De nuevo, el tema generacional
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 08 de Octubre de 2018 00:00

altEl cambio histórico depende de una distinta comprensión de las personas, del mundo y de las cosas que pugna por imponerse

"Los hombres prácticos, que se creen 

exentos por completo de cualquier influencia 

intelectual, son generalmente esclavos de 

algún economista difunto"

Keynes

 

  1. Suele considerarse el relevo generacional, por exceso o defecto, como el principal problema político, apelando a una noción propia de  las apariciones iniciales de la juventud en la historia social.  El contrapunteo inevitable es el de la experiencia y la imaginación,  siendo ésta frecuentemente sobrevalorada a favor de lo que, ciertamente, deviene mito generacional. 

  1. Mito, en tanto tal, dependiente de lo que cada sociedad entiende por juventud,  sólo garantiza la continuidad del orden presuntamente impugnado.  Por ello,  herramienta provisional de análisis, luce útil volver a la concepción que tuvo José Ortega y Gasset en la materia, a juzgar por una cotizada obra: "El tema de nuestro tiempo" (tomo III de sus Obras Completas, cuya total lectura celebró en su momento Mario Vargas Llosa, reivindicando el talento del todólogo, como también llaman al madrileño).         

  1. En la perspectiva eurocentrista del autor,  la generación es un cuerpo social nuevo, selecto y aglutinador, seguido por una masa obviamente vulgar, que conoce de varias etapas: niñez, juventud, iniciación, predominio y vejez, con ciclos históricos de aproximadamente treinta años. Los integrantes de cada generación cuentan con caracteres típicos y diferenciados de la anterior, suerte de proyectil biológico, oportuno y preciso para cambiar la historia, requerida de un acontecimiento que la publicite, resueltamente predestinada.       

  1. Sugiere un proyecto político que hable de su "sensibilidad vital", dándole una plena identidad, aunque cada generación está orientada a cumplir con roles específicos, pues, por una parte,  hay épocas cumulativas, recreadas por la herencia recibida, y, por otra, las hay eliminatorias y polémicas, siendo obvia la de beligerancia y ruptura. Además, ello autoriza a diferenciar a las generaciones: la conforme y decadente; la que, inconforme, preparándola, anunciará la de ruptura; y, ésta, la de combate, inaugurando otra etapa histórica.

  1. En Venezuela, a falta de un enfoque de  mayor complejidad, solemos apelar con facilidad al mecánico criterio generacional, creyendo que basta sólo la edad para una insurgencia de lo novedoso. Confundiendo lo coetáneo y lo contemporáneo, nos decimos automáticamente en presencia de una vanguardia, incluso, ideológica, teniendo por único criterio la expedición de una partida de nacimiento. Sin embargo, un rápido ejercicio desmiente  la tesis ortegueana que no, el papel de los jóvenes en la historia, teniendo por referente, en la obligada perspectiva del largo plazo, a la generación auroral de 1808.

  1. ¿Estará la clave en la falta o abundancia de un relevo generacional?; ¿vale más la experiencia que la imaginación, o viceversa?; ¿cuáles célebres generaciones hicieron a Venezuela? Contando a partir de la generación de combate de 1808, en ciclos sucesivos de treinta años cada uno, consideremos las más reconocidas por su desempeño real,  consumado o frustrado. 

  1. Veamos, a partir de la generación de combate (1808),  independentista y fundadora de la República, contado los ciclos, el esquema falla, convirtiendo – además – a las generaciones decadentes y preparatorias en las que evidentemente no lo fueron. Por ello, hagamos una ligera corrección para salvaguardar el rol de dos generaciones de una muy evidente estelaridad: las de 1928 y 1958, preguntándonos si realmente fueron homogéneas o compactas, distintivas y eficaces, o, en definitivas, predestinadas.

  1. Respecto a la de 1928, cuya influencia se extendió hasta finales de siglo, con voces marcadoras como las de Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, tuvo una membresía también contradictoria, pues, además de los matices y posturas que distanciaron a ambos, en una hora clave como la de 1945, a ella pertenecieron también Arturo Uslar Pietri, beneficiario de la dictadura gomecista; Fernando Key Sánchez, un convencido marxista-leninista; y Germán Suárez Flamerich, más tarde, sucesor de Carlos Delgado-Delgado Chalbaud. No se diga de la generación de 1958, con una clara diferenciación de coetáneos socialdemócratas, socialcristianos, marxistas, liberales e, inevitable, positivistas. 

  1. Ambas generaciones revelan un contexto cultural de insubordinación común, cierto, representado en "Doña Bárbara" de Rómulo Gallegos o "País portátil" de Adriano González León.  Empero, esta sensibilidad vital, no las explica suficientemente  en el prolongado camino de sus diferenciaciones y perspectivas  al arribar a la palestra pública, gracias a dos grandes acontecimientos: la muerte de Juan Vicente Gómez y el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez.  

  1. La generación de 1928, se excedió en el ejercicio o influencia del poder y, era de suponer,  que la de 1958 lo hubiese inexorablemente accedido en 1988, pero fue otra la que lo logró, por lo demás, presumida como decadente o preparatoria. La que podemos tildar de generación de 1992 o, haciendo el ajuste necesario, la de 1998, representada o reflejada – esta vez – en una telenovela,  "Por estas calles" de Ibsen Martínez, respondió a un proyecto corporativo – el militar – que poco abona a la tesis ortegueana o, en todo caso, obedece a entidades cerradas y particulares, de continuo relevo o sucesión, como igualmente ocurre en el mundo eclesiástico o deportivo.

  1. De seguir a Ortega y Gasset,  cabe preguntarse si hay una generación de 2018. Al parecer, existe: el cierre de Radio Caracas TV, en 2007, tuvo también un inmenso impacto publicitario que le dio identidad, aunque cabe preguntarse cuáles elementos la identifican, su membresía, alcance y eficacia, pues,  ya trepan una edad definitoria de vocaciones y propósitos. Valga acotar, ¿es decadente, preparatoria o de combate?; ¿suficiente para confrontar una propuesta totalitaria de las características actuales?, o, ¿acaso no experimentamos un dramático cambio demográfico de consecuencias aún impredecibles?

  1. La interpelación que apenas esbozamos, bien conduce al cuestionamiento de la tesis ortegueana, pues, publicado en 1923 el libro  en cuestión, es lógica la multiplicación de otros que la complementen y perfeccionen, o la adversen y superen, añadidos varios títulos venezolanos.  Y hasta de la misma existencia de una diferente generación, preparatoria o combativa, dándole continuidad a la decadencia. 

  1. Epicentro de una probable polémica en torno a la generación como mito, promesa o evidencia,  nos inspira una firme convicción: el cambio histórico depende de una distinta comprensión de las personas, del mundo y de las cosas que pugna por imponerse y, salvo las excepciones que pudieran convertirse en regla,  cultivamos (in) voluntariamente la herencia. Por ello, nada más pertinente que una sentencia tan lapidaria como la de John Maynard Keynes al concluir su "Teoría general de la ocupación, el interés y el  dinero" de 1936.

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