Inflación y devaluación: ineficacia con maldad
Escrito por Trino Márquez C. | X: @trinomarquezc   
Jueves, 17 de Septiembre de 2026 00:00

altLos problemas económicos aparecen, desprendidos, en el primer lugar de todas las dificultades que padecen los venezolanos,

según los sondeos de opinión de las principales encuestadoras del país, entre ellas Consultores 21. Al menos, 50% de los ciudadanos señalan que alrededor de este nudo gordiano se tejen las privaciones más vitales. Indican que las restricciones básicas y más apremiantes se derivan de la voraz inflación -enlazada con la devaluación indetenible del bolívar frente al dólar- que ha pulverizado los salarios y los ingresos, en general. Venezuela volvió a colocarse por encima de Sudán e Irán, entre los pocos países más golpeados por el flagelo de la inflación, hoy controlado en la mayor parte del planeta. Los alimentos representan el rubro más castigado por el incremento de los precios. La devaluación ocurre a pesar de que, supuestamente, en Venezuela fluye a borbotones la riqueza petrolera, a partir del 3-E.

Los gobiernos de la inmensa mayoría de los países han logrado sofocar ese azote. Independientemente de su tendencia política e ideológica, han aplicado políticas económicas integrales que atacan el fenómeno desde distintos ángulos hasta doblegarlo. Incluso, naciones invadidas, como Ucrania, han podido ahuyentarla. En el territorio invadido por el déspota que gobierna a Rusia, la inflación anualizada es de 8.1%.  La de Venezuela es, de acuerdo con las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), es 682%.

¿Por qué el régimen instalado en Venezuela desde hace casi treinta años, no ha podido controlar el incremento sostenido de los precios? Porque carece del personal calificado para diseñar políticas integrales eficaces y porque no le interesa resolver la crisis que afecta a los venezolanos, especialmente a los sectores más vulnerables. Algún núcleo de esa casta está beneficiándose de la inflación y la devaluación. Se trata de una mezcla en la que se combinan la ineficacia, la desidia, el desprecio por los pobres y la codicia grupal. Se unen la indiferencia y la maldad.

Al régimen no le preocupa carecer de legitimidad de origen. Nadie lo escogió. Ningún venezolano votó por quienes se adueñaron de Miraflores. Tampoco le importa representar a un minúsculo sector de la sociedad. Menos de 20% de la población lo apoya. Lo único que le interesa es permanecer empotrado en el poder, aunque sea violando la Constitución y valiéndose del aparato militar policial que aún controla para amenazar, intimidar, perseguir y encarcelar.

Ni el ministro de Finanzas ni ningún otro miembro del Gabinete Económico, se ha preocupado de comparecer frente a la nación para presentar un plan coherente que enfrente la inflación y la devaluación y proponga soluciones para superarla, a pesar de que en el mundo existe una vasta experiencia y una extensa bibliografía acerca de cómo afrontar y combatir el fenómeno. En Venezuela, eminentes economistas y la Academia de Ciencias Económicas han realizado exhaustivos diagnósticos y detalladas proposiciones acerca de cómo doblegarla. Sin embargo, ninguna de esas proposiciones ha prosperado. Ni el Gobierno ni la Asamblea Nacional, bajo el control estricto del régimen, han atendido los continuos consejos de los especialistas. Las propuestas han sido vistas con desdén. Ni siquiera se ha producido una consulta para cubrir las formalidades y decir, al menos, que han oído las voces más autorizadas de Venezuela.  

La casta gobernante en el futuro no podrá argumentar que la inflación la tomó de sorpresa; ni que era demasiado imberbe cuando el fenómeno se desató, para saber cómo resolver el entuerto; ni que los académicos y expertos se desentendieron del drama. No podrá refugiarse en ninguna mampara ni valerse de ningún subterfugio para evadir su responsabilidad en el empobrecimiento global de la sociedad, mientras unos pocos de ellos obtenían beneficios obscenos de la aceleración de los precios y la devaluación del bolívar.

La inflación en Venezuela constituye una mezcla perversa de ineficacia y maldad. De este coctel explosivo también deberán dar cuenta los gobernantes que sustituyeron a Nicolás Maduro. Habiendo podido abatirla, se negaron a hacerlo. Tendrán que explicar quiénes se beneficiaron de la sordera y la apatía frente a la inflación y la devolución.  

@trinomarquezc

 

 


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