Una reflexión necesaria
Escrito por Juan Pablo García | @juanpablogve   
Martes, 14 de Septiembre de 2021 00:45

altSiempre he sido un hombre de acción. Incursioné en la vida política, porque no podía esperar

sentado mientras que otros luchaban por recuperar las libertades en Venezuela, mientras que me dolía y me sigue doliendo mucho, la suerte de los más desfavorecidos, los pobres de mi oriente querido.  Culminé la universidad, me dediqué al ejercicio del derecho penal, pero no podía limitarme a un ir y venir de los tribunales, como  si no pasara nada en Maturín y en mi estado Monagas. Así que la lucha se hizo cada día más absorbente, llegué al  parlamento y, desde entonces, no ha parado.  Hubiese sido más fácil dedicarme a lo mío, a hacer real, a completar la  especialidad académica que quedó pendiente, como hicieron muchos e incluso, a convertirme en el diputado 99 cuando Maduro quería desesperadamente habilitarse en el pasado período legislativo.

Si lo hubiera hecho, no hubiese podido mirar con la frente en alto a mi esposa, a mis hijos, a toda mi familia. Quizá le hubiese dado un excesivo y efímero bienestar a los míos, olvidándome de tanta gente  amiga y necesitada. Sin embargo, le hubiese dejado por herencia a todos ellos, a un país en ruinas, sojuzgado, condenándolos a delinquir para sobrevivir. Y opté por la lucha, por intentar dejarles un país libre y decente, donde cada uno de mis hijos y nietos gane el pan con el sudor de su frente, para que puedan mirar a las generaciones sucesivas con la frente en alto. Y no fue por casualidad que coincidiera con María Corina Machado y los colegas parlametarios que dimos el paso al frente. Ella, todo el mundo lo sabe, viene de una familia con recursos limpios, conseguido a punta de trabajo por varias generaciones, y en lugar de hacerse la tonta, indiferente con la suerte del país, estuviera en el extranjero gozando de la vida. Pero está en el país, arriesgando cada día, con sus hijos fuera, y ni siquiera pudo asistir a la boda de su única hija porque el régimen comunista le impide viajar.

Son sacrificios propios del papel que nos toca jugar en esta hora histórica. Cada quien  está en libertad de hacerlo o no, pero es deber – precisamente histórico – de cada venezolano, de bregar directa e indirectamente por derrumbar a un régimen tan perverso, ladrón y asesino,  que no puede ni debe quedar como herencia para los amados hijos y nietos. Es nuestro deber, como si hubiésemos vivido a la Venezuela después de 1810, imposible de eludir.


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Última actualización el Martes, 14 de Septiembre de 2021 00:50
 
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