Bolívar de carne y hueso y genio (II) (Entrevista a Arturo Uslar Pietri)
Escrito por José Rafael Revenga | @revengajr   
Lunes, 27 de Junio de 2016 08:13

altEn 1980, Rafael Poleo y yo decidimos entrevistar por Venevisión a varios de los principales conocedores de la vida y obra del Libertador.

Se aproximaba el Bicentenario de su nacimiento y por eso consideramos oportuna una nueva indagación sobre un tema esencial a la nacionalidad y de una vigencia permanente.

Las transcripciones de los programas nunca han sido publicadas, por lo cual pienso que su presencia digital es un reconocimiento a nuestros invitados y puede ser útil como una aproximación adicional a la comprensión del Bolívar de hueso, carne y genio.

Para esta nota el invitado es Arturo Uslar Pietri. (El programa salió al aire en diciembre 1980).

Me he tomado la libertad de introducir separaciones en la fluidez de la conversación a fin de aligerar la lectura del texto.

JRR.- En cierto sentido podemos decir que el Libertador empezó a morir varios años antes de su última enfermedad que le interrumpió la vida el 17 de diciembre de 1830. Usted, doctor Uslar, ha dividido la vida del Libertador en dos etapas, una que usted llama la etapa de los triunfos, la etapa de las batallas heroicas, de los recibimientos triunfales, de los sueños institucionales, y la etapa, la etapa más bien de la desgracia, el tiempo de llorar. ¿Qué es este tiempo de llorar en la vida del Libertador?

AUP.- Bueno, en efecto, la ida de Bolívar podría compararse con una curva muy perfecta, una etapa de ascenso muy larga que va de 1811 o 1812 hasta 1825. Es decir, hasta inmediatamente después de Ayacucho y una etapa de descenso que culmina finalmente pues en el año final de su vida, en la tragedia que va desde que abandona Bogotá a principios del año 30 hasta la muerte en San Pedro.
Pero, naturalmente, nunca las cosas son tan simples. Bolívar fue un hombre que tuvo siempre dos pasiones, a mi modo de ver, muy grandes, una pasión de unidad de acción y una pasión de unidad de mando. El se daba cuenta que la empresa que el proponía  y que él se proponía no podía realizarse en el medio histórico y social en que vivía, sino a base que hubiera un comando muy, muy absoluto; muy, muy efectivo, que dirigiera no solamente la combinación de las fuerzas de que se disponían militarmente o políticamente, sino que pudiera trazar un rumbo, un rumbo que predominara y fuera aceptado.
Y eso fue su lucha toda la vida.

El tenía una experiencia que él no olvidó nunca que fue el fracaso de la Primera Republica. El fracaso de la primera República, la República de 1811, terminó en una anarquía monstruosa, en una ineficacia increíble, no había gobierno, no había orientación, cada uno tiraba por su lado, no había unidad de ninguna especie. Y Bolívar quedo con el traumatismo, lo dice muy claro en su Primer Manifiesto en Cartagena, de que aquello no funcionaba y no funcionaba porque aquellos hombres no se daban cuenta de la realidad en que estaban y estaban soñando como él lo decía, en unas repúblicas aéreas, en una republica fuera de toda posibilidad real en relación a la situación del país.

Y es por eso que cuando él regresa y reinicia la campaña en el año 1816, él busca de un modo agónico la unidad de acción, la unidad de mando. Cuando él llega a Caracas después de la Campaña Admirable él lo primero que hace es concentrar la autoridad en su persona y centralizar. Y concibe desde ese momento un horror monstruoso a todo lo que huela a federación, a federalismo, a regionalización y a fragmentación y eso lo hace en el terreno militar y eso lo lleva al fusilamiento de Piar porque no le quería reconocer.

Porque no hay que olvidarse que Venezuela se unifica teóricamente el año de 1777 y que cuando se produce la Independencia Venezuela tiene treinta años no de unidad porque eso sería mentira, sino de tener una cierta primacía el Gobernador y Capitán General que estaba en Caracas porque el Gobernador de Cumaná era solo el Gobernador de Cumaná, de modo que tenía su situación aparte. Y esa resistencia hacia que los caudillos orientales vieran con malos ojos reconocer a un jefe que venía del centro y el trabajo que le costó a Bolívar el lograr que Páez lo reconociera y se sometiera.
Y esa situación no desapareció nunca y eso es lo que lleva al fusilamiento de Piar porque él dice “militarmente necesitamos unidad de mando”. Eso era exactamente, pero es que él va mas allá y dice: “Políticamente necesitamos centralización”.

De modo que todo el que le asomaba a él la idea federal, la idea disgregacionista, la veía él con horror porque eso no permitiría realizar lo que él quería realizar. Porque lo que Bolívar buscaba no era independencia, la Independencia era un medio, era el medio indispensable, lo que Bolívar buscaba era la unidad, lo que Bolívar buscaba era organizar eso que llamamos hoy en día Hispanoamérica o la América Latina en una unidad política lo más estrecha, lo más efectiva posible, lo mas unificada posible para hacer un gran papel en el escenario mundial.
Y es aquí donde empieza su tragedia porque esta manera de ver la cosa no la compartían los demás. Los demás querían la independencia pero no más allá, más allá lo que querían era su dominio personal, su pequeña jefatura local. Eso revela muchas cosas. Cuando Bolívar sale para la Campaña del Sur. ¿Cuáles son los generales importantes que lo acompañan? Ninguno, absolutamente ninguno. Mariño se queda en Venezuela, Monagas se queda en Venezuela y él se va al Sur. ¿Con quién? Con unos oficiales jóvenes, con un desconocido que se llamaba Antonio José de Sucre.  

Es decir, él no se lleva a ninguno de estos hombres. ¿Por qué no se va ninguno de estos hombres? Porque estos hombres tenían lo que querían ya, tener el mando en su terruño, en su localidad y allí está la trágica disyuntiva, la oposición invencible que va a corroer  todo aquello y que terminará en la tragedia en que termina porque Bolívar veía una cosa de una manera y ellos veían la realidad de otra enteramente distinta.

JRR.- ¿Cuándo empieza el libertador a darse cuenta que efectivamente su objetivo, su ideal de la unidad es impracticable, que no va a ser posible?  
AUP.- Bueno, él se da cuenta desde el primer momento porque no te olvides que cuando Bolívar sale después del discurso de Angostura, sale en la campaña de Boyacá, la gente que está en Ciudad Bolívar, en la entonces Angostura, lo primero que hacen es reaccionar contra él, lo desconocen  prácticamente e incluso lo declaran desertor. El desertor era el que estaba haciendo la campaña de Boyacá
¡Ah, claro!, cuando llega la noticia de que ha vencido en Boyacá entonces, claro, cambia la actitud. Ya no es un hombre a quien pueden desconocer el mando porque lo ha adquirido. A él le cuesta mucho trabajo someter a Páez, a él le cuesta un gran trabajo someter a los jefes orientales, la situación de él  con Mariño nunca fue buena, la actitud de Bermúdez frente a él siempre fue de una rivalidad, la misma actitud de Arismendi.

De modo que a él le va a costar mucho trabajo lograr esa unidad y la consigue a base de los éxitos militares, verdad. Pero en lo que los éxitos militares se atenúan, en lo que el teatro cambia, en lo que él se va a la Nueva Granada y mucho peor, cuando se va al Sur entonces empiezan a surgir todas estas situaciones de hechos locales en que cada quien como él lo dijo más tarde, quería quedarse con su patriecita, cada quien quería disfrutar de lo que él llamaba “las adquisiciones de su lanza”.

RP.- ¿Y usted no cree que si Bolívar después del 28 de septiembre del 28 hubiera actuado con Santander y con Carujo con la misma energía con que actuó frente a Piar, las cosas no hubieran sido distintas en cuanto a la unidad o a la conservación de esa obra unitaria que el concibió?
AUP.- Es posible, Poleo, es posible que hubiera retardado un proceso pero que lo hubiera cambiado o lo hubiera extinguido era imposible porque ¿qué era lo que se encontraba enfrente? No era Santander solamente, Santander personificaba desde luego, y alentaba un separatismo neogranadino pero ya la separación de Venezuela era un hecho desde el año 1826. La insurrección y el desconocimiento en el Sur, en Bolivia, en el Perú, en el Ecuador mismo, era un hecho cierto. De modo pues, que ¿cómo podía el contrariar eso? El se endureció mucho, el a partir de 1827 cuando regreso a Venezuela lo critican y ahí empezó la fama que Bolívar era un tirano, el empezó a apretar, él empezó a fusilar gente, él empezó a tratar de poner orden en toda aquella tendencia disgregacionista pero eso tenía un límite, el no podía fusilar a todo el mundo, el no podía seguir matando gente sin necesidad alguna y cada convirtiéndose mas en lo que él no quería ser, en el tirano, en el usurpador, en el monstruo.

RP.- Pero un espíritu tan noble como el de Abraham Lincoln no vaciló en convertirse en jefe de una parte de su país en guerra para impedir que la otra parte del país se retirara e hizo una guerra sin la cual no serian lo que son hoy en día.
AUP.- Bueno, pero ese caso es distinto… comparar las situaciones históricas siempre es muy difícil, los Estados Unidos estaban tajantemente divididos en dos situaciones económicas, políticas, sociales etc., el Norte y el Sur, verdad, los yanquis y la gente del Sur y Lincoln llegó a la guerra por resignación, porque ya no había otra salida que la guerra. El caso de Bolívar era distinto, Bolívar había hecho veinte años de guerra, Bolívar había estado en la guerra de Venezuela en varias ocasiones, la primera el año 13 que fracasa, luego empieza la campaña que se inicia el año 16 y que termina con Boyacá y con Carabobo. Cuando él viene a Venezuela  el año de 1826 Venezuela estaba separada ¿Qué le quedaba a Bolívar? la guerra civil con Páez o hacerse la vista gorda como decimos nosotros y admitir que Páez regresara al seno de la Gran Colombia y que con Páez se podía seguir…El no podía engañarse, él sabía perfectamente que eso no era verdad, el estaba ganando tiempo y eso mismo le pasa en la antigua Nueva Granada, él encuentra que allí hay una resistencia, una resistencia que se explica por muchas razones, primero porque la guerra del Sur nunca fue popular en esos países porque pensaban que les estaba sacando hombres, que les estaba sacando recursos para una cosa que no les tocaba a ellos, para la realización de un sueño que ellos entendían vagamente, que Bolívar quería la unificación de toda la América del Sur, que era necesario que hiciera aquella campaña.

Eso llega a extremos que a Bolívar en vísperas de Ayacucho le quitan el mando de las tropas, el Congreso de Bogotá le suspende el mando de las tropas y Bolívar de una manera que la gente no recuerda, muy ejemplarmente reconoce eso, se retira del mando de las tropas que él ha podido perfectamente reírse de lo que aquel Congreso decía, él estaba allí con 10.000 hombres, acababa de ganar la batalla de Junín, estaba pues en un escenario que le permitía la libertad de acción y sin embargo, el acata la disposición del Congreso y le entrega el mando del Ejército a Sucre y se marcha a Lima.
Por eso el Libertador no está en Ayacucho no porque no le da la gana, si alguien lo hubiera deseado era él y era la coronación de su obra, se retira porque el acata la decisión del Congreso. ¿Y qué es la decisión del Congreso?, la incomprensión frente a la dimensión política de lo que Bolívar pensaba hacer y que ellos no podían entender.

RP.- Bueno, la acata porque deja a Sucre que esta entendido en cuanto  a continuar aquella obra. Pero si Bolívar hubiera tenido la salud de diez años antes, ¿usted cree que hubiera procedido igual?, ¿no había mucho de deterioro fisiológico en ciertas cosas que pudieran, en ciertas actitudes que pudieran interpretarse como debilitadas?
AUP.- Es posible que hubiera un deterioro psicológico, Bolívar era un tuberculoso y los médicos le dicen que probablemente esa infección él la adquirió de su madre, ¿verdad?, de modo que debía ser una infección muy antigua que estaba en su organismo, que  la vida que él llevo no era precisamente para mejorarlo, sino para agobiarlo y agotarlo más. Bolívar estuvo ininterrumpidamente desde 1812 en campaña, en lucha, en riesgo, en dificultades físicas de sobrevivencia muy duras, de modo que todo eso tuvo que minarlo. La gente…él mismo lo dice, hay una carta de él de 1828 o 29 en que dice: “Si usted me viera pensaría que tengo 80 años…y Bolívar tenía en ese momento 45 o 46 años de edad.

De modo pues que físicamente el debió agotarse, consumirse con aquel esfuerzo sobrehumano que estaba haciendo y eso, claro, influyó. Pero aun imaginando que Bolívar hubiera sido un hombre de 47 años en pleno vigor que ha podido serlo, no era una cuestión solamente digamos de flaqueza mental, sino que él se dio cuenta de que él iba a hacer la guerra con la gente que había independizado, que no tenía sentido una vez destruido el imperio español. Cuando él creía que se iba a crear eso que él quería crear, se encontraba con que él iba a tener  que entrar en una guerra civil sin termino luchando con los régulos locales en una cosa sin  gloria, sin perspectiva y sin finalidad para terminar siendo un  tirano abominable sobre un montón de cadáveres.

JRR.- Ahora, hay un momento crítico después de la conspiración fallida de septiembre de 1828 que es la renuncia del Libertador a la Presidencia de la Gran Colombia, la cual ocurre el 1o de marzo de 1839, es decir, casi año y medio después de la conspiración fracasada. ¿Por qué en ese momento abandona el Libertador el mando, por qué renuncia al mando?
AUP.- El renunció muchas veces, José Rafael. Hay una cosa que es muy curiosa en Bolívar. Las gente dice naturalmente que eso era ser político, que a él le convenía periódicamente decir: “Yo no quiero mandar” para que le pidieran que siguiera. Bueno, puede que haya algo de política en eso pero es muy insistente en la actitud de Bolívar y hay una cosa muy curiosa, Bolívar nunca fue un hombre de despacho, de gabinete y de gobierno.
El era, antes que todo un militar y donde se sentía bien era con el Ejército y marchando en campaña. El nunca quiso encerrarse en el Palacio de Gobierno en Santa Fe, nunca quiso encerrarse en el Palacio de Gobierno de Lima, nunca quiso encerrarse en el Palacio de Gobierno en Caracas. ¡Jamás! El toda la vida le tuvo cierta repugnancia a lo que pudiéramos llamar  la burocracia del gobierno, el aparato gubernamental ordinario, se lo soltaba a Santander y él se iba con el Ejército y se iba a su otra campaña, lo mismo hace en  el Perú, cuando llega al Perú crea una Junta de Gobierno para que maneje todo aquello, aquella papelera que él abominaba y él se va con el Ejército a organizar esos países desde otro ángulo.

Entonces era verdad, en el había un rechazo de esa posibilidad, de convertirse en el magistrado sentado en un escritorio gobernando, él no era hombre de eso y lo decía muchas veces. De modo que no solamente es una táctica política la de renunciar al mando, sino que él realmente quería dejarlo muchas veces. Y al día siguiente de Ayacucho él lo dijo, lo dijo muchas veces: “¡Se acabó la guerra, ahora me puedo ir yo, ya no es necesario que yo esté aquí!”.

JRR.- Ahora, hay dos sucesos que yo creo determinan la muerte por lo menos espiritual de Bolívar. Después del atentado de septiembre de 1828 el tiene una frase en la que él dice, él reconoce, “Estoy mortalmente herido, los puñales me han llegado al corazón”. Y escasamente año y medio después sobreviene el asesinato del general Sucre, el 4 de junio de 1830, y lo afecta de tal manera que el Libertador dice: “Me han quitado…Han matado a Colombia y me han quitado la vida”. O sea que él ya se reconoce como un ser muerto.
AUP.- Bueno, lógicamente, por todo este proceso y luego porque indudablemente la única figura, la única persona que ha podido continuar la obra de Bolívar, que ha podido, es decir continuar la posibilidad de unidad porque tenía el prestigio, porque tenía las condiciones, porque tenía la fama y la gloria para hacerlo era Sucre. De modo que cuando asesinan a Sucre, Bolívar se da cuenta que han eliminado la única ventana, la única posibilidad que quedaba de que aquello continuara mas allá de él y, por lo tanto, es una muerte evidente para él, es la renuncia a toda posibilidad de que su obra sobreviviera. Van a quedar los régulos locales, van a quedar los hombres que piensan en su patriecita y que no van a entender el sueño bolivariano. De modo que eso es correcto, eso como ya es el final. Luego él se amarga porque a él le duele mucho no solamente que se insurreccionen contra el negándole lo que él quiere hacer, sino que él piensa que es ese desconocimiento hay mucha ignorancia y hay mucha ingratitud y que le atribuyen a que él es un ambicioso: él no cree que él es un ambicioso…que le atribuyen que él quiere apoderarse del mando; él no quiere apoderarse del mando.

JRR.- Lo califican de tirano.
AUP.- Lo califican de tirano, lo califican de monstruo.. Y que la propia gente a quienes él ha independizado, a quienes ha llevado a la dignidad de hombres libres son los que conspiran contra él como si él fuera un obstáculo a la libertad, como si él fuera un obstáculo a  la democracia, cuando era todo lo contrario. Era él que lo había hecho. De modo que eso le crea una amargura muy grande y hay cartas de esa época que si uno las lee aisladamente piensa que Bolívar había dado una vuelta de ciento ochenta grados. ¡No es verdad! Es sencillamente un hombre que está lleno de amargura, que ve con horror la reacción que hay en toda esta gente a quienes él había llevado a la independencia y lo que piensa es irse, marcharse y dejar aquello.

JRR.- Ahora, dentro de esas cartas el menciona, a un mes escasamente antes de la muerte, una carta que él dirige al general Juan José Flores, en donde le dice que la América es ingobernable, que lo único que le queda es emigrar y de allí quizás el propósito de viajar a Europa. El dice que servir a la revolución es arar en el mar, o sea, son expresiones de un hombre no solamente totalmente amargado como usted dice, sino de un  hombre ya frustrado y que está consciente de su fracaso.
AUP.- Bueno, es un hombre desengañado y un hombre que tiene esas explosiones pero, sin embargo, él hasta el último momento esperando que se pueda salvar aquella obra porque él está pensando en que entrega el poder en Bogotá y se marcha, hasta Santa Marta. El está esperando una reacción, él está esperando que las cosas vayan a caminar de otra manera. Claro que está muy desengañado y tiene explosiones de ese desengaño y dice “América es ingobernable”, “Servirle a la revolución es arar en el mar”, “Va a venir una muchedumbre de tiranuelos insignificantes”.

Bueno, eso es verdad, eso le salía constantemente pero en el fondo él continuaba creyendo en lo que había creído toda su vida, en que lo que él proponía era el camino, en que lo que el proponía era lo único que podía hacer América del Sur. El lo que pensaba, en dos platos, él quería hacer los Estados Unidos de la América del Sur, es decir, lo que  habían hecho las colonias inglesas del Norte que se habían independizado y se habían unificado para crear una estructura política muy poderosa, eso era lo que él quería hacer en América del Sur y ese es su fracaso, que el logra llevarlos a la Independencia por su esfuerzo heroico pero no logra que entiendan que tienen que organizarse y que tienen que unificarse.

JRR.- Y a pesar del fracaso del Libertador, ¿usted considera de todas maneras, que es un objetivo válido aun en nuestra época?
AUP.- Pues desde luego que es un objetivo valido, si la América del Sur tuviera alguna forma de unidad, yo no sé cual, o alguna forma de integración, yo no sé cual, nuestro papel en el mundo sería muy distinto y nos verían de otro modo estas grandes concentraciones de poder que están ocurriendo. En cambio, atomizados en veinte países, más o menos importantes, no nos tomaran nunca en cuenta y estaremos destinados a un papel secundario.

RP.- ¿Y en qué medida en nuestra época es practicable un proyecto si no exactamente como lo concibió Bolívar, por lo menos que nos permita alguna unidad de operación?
AUP.- Bueno, yo creo que desde luego no es fácil, no es que sea una cosa así de realizarla en un congreso que se reúna mañana o en una semana. Hoy en día estos países han tenido un crecimiento nacional aislado que han creado condiciones que hacen muy difícil la integración, porque, claro, hiere muchas cosas que se han desarrollado a favor de una situación nacional.
Pero es indudable que tenemos que caminar hacia allá y que tenemos que caminar hacia allá de un modo sensato y de un modo prudente pero caminar hacia lo que Bolívar proponía. Bolívar no proponía la unidad porque eso era imposible ni siquiera en su tiempo era posible y él lo sabía. El proponía una forma de confederación, el proponía lo que él llamaba una “Nación de Repúblicas”, es decir, un modo en que conservando su individualidad las antiguas regiones, las antiguas porciones del Imperio, los nuevos países pudieran cooperar en las cosas fundamentales, en la política exterior, en la defensa, en el desarrollo, en el crecimiento, y eso sigue siendo válido y posible.

JRR.- Ahora, la muerte sorprende a Bolívar en la Quinta de San Pedro Alejandrino pero el está preparando sus maletas y así lo dice textualmente, para embarcarse en una fragata y dirigirse a Europa. De no haber muerto Bolívar en ese momento, ¿se hubiera refugiado en Europa, hubiera abandonado. ¿Hubiera sido un exilado más, no hubiese regresado a América Latina?
AUP.- Bueno, todo esto es una serie de conjeturas…El quería irse porque desde luego, lo estaban echando, Venezuela se había separado ya desde enero del año 30, en el  Congreso de Valencia el año 30 se dijeron las cosas más atroces contra Bolívar, se pidió incluso que se le expulsara, se pidió que se confiscaran los pocos bienes que le quedaban, de modo pues que… se pidió que no regresara a Venezuela. De modo pues que él se veía cercado y en la Nueva Granada lo que el encontraba era lo mismo. De modo que ¿qué le quedaba a Bolívar?, irse que es lo que él pensaba: “¡Vámonos!”… y en el delirio de la muerte hay aquella frase que recogió el doctor Reverend, que él decía: ¡Vámonos muchachos!, lleven mi equipaje a la fragata que en esta tierra no nos quieren”…Esa era ya su visión final que la insurrección en contra de lo que él significaba, de lo que él representaba era general y que él no iba a seguir aquella lucha estéril y se marcharía a Europa.
Y es posible que si se hubiera marchado a Europa tal vez hubiera regresado o no hubiera regresado o hubiera terminado como terminó San Martin quien murió en el exilio en Boulogne.

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