ya lo hemos afirmado y lo reiteramos una vez más: ser ciudadano implica derechos, deberes, participación, ejercicio de democracia, justicia y dignidad, por mencionar algunos de sus atributos y fundamentos. Pero, acaso ¿Se  han tomado en consideración? ¿Han sido salvaguardados los derechos de tener acceso a la salud? ¿Ha habido disposición y determinación efectiva para combatir esta compleja pandemia?

Este socialismo hace uso de la esperanza (esa manoseada expectativa de que se está trabajando afanosamente para algo mejor) solo para tapar su eterno incumplimiento e ineptitud. Siempre existen razones, además de la culpabilidad  de otros. 

En cambio a la democracia se le exige en demasía y se le injuria cuando alcanza  modestos logros.

Más allá del Convid-19, la cuestión está –concretamente- en que hay dos formas de ver la vida y la política: Una, bajo los cánones y arreglos de la imposición y el populismo, y otra, la del consenso, el entendimiento y el respeto a la opinión diferente. Una, con prácticas en desuso y mil veces fracasadas, y otra, la que puja por construir una sociedad libre, justa y desarrollada.

La ciudadanía se halla menguada. Es una triste realidad. Poco o casi nada nos queda de  su  ejercicio. Si no nos avispamos, como decimos en criollo, corremos el riesgo de terminar siendo – como ya dijimos - unos simples pobladores.

La vida se nos muestra difícil, esquiva, reluctante. La pandemia, incluyendo el estruendoso fracaso gubernamental para atenderla debidamente, sumado a la inmisericorde disputa o controversia por el asunto de las vacunas, nos obliga  - a como dé lugar- a una honrosa, seria y eficiente avenencia. Porque  nos negamos rotundamente a ser unos pobres ocupantes. Porque queremos, por encima de todo, ser  verdaderos ciudadanos. Es hora, entonces, de buscar para este inmenso problema, una urgente y acordada solución.

|*|: Especial para www.opinionynoticias.com

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