De la militaridad y el 5-J
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   

altLa independencia venezolana nació de la deliberación, aunque  creyó se declarada por siempre al filo de las bayonetas.

Valga acotar, hay consenso en relación a la tradicional sobreimposición de la  guerra frente al ejercicio de la razón devenida  pasión incontenible hacia 1811.

El culto bolivariano de cuño guzmancista, versionado después por López Contreras y, perversamente, por Chávez Frías, irradió el imaginario social hasta consumarlo como un acto eminente y exclusivamente militar. Por más que el célebre óleo de Martín Tovar y Tovar, infaltable en los textos escolares, revelara el predominio de los civiles,  el 5 de julio quedó en la memoria como un hecho de fuerza, sin que comportase diligencia política alguna.

Posiblemente, con la creación  del Ejército en  el marco del Estado Nacional al que  le dio definitivo piso Juan Vicente Gómez, quedó consagrada la asociación. Quizá hubo  paradas militares alusivas en las décadas anteriores, llamativas y contrastantes, con motivo de la  fecha, pero es con el hijo de La Mulera que adquiere la organización y vistosidad el desfile anual de lo que se convirtió en una corporación castrense estable y  convincente, redoblando el paso en la  pista estelar del Hipódromo de El Paraíso, por ejemplo: empero, la Dra. Inés Quintero,  en su discurso ante el parlamento por 2017, supuso el rito marcial sólo  a partir de  1949 (https://www.youtube.com/watch?v=hR1JMJL39GI).

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Desde nuestra más  remota infancia, entendimos como lo más importante de la celebración independentista el majestuoso evento de la avenida de Los Próceres, convertida  la sesión solemne del Congreso en una fastidiosa jornada que lo retrasaba.  En el presente siglo, en nada cambió la percepción general, excepto una variación determinante: traspasando los límites del espectáculo, devino una fatigosa faena de abierto proselitismo político, perdiendo cada vez más audiencia y entusiasmo, hasta no celebrarse con la habitual puntualidad muy antes de la pandemia en el escenario acostumbrado.

Por ironía, la militaridad ha perdido terreno en el imaginario social, según la categoría de análisis concebida por el Dr. José Alberto Olivar, quien igualmente ha reportado serios indicios de decadencia. Luego, una sencilla conclusión, al invocar la fecha, es tiempo de recuperar el espacio que perdió a civilidad.


Reproducción: El Universal, Caracas, 10/07/1913

 


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