Decisión que enaltece
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 15 de Noviembre de 2021 00:00

altLa verdad es que sentimos un gran alivio.

La decisión de Carlos Ocaríz lo enaltece, lo eleva como dirigente político, por lo que merece todo nuestro reconocimiento y aplauso. Fueron muchos los días de angustia en los que se hizo una constante  solicitud por la unidad a nivel nacional, pero sobre todo para el Estado Miranda. A fin de cuentas se logró,  y esto es algo muy importante para quienes militamos en el entendimiento y el consenso. Lástima que en otras regiones haya sido imposible de concretar.

El voto, como muchos erróneamente dicen, no es el arma de los demócratas. Es un medio, un instrumento para ejercer nuestra voluntad electoral. Es una decisión soberana de participación y expresión política. Por eso siempre nos ha parecido un desatino cuando, aún por múltiples razones, se haya llamado a la abstención. No se entiende que cuando se apela a esta, estamos claudicando, ultrajando un derecho fundamental de los ciudadanos, más allá de sus consabidas y nefastas consecuencias.

Votar, para los  verdaderos demócratas, es un derecho indeclinable, inalienable e imprescriptible. Sí, así como suena. Duro pero cierto. Y no hacerlo, bajo cualquier excusa, es como dejar- en caso de haber una urgencia - de transitar una carretera porque  está deteriorada, llena de huecos y de infinidades de obstáculos.  ¿Y quién dijo que en estos tiempos los eventos electorales están exentos de ventajismo, excesos y manipulaciones? La precariedad democrática que vivimos nos obliga a redoblar esfuerzos unitarios, a ejercer nuestra soberana voluntad electoral y a estar convencidos que -  independientemente de los resultados – debemos retomar la senda de la participación, tan necesaria para futuras jornadas políticas .

El voto siempre ha producido grandes acontecimientos. Como todo lo humano, generalmente han sido acertados, afirmativos y otros, lamentablemente, han desencadenado caos, retrocesos y desgracias. Muestras sobran. Para no meternos en honduras históricas, y sin ir más lejos  pongamos como ejemplo la declaración de independencia, es decir, nuestra decisión soberana de separarnos de España. Sin más, esta fue el resultado de una votación (a pesar de las restricciones de la época), primero para la elección de los diputados y luego para aprobarla el 5 de julio de 1811. Fue una resolución -en consecuencia- constructiva y provechosa. Salvando las distancias, si todavía quedan algunos rezagados pensando en no acudir el próximo 21, sería bueno que reflexionaran un poco en los grandes logros que se han materializado o conquistado a través del sufragio. El caso del congreso en 1811 no es sacado de los escaparates polvorientos de la abuela. Solo basta con imaginar las dificultades, los tropiezos, la ausencia de caminos o los parajes solitarios que muchos tuvieron que atravesar, solo con el propósito de cumplir  su deber patriótico como representantes electos y para ejercer sus derechos en  la soberana  asamblea. Los resultados saltan a la vista.

Entendemos que hoy  son otras las contrariedades que muchas veces  actúan a favor de la indiferencia y  la abstención. No obstante, hay un llamado a acudir: No dejar, como popularmente se dice, que  otros decidan por uno. Ese morbo que tanto fascina del “yo te lo dije” hay que echarlo a un lado.

En el caso de Miranda, Carlos Ocaríz dio un paso que el tiempo se lo reconocerá como ejemplo de unidad, desprendimiento y sensatez política.

Ahora nos toca a la oposición democrática responder solidariamente, saliendo resueltos a votar el próximo domingo. No hacerlo es renunciar a un derecho y los derechos – como es sabido-  no se renuncian.

|*|: Especial para www.opinionynoticias.com


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