Reverón y Rengifo
Escrito por Nicomedes Febres Luces   
Miércoles, 11 de Mayo de 2016 09:18

altLa primera premisa es reconocer que con crisis o sin crisis el arte sucede al margen de la realidad y sería bueno que la gente lo aceptara como un axioma.

Cuando el mundo de la Cultura ha visto caer sus estructuras institucionales físicas y morales y nada las sustituye, algunas personas, en especial la gente de mayor edad o trayectoria debemos, aún al precio de correr mayores riesgos, asumir posiciones institucionales en pro del bien común y de los valores permanentes y trascendentes del Arte y la Cultura.

Esos roles imponen conductas que están al margen de simpatías o antipatías y a veces hay deberes donde la militancia del tipo que sea es una opción sectaria y esa actitud institucional obliga a asumir la prudencia como virtud, aun a costa de no ser comprendidos. Con frecuencia me siento en deuda con el mundo cultural venezolano, especialmente artístico por esa prudencia que me es necesaria y obligatoria.

Hoy Venezuela tiene uno de los movimientos plásticos más interesantes del continente, especialmente entre los jóvenes artistas y jamás una generación de creadores ha sido tan golpeada como la que se desarrolla en la actualidad en nuestro país. Trabajan con las uñas, pero si tuviesen recursos personales tampoco podrían porque no hay en el mercado materiales para permitirles experimentar, por lo que la crisis los ahoga y pese a ello salen adelante. Los museos quiérase o no son hoy cascarones vacíos por una decisión política del Poder que trasciende a sus propios empleados, pero ese Poder está interesado en la implantación de la anticultura, en la falsificación de la historia, en la persecución del mercado de arte, en el establecimiento de la nada, pues no hay buen arte que no sea crítico o que no quiera cambiar siempre la realidad. Por primera vez en nuestra historia republicana el Poder constituido está decidido a destruir el arte y la cultura como estrategia. Desde el falaz y torpe intento de imponer estudios reñidos con la realidad del mundo actual, o exaltar nulidades engreídas mediante cargos, premios y canonjías, y atrincherarse en instituciones que ya lucen muertas.

Cuando esa costra de la inercia y de la medianía desaparezca veremos la calidad de nuestros jóvenes artistas deslumbrar y el cielo será el límite. Por otro lado Venezuela es parte del mundo y lo que sucede en Venezuela es parte de lo que sucede en el mundo y lo que sucede debe ser graficado, expuesto, interpretado y discutido, pero es a eso a lo que le teme el Poder y sus sicarios y por ello callan y eluden la verdad. Y todo esto metido en una aldea global muy cambiante, con un mundo del Arte donde los ríos sumergidos son tormentosos y turbulentos y solo ocasionalmente están apegados a la búsqueda de la verdad en el Arte donde dominan con frecuencia intereses bastardos. Pero esa es otra discusión necesaria que debe ser postergada para poder salir de esta cárcel del alma colectiva que es la urgencia nacional.


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Voy a explicar lo que presumo sucedió con la introducción de los restos de Armando Reverón y César Rengifo en el panteón nacional.

El régimen en su inopia cultural luego de 17 años en el poder está tratando de fabricar próceres con la intención de tener una narrativa propia y dioses particulares y uno de ellos es César Rengifo, el notable maestro del realismo socialista venezolano y cuyos descendientes son los únicos que presumo están apoyando al chavismo, pues los descendientes de los otros maestros del realismo socialista están en contra de lo que estamos viviendo. En lo personal no creo que Rengifo, a quien conocí y con quien conversé algunas veces hubiese apoyado a este régimen pues han sido implacables contra los marginales que tanto mostró. Ciertamente Rengifo era comunista, de los llamados comunistas negros que acaudillaba Miquelena y fue un hombre a quien la dictadura de Pérez Jiménez trató con harta benevolencia durante la dictadura al darle el primer gran mural del Centro Simón Bolívar llamado Amalivaca y sin contraprestación política como es la norma en estos tiempos. También fue un consentido del mercado y un valor sólido en manos de Pepino Acquavella. El hecho simple de elevarlos a ambos artistas es vender la idea de que ambos poseen idéntica importancia y similar ideología, lo cual es mentira. Creo, y me perdonan la inmodestia, ser la persona que más ha escrito sobre el tema del socialismo y el realismo social en el arte venezolano en estos años y coordiné el número de la revista El Desafío de la Historia con ese tema y fue completado con textos de María Luz Cárdenas, Perán Erminy y Roldán Esteva, que son gente seria y competente con méritos propios.


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