Pornemia: la sexualidad en tiempos de pandemia
Escrito por Carlos Colina | @CarlosColina7   
Martes, 25 de Mayo de 2021 00:00

altA comienzos del milenio, Cooper,A. y Griffin-Shelley,E.(2002), definieron al cibersexo como el uso de la red de redes para la gratificación sexual.

Desde entonces, con la internet móvil, las plataformas tecnológicas se han ampliado y diversificado (smarthphones y tablets), concomitantemente, con la misma sexualidad virtual. Al  sexting o intercambio de mensajes de textos sexuales, le ha seguido el envío y canje de packs, es decir, paquetes de dos o más fotografías de desnudos personales.  En realidad, en las redes sociales,  los mensajes son casi siempre multimedia. En lo que se refiere al tipo de contenido, el sujeto escindido y fragmentado del porno se reproduce en la experiencia de estos prosumidores sexuales. ”Por favor, envíame una foto de tu pene”. Querámoslo  o no, el porno educa, a su manera, con representaciones conservadoras del género; en la cosificación del cuerpo y  la genitalización del sexo. Tal como plantean las feministas posporno, el porno no es amoral, sino profundamente moral y prescriptivo. De mala manera, nos ofrece guiones de lo que supuestamente deberíamos hacer. 

Lastimosamente, aprovechando estos canales digitales, vemos el flagelo psicosocial del acoso sexual y del bulling de niños, niñas y adolescentes. En esta dirección, es perentorio una labor educativa que transmita una concepción de una sexualidad rica, sana, segura y responsable. La mera prohibición de contenidos no parece ser la opción aunque la regulación y bloqueo parental, a través de dispositivos de software ad hoc, es necesaria, sobre todo de cara a la protección de menores y adolescentes. Nuestra época, no es la de cines con censura C y D, con taquillas controladas, largas colas y un número ínfimo de coleados.  Para bien o para mal, las TIC y las redes sociales tienen muchas fisuras para los usuarios avezados.  Ante la curiosidad juvenil y adolescente, debemos responder con contenidos educativos, explícitos, pero concordantes con su grado de maduración. 

Las políticas de confinamiento ante la pandemia del COVID 19,  han catalizado la digitalización de diversas pero centrales áreas de actividad humana: intensificando nuestra ontología cyborg. Asistimos al auge del teletrabajo, la teleeducación, la telemedicina, el e-comerce  y lo que no se comenta mucho: el cibersexo. Las prótesis tecnológicas y simbólicas nos acompañan cuando trabajamos, estudiamos y, en ocasiones, en nuestros momentos de placer. Como plantea Beatriz Preciado, género es hoy más que nunca tecno-género. Entre los adultos encontramos ahora el uso de las web de sex cam y el anuncio de la distopía robótica de las muñecas sexuales con inteligencia artificial.

La televida está sustituyendo a la vida, a pesar del justo reclamo humanista de Adela Cortina (23/05/21).    A los peligros de las ETS, ahora se le suma el COVID-19, lo que estimula a muchos en la búsqueda del sexo virtual. Con la Internet y el crecimiento de las redes sociales, se han consolidado nuevas formas de sociabilidad, encuentro e intercambio, que se refuerzan ahora con la nueva coyuntura. Para las personas sin pareja, la cuarentena es simplemente  onanista.    

La posmodernidad nos ha confrontado con el amor líquido y con relaciones frágiles, móviles y fluidas (Zigmunt Bauman), ahora, la pandemia refuerza  una sexualidad relacionada con el narcisismo y el show del yo y sus  meras proyecciones, indiferente a la presencia real o virtual del otro, con quien casi nunca se  tiene un encuentro íntimo y significativo. La condición autorrefencial se ve reforzada. Me salvo yo, de acuerdo a los impulsos biológicos de supervivencia. Me satisfago yo, ante el peligro de la pandemia. Presentismo superfluo que elude el aquí y ahora trascendente. 

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El tráfico de usuarios del  portal Pornohub  aumentó  hasta el 18,5 % en todo el mundo, desde las primeras semanas de confinamiento obligatorio, en el mes de marzo del año 2020. El negocio vive un momento de auge, bajo una nueva modalidad adaptativa. La paralización de los rodajes ha estado acompañada de la apuesta por las web de sex cam, con la participación de actores y actrices porno. Desde su epicentro de Los Ángeles (USA),   la industria vio  detenida su actividad tradicional desde el 15 de marzo del año 2020. La principal asociación de trabajadores del porno estadounidense, la Free Speech Coalition (FSC), exigió la suspensión de las filmaciones. Empero, la cámara en vivo alternativa no se está usando  de manera exclusiva.  La estrategia de Pornhub no solo ha sido el relanzamiento de los vídeos caseros sino también, la liberación de su catálogo premium como modalidad gratuita.                        

La pornotopía de Beatriz Preciado, cuyo referente es la revista Playboy, adquiere dimensiones infinitesimales si la comparamos con la avalancha de portales pornográficos presentes en la web. Ciertos sectores de la comunidad LGBTI   han sido tradicionalmente afines a la pornografía, defendiendo su uso, en concordancia con los derechos sexuales y reproductivos. Ahora bien; ¿En la nueva normalidad cabe esperar la intensificación de la pornificación del sexo? ¿Con la pospandemia, encontraremos un resurgimiento del posporno? (Colina, C. y Burgos, E. 2020) ¿Será la hora de asumir una pospornografía educativa para adultos y jóvenes, con la persecución paralela de la pornografía juvenil, peligrosamente presente en el mainstream de la pornografía adulta? La admisión sin ambages del uso de la pornografía por los adultos, debe estar acompañada de la penalización irrestricta de la producción y uso de la pornografía infantil y juvenil como fenómeno deleznable y execrable. En este segmento, la pornografía  es simplemente un crimen abominable para el cual hay que solicitar todo el peso de la legislación vigente. 

Desde hace ya mucho tiempo, los sexólogos se muestran legítimamente permisivos sobre la pornografía de adultos, siempre y cuando no signifique fijación de método ni daño a un tercero. En la evaluación de sus contenidos no hay que olvidar que estamos ante un género ficcional y no podemos considerarlo, strictu sensu, con códigos realistas, Ante la discusión bizantina y taxonómica entre erotismo y pornografía, Camilo José Cela estableció, hace casi medio siglo, que su distinción era un asunto meramente administrativo y  sus lindes; pactados e imprecisos. No obstante, más allá de la descarga fisiológica, muy necesaria por cierto, la pornografía nunca nos proveerá de una sexualidad plenamente satisfactoria.

En este terreno álgido, desde el punto de vista cultural, cabría una ética laica; y morales distintas para los diferentes segmentos poblacionales. Para los adultos, cabría reivindicar una sexualidad libre pero, precisamente, entre adultos, segura, mutuamente consentida, sana y responsable, en correspondencia con los derechos sexuales y reproductivos, en donde el goce de una sexualidad plena responde a la necesidad del desarrollo y expansión de la personalidad. El uso ocasional del porno aquí sería cuestión del criterio autónomo del individuo.  

Por el contrario, para los niños, niñas y adolescentes, resulta perentorio, la administración del control y bloqueo digital parental y la discusión sobre la necesidad de impartir una educación en género, diversidad y sexualidad, amplia y suficiente, en concordancia con sus grados de maduración y que señale las virtudes de una sexualidad no escindida en sí misma, ni de otros valores. No podemos seguir dejando la educación sexual de las próximas generaciones en manos de la pornografía. 

La pornemia es esta sexualidad, intensamente pornificada (sic), en tiempos de pandemia. Y en un doble juego de connotaciones, refiere también a una sexualidad anémica. Si la anemia alude al empobrecimiento de la sangre, la pornemia es un empobrecimiento de la sangre de la sexualidad, de sus olores, sudores y del imprescindible roce con la piel del otro, e idealmente, de la fusión amorosa de dos almas.

 

Referencias

Colina, Carlos y Burgos, Edixela (27/10/2020). Posporno. Representación y agencia de la sexualidad en los medios de comunicación. Editorial Académica Española.  Disponible en: https://www.amazon.com/-/es/Carlos-Colina/dp/6202812958

Cooper,A. y Griffin-Shelley,E.(2002). Introduction. The internet:The next sexual revolution. En A. Cooper (Ed.) Sex & the internet:A guidebook for clinicians (pp. 1-15). New York:Brunner routledge.

Cortina, A. (23/05/21).  Conversatorios en Casa de América. Entrevistada: Adela Cortina. Disponible en; https://www.rtve.es/alacarta/videos/conversatorios-en-casa-de-america/adela-cortina/5907963/

S/a. (13/05/1976).“Cela presentó la Enciclopedia del Erotismo”. Diario El País. Madrid. Disponible en: https://elpais.com/diario/1976/05/13/cultura/200786403_850215.html

https://cronicaglobal.elespanol.com/cronica-directo/curiosidades/aumenta-consumo-porno-durante-confinamiento_332430_102.html

https://elestimulo.com/ub/la-industria-del-porno-le-ha-sacado-provecho-a-la-cuarentena/

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