De la ley contra el hambre
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 12 de Marzo de 2018 05:20

altRecientemente, tuvimos la suerte de acompañar al diputado Biaggio Pillieri, quien reintrodujo en la Comisión Permanente de Familia el Proyecto de Ley Contra el Hambre. 

Por más que la Asamblea Nacional, a juzgar por la agenda de sus discusiones en el presente año, reitere su preocupación en torno al llamado petro o a la misma situación alimentaria del país, por ejemplo, son necesarias las iniciativas concretas que permitan, por una parte, movilizar a la ciudadanía y, por otra,  actualizar un diagnóstico que apunte a soluciones específicas y concretas.

Permítannos la digresión, el Orden del Día de cada sesión debe resultar del esfuerzo compartido de los parlamentarios y, para su configuración, la Fracción Parlamentaria 16 de Julio ha sido excluida de su diseño. Importa prever esta importante tarea de concertación, por lo menos, en torno a las materias a discutir, pues, la propia y reiterada moción de modificación del Orden del Día se convierte en un innecesario dolor de cabeza, aunque es propia de toda dinámica parlamentaria que no aceptan los representantes visibles de los cuatro partidos que dominan la escena.

Originalmente planteada en 2005, por el otrora diputado Juan José Caldera, presidente de la Comisión de Familia, la propuesta define y apuntala áreas, responsabilidades y políticas muy definidas que, desde el inicio, inspirada en la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, se propuso reducir el hambre a la mitad de los que lo padecían en 2000 y reducir en tres cuartas partes la tasa de mortalidad materna y en dos terceras partes la de mortalidad de niños  menores de cinco años. Entendemos, fue tan sobrio, profundo y articulado el esfuerzo de la oposición democrática, que recibió el respaldo de la bancada oficialista de la Comisión. No obstante, es necesario anotar dos circunstancias.

Una década y tanto, más tarde, la iniciativa demuestra lo suficientemente advertido que estuvo el régimen no sólo en relación al problema, sino a las medidas que debió adoptar. Peroró demasiado sobre el hambre en Venezuela, catapultándolo discursivamente, pero nada hizo para remediarlo: todo lo contrario, lo empeoró como no se había visto en más de cien años, pautando un gravísimo retroceso del país que experimentó su mayor bonanza petrolera – precisamente – en el presente siglo.

Circunstancia, por lo demás, agravante, el presidente de la Asamblea Nacional era nada más y nada menos que Nicolás Maduro, en 2005. Vale decir, estuvo muy consciente de un asunto que, a pesar del consenso, nunca materializó el oficialismo y, ya sin autoridad moral alguna, el mejor aporte que pueden hacer para comenzar a resolver el problema del hambre en Venezuela es que, sencillamente, se vayan del poder.

 

 


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