La codicia
Escrito por José D. Solórzano | @jdionisioss   
Martes, 20 de Abril de 2021 00:00

altMuchos se la pasan diciendo que en los momentos de crisis nace la solidaridad, el humanismo y todas las virtudes imaginables.

Sin embargo, no es así; en los momentos de crisis emerge el lado más oscuro de las sociedades y esto ha sido una constante durante todos los tiempos.

¿Qué sucedía – en la época medieval – cuando tal o cual ciudad vivía un asedio? ¡Fácil! Los precios de todos los productos se disparan, la inflación se iba hasta las nubes, y aquellos que dominaban las reservas de comida se hacían millonarios. Así de simple.

La crisis venezolana no es la excepción; en medio de la emergencia humanitaria atroz que padecemos en Venezuela, más de uno se abre paso – a codazos y empellones – con el afán de sacarle provecho a toda oportunidad que se le presente en el camino.

Y esta realidad la vemos en todas partes y en todo momento. Aquí los comerciantes – en su gran mayoría – pretenden hacer su agosto todos los meses del año y no se limitan a obtener el tradicional 30% de ganancia – cuando del rubro alimenticio se trata – sino que pretenden obtener hasta más del 100%, lo cual es terrible e inhumano.

Hay una frase que se ha vuelto una especie de profecía: «el peor enemigo de un venezolano, es otro venezolano», pues vemos que a muchos no le tiembla el pulso a la hora de jugar con la necesidad de terceros. La mezquindad y la codicia se han apoderado en las actuaciones de algunos que se han vuelto «mercaderes del templo».

La codicia no solo se mide en los precios elevados de los productos, no. La codicia también está presente en el «pago del favor», en el tráfico de influencia, en la comercialización de todo aquellos que empiece a escasear (comida, gasolina, medicinas y más).

Lo más reciente es la comercialización írrita e ilegal de las vacunas. Un nuevo negocio que emergió de la pandemia y que sin escrúpulos, algunos juegan con la salud, la vida y la angustia de miles de venezolanos. Una práctica inmoral que supera todo límite y toda excusa.

Sí, muchísimos de nuestros problemas son productos de 20 años de errores políticos, económicos y sociales; es el resultado de una visión errática y despilfarradora que hundió a la nación. No obstante, esta realidad se empeora ante la falta de criterio humano de muchos ciudadanos que solo velan por sus individuales intereses, en un «sálvese quien pueda» que nos hace atropellarnos los unos a los otros.

Esto se debe, en gran parte, a que nuestra clase dirigencial solo transmite valores materialistas. Por un lado un grupo político que sigue promoviendo la «igualdad» como un dogma que nos «enaniza» a todos como seres humanos y nos corta la capacidad de superación, y otros que promueven una «libertad» que, al igual a sus antítesis igualitarios, nos venden puro materialismo. Nadie – de ningún lado – nos habla de «Fraternidad», el tercer aspecto que siempre olvidamos.

Por ende, hoy tenemos una sociedad – que en su buena parte – está sumergida en eso que popularmente resumen en una frase que dice: «el que venga atrás que arreé». Debemos despertar de esta concepción pequeña de la vida y ver más allá de nuestras propias narices.

Y, sobre todo, los comerciantes deben asimilar la idea que no se pueden hacer ricos de la noche a la mañana, como pareciera que quieren hacer al abusar de los precios y el remarcaje prácticamente diarios de productos – ya no solo en bolívares devaluados sino también en dólares –.

Se habla mucho de «unidad», pero no se lleva adelante el concepto de una forma amplia. Se habla mucho de  ayudarnos los unos u otros y a veces vemos muchas fotos «pa'l Instagram», pero cuando importa de verdad cada quien vela por lo suyo, lo cual no es plenamente malo, sin embargo cuando afecta a otros, sí lo es.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

www.dionisiosolorzano.blogspot.com 


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