| Del otro escudo humano |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Jueves, 17 de Noviembre de 2016 09:45 |
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Por mucho que el régimen reclame cierta autoridad moral en la materia, teniéndose por herederos – ab intestato – de la escuela política e ideológica de la década de los sesenta del XX, la presente centuria se ha convertido en el exacto domicilio de una flagrante y morbosa violación de los derechos humanos tras las rejas. Ciertamente, en el pasado hubo excesos inaceptables, como también una libérrima prensa capaz de ventilarlos e instituciones básicas constantemente desafiadas por el llamado delito de consciencia. La más elemental comparación, nos permite confirmar que, ahora, incluso, luce riesgoso plantear el problema, dada la impresionante censura y la sistemática retaliación que ensaya el poder establecido ante la más humilde y distraída disidencia.
Se supo de un efectivo enjuiciamiento de las personas señaladas, desarrollado un proceso que no tardaba en arribar a una sentencia; en condiciones de reclusión que les permitía realizar las actividades personales de preferencia, añadida la lectura y la escritura, como la de recibir una oportuna atención médica, como regla y no excepción. Valga acotar que no pretendemos una versión paradisíaca, aunque nadie podrá refutar la realidad infernal de los nuevos presos políticos que no conocen de un normal proceso judicial, están fuertemente incomunicados y harto sojuzgados por sus carceleros y, como el diputado Rosmit Mantilla, cuya salud es radicalmente precaria, sometido al macabro juego del gobierno. Finalmente, aceptemos que los viejos presos políticos alcanzaban su libertad por una sentencia absolutoria o el cumplimiento de una condenatoria, el indulto o el sobreseimiento de la causa, trámites indispensables por mucha que fuese la conveniencia o urgencia política planteada. Empero,a los nuevos presos políticos los capturan y los sueltan al ritmo del interés oficial, porque – sencillamente – fungen de rehenes susceptibles de negociación: el otro escudo humano del régimen. |
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