Philander C. Knox en Venezuela: la histórica visita del secretario de Estado estadounidense a Caracas
Escrito por Luis Perozo Padua | X: @LuisPerozoPadua   
Viernes, 18 de Septiembre de 2026 00:00

altCaracas se preparaba para recibir a un huésped excepcional. Las calles debían engalanarse, los edificios oficiales aguardaban ceremonias y las autoridades habían diseñado hasta el último detalle de una visita

que llevaría al representante de Washington desde las aguas de La Guaira hasta los caminos de Aragua y Carabobo.

El hombre que estaba por llegar era Philander Chase Knox, secretario de Estado del presidente William Howard Taft.

El primer capítulo ocurrió el 14 de febrero de 1912.

Desde la Legación de Venezuela en Washington se comunicó oficialmente al Departamento de Estado la satisfacción del gobierno del Benemérito general Juan Vicente Gómez por la anunciada visita de Knox, quien viajaría acompañado de su esposa y comitiva.

Caracas quería conocer cuanto antes la fecha exacta y, en aquella comunicación, expresó un deseo inequívoco: que el distinguido visitante permaneciera en Venezuela el mayor número de días posible.

El 12 de marzo, Washington confirmó finalmente el itinerario: Knox y su grupo llegarían a La Guaira el 22 de marzo y abandonarían Venezuela por Puerto Cabello el 25. La correspondencia quedó incorporada a los documentos oficiales de las relaciones exteriores estadounidenses.

Knox viajaba a bordo del USS Washington (ACR-11), un crucero acorazado de la Armada estadounidense. Había embarcado en Key West el 23 de febrero y, después de recorrer distintos puntos del Caribe y Centroamérica, el buque puso rumbo a Venezuela. El itinerario oficial estadounidense confirma su llegada a La Guaira el 22 de marzo y su salida desde Puerto Cabello tres días después.

En La Guaira esperaba el protocolo venezolano.

El director general del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Introductor de Ministros Públicos debían subir al buque para recibir al secretario de Estado, su esposa y sus acompañantes. Se rendirían honores militares y en el edificio de la Aduana sería izado el pabellón estadounidense entre dos banderas venezolanas.

Después, el visitante emprendería el ascenso hacia Caracas por ferrocarril.


Las Carmelitas

Para Knox se había dispuesto una residencia en la esquina de Las Carmelitas, mientras las calles cercanas eran preparadas con decoraciones alegóricas a América, la Independencia, Venezuela y Estados Unidos.

La ciudad no estaba simplemente recibiendo a un diplomático extranjero. Estaba representando ante él una imagen cuidadosamente construida de Venezuela.

Al llegar a Caracas, Knox sería recibido por el canciller Manuel Antonio Matos, el gobernador del Distrito Federal y el inspector general del Ejército. El jefe de los edecanes presidenciales llevaría además el saludo de Gómez.

Aquella noche, después de visitar el Capitolio Nacional, la Casa Amarilla reuniría al gabinete, al cuerpo diplomático, al presidente Gómez y su familia.

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El sábado de Bolívar

El 23 de marzo, Knox comenzó temprano su recorrido por Caracas.

La primera parada fue la Academia Militar, donde estuvieron presentes el ministro de Guerra y Marina, Ismael Pereira Álvarez, y el inspector general del Ejército, Félix Galavís.

Después vendrían el Parque de la Independencia, la plaza Washington, el Panteón Nacional, el Museo Boliviano y el Salón de la Independencia.

En este último escenario pronunció Knox unas palabras que revelan la impresión que le produjo la recepción. Dijo que, desde su llegada, un acto de cordialidad había sucedido a otro hasta hacer insuficiente su vocabulario de gratitud.

Ante la estatua de Simón Bolívar, colocó una corona.

Era una imagen cargada de significado: el representante de la potencia norteamericana rindiendo homenaje al Libertador en el corazón de Caracas.


Antímano, caballos y Miraflores

El domingo 24 llevó a Knox fuera del centro de la capital.

Acompañado por Gómez y su gabinete, recorrió Antímano, donde fue recibido por el ministro de Relaciones Exteriores. Más tarde, la comitiva acudió al Hipódromo Nacional de El Paraíso para presenciar las carreras de caballos.

El lugar era una expresión de la Caracas moderna que el régimen de Gómez pretendía exhibir. El antiguo hipódromo había pasado a manos del Gobierno en 1910 y desde entonces era conocido como Hipódromo Nacional.

Después de las carreras vino un paseo por la Carretera del Este.

Y al caer la tarde, el escenario cambió nuevamente: Miraflores.

Allí, el canciller Manuel Antonio Matos ofreció un banquete en honor de Knox. Su discurso y la respuesta del secretario de Estado quedaron registrados oficialmente. Matos habló de estrechar los vínculos entre Venezuela y Estados Unidos; Knox respondió con un mensaje de fraternidad continental.


El lunes: Venezuela en movimiento

El 25 de marzo, último día de la visita, la jornada comenzó temprano.

A las 7:30 de la mañana, Knox y su comitiva salieron de Caracas rumbo a la estación de La Victoria, en Aragua. Allí fueron recibidos por el presidente del estado, doctor Andueza Palacios, hijo.

La siguiente parada fue San Mateo, donde visitaron el Ingenio Bolívar. Frente al monumento de Antonio Ricaurte, Knox rindió honores.

Después llegó Maracay.

En la plaza principal, la Girardot, la comitiva visitó el monumento dedicado a los oficiales estadounidenses que habían acompañado a Francisco de Miranda en su expedición de 1806. Knox depositó una corona ante el monumento.

Luego, en la residencia de Gómez en Maracay, se ofreció un almuerzo.

Pero la jornada apenas comenzaba.

Pasado el mediodía, los visitantes fueron conducidos al lago de Valencia. Allí los esperaba el vapor Tacarigua.

El paseo por el lago fue una de las escenas más singulares de aquella gira: después de los discursos oficiales, las recepciones militares y los monumentos de la Independencia, el secretario de Estado estadounidense atravesaba las aguas valencianas a bordo de un vapor. Finalizado el paseo, la comitiva continuó hacia Carabobo.

En la estación de Valencia, un arco de bienvenida anunciaba: “CARABOBO para Su Excelencia el Secretario de Estado de los Estados Unidos de América”.

El presidente del estado, Santiago González Guinán, y los altos funcionarios regionales recibieron a Knox. Su paso por Valencia fue breve, pero quedó registrado en los documentos diplomáticos estadounidenses.


El último puerto

Desde Valencia, la comitiva siguió hacia Puerto Cabello. Las autoridades locales aguardaban al visitante y, como en Maracay, se había dispuesto especialmente el adorno y la iluminación del monumento relacionado con la expedición de Miranda de 1806 y la participación estadounidense en aquella aventura.

Era el último capítulo del recorrido venezolano.

En el puerto, el colector de Aduanas, José Felipe Arcay, pronunció el discurso de despedida en nombre del Gobierno. Allí dejó constancia de que era la primera vez que un secretario de Estado estadounidense visitaba Venezuela y calificó la presencia de Knox como una demostración de amistad entre ambas repúblicas.

Knox respondió agradeciendo la hospitalidad recibida.


Cuatro días que quedaron en la historia

Del 22 al 25 de marzo de 1912, Philander C. Knox atravesó una Venezuela cuidadosamente preparada para recibirlo: llegó por La Guaira, subió a Caracas en tren, recorrió sus monumentos, visitó Antímano, contempló carreras de caballos, recorrió la Carretera del Este, cruzó Aragua, rindió homenaje a Ricaurte y a los estadounidenses de la expedición de Miranda, navegó por el lago de Valencia en el Tacarigua, pasó por Valencia y terminó su recorrido en Puerto Cabello.

El propio Juan Vicente Gómez, semanas después, describiría ante el Congreso la importancia que había concedido el Gobierno y el país a aquella visita.

Y cuando llegó la hora de despedirse, Knox dejó a Gómez una frase que hoy adquiere otra resonancia: él y su grupo se llevarían a casa “recuerdos eternos de satisfacción, placer, disfrute y provechosa observación”.

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Después, el Washington volvió al mar.

Quedaron atrás los monumentos, los arcos triunfales, los trenes, el vapor Tacarigua, los salones de Miraflores y aquella casa de Las Carmelitas preparada para alojar al secretario de Estado estadounidense.

Durante cuatro días, Venezuela había convertido su territorio en un gran escenario diplomático. Y en marzo de 1912, entre el Caribe y los Andes, Philander C. Knox no fue simplemente un huésped: fue el viajero al que un país entero quiso mostrarle su historia, su poder y la imagen que deseaba proyectar ante los Estados Unidos.

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