Fotografía cinética
Escrito por Juan Guerrero | @camilodeasis   
Viernes, 09 de Diciembre de 2016 04:58

altUno de los grandes males que ha tenido eso que llaman el Estado paternalista, es haber mantenido a tanto vago escondido bajo la fachada de intelectual y artista.

 

Ocurrió en la llamada época de la IV república, mientras que por estos años, por cosas del destino y la vocación autoritaria y militarista del Estado chavizta, el desarrollo cultural se ha orientado a lo que Cabrujas llamaba, actos culturales.

Sea por una u otra parte, lo interesante es darnos cuenta que la actividad artística, literaria y en general, cultural, ha tenido que emprender el vuelo de manera independiente y sin intervención del Estado.

Eso es una buena señal que nos dice que el desarrollo cultural en Venezuela se realiza muy y a pesar de las restricciones que en los últimos años se evidencia en el ámbito oficial, marcado por una extrema ideologización del arte y la literatura.

Y esto es particularmente interesante. Mientras en el pasado prácticamente todo emprendimiento cultural era asumido por los gobiernos cuartorepublicanos, en los inicios de la era chavizta se intentó continuar desde el Estado la orientación cultural, sin embargo, como siempre sucede en los regímenes autoritarios y militaristas, la acción cultural ha pasado a un tercer plano y por estos años, ya ni se realizan esos rocambolescos y truculentos eventos de apoyo a la humanidad, a las focas y a los delfines, con sus invitados especiales incluidos.

Total, que desde hace algún tiempo se vienen ejecutando proyectos individuales y de colectivos, de manera privada, que desarrollan actividades culturales en todo el territorio nacional.

Algunas de ellas cuentan con apoyo de instituciones públicas, como alcaldías, universidades, pero la actividad en general surge de grupos independientes, como la proliferación de sellos editoriales, proyectos comunitarios apoyados por la empresa privada e incluso, organismos internacionales.

Junto a ello vemos el surgimiento de nuevas voces, artistas, escritores y hacedores culturales que, de manera sostenida y profesional, construyen la memoria de la Venezuela cultural del siglo XXI.

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Uno de esos cientos de nuevos intelectuales y artistas es Rodolfo Pimentel. Fotógrafo que ha sido galardonado varias veces en certámenes regionales e internacionales. Recientemente obtuvo el Primer premio en el concurso internacional de fotografía Gama, de Barquisimeto. Su propuesta sobre la condición de la ancianidad en Venezuela –Guerreros de mi país, ha bautizado su proyecto- parte de la cotidianidad de un grupo humano que debe soportar el rigor de hacer largas colas, bajo el sol y la lluvia, además de recibir humillaciones y vejaciones.

Capta desde originales ángulos el dramatismo, el esfuerzo, el sudor y el sufrimiento que se acentúan en la gradación de grises que otorgan una hiperrealidad a las escenas.

Otro aspecto de interés en el trabajo fotográfico de Pimentel es su búsqueda de un claro y evidente movimiento en sus capturas.

Recientemente obtuvo un Segundo lugar en el Salón de artistas ciudad de Barquisimeto, auspiciado por la Alcaldía de Iribarren. Su propuesta pasó casi desapercibida. Sin embargo, al observar la obra, ¡Al fin lo atrapé! Mi crepúsculo portátil, nos damos cuenta que posiblemente estamos, no tanto frente a una técnica ya desde hace algunos años practicada en fotografía, “camera tossing”, sino que de ese sacudón o movimiento brusco de cámara, el artista ha pasado al núcleo mismo de la imagen, la luz en movimiento.

Tratando de reflejar la luminosidad –usando luz artificial- sobre la imagen, a través de diez láminas de vidrio transparentes, ella se refleja inicialmente en la imagen –que poco importa- y posteriormente se proyecta, descomponiendo la imagen fuera del encuadre. Se aprecia fuera del marco y, dependiendo del ángulo donde se aprecie, la luz reflejada en la imagen, ofrece destellos de colores transformando a la imagen original, en absoluta luz.

Fotografía que tiene su origen en la trimensionalidad que parte de la imagen, pero posteriormente, se hace luz y movimiento mientras la observamos.

La búsqueda del movimiento en la obra de arte es de tiempo antiguo. Quizá habría que mencionar al misterioso artista veneciano que fue Lorenzo Lotto (1480-1556) y donde apreciamos en su obra Anunciación (1527), que permanece en la Pinacoteca del pueblo de Recanati, en Italia, la mirada psicológica que estudió Bernard Berenson. Ella, la madonna, nos observa mientras nosotros, asombrados, apreciamos cómo su rostro se mueve mientras nos desplazamos, bien sea de derecha a izquierda o viceversa.

La fotografía de Rodolfo Pimentel está soportada por una incesante indagación de luz/forma, y por la acentuación de los grises en la textura de la imagen. Artista egresado de la reconocida Escuela de Artes Plásticas Martín Tovar y Tovar, de Barquisimeto, de donde se han formado excelentes profesionales de las artes y es reconocida como institución patrimonio cultural de la nación.

Creo que la búsqueda del movimiento en la imagen fotográfica le ha abierto a este excelente fotógrafo, Rodolfo Pimentel, un largo sendero en la aventura de esta maravillosa y siempre reveladora disciplina, como es la fotografía, su técnica y sus misterios.

 

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