¡Respeten a los padres!
Escrito por Macky Arenas   
Martes, 22 de Septiembre de 2009 01:21

altNadie llamó al ausentismo escolar; el llamado a la rebelión —que no al saboteo— lo hizo el Gobierno, cuando impone una ley inconsulta e inconstitucional, la presenta como justa, la embute como un supositorio de ají picante


La semana pasada el reinicio de clases no fue tal. Hay quienes no se alarman, porque la reincorporación no se da completa sino a la semana siguiente. Ya estamos en la semana siguiente. Habrá más alumnos, pero el abandono de las escuelas, la falta de maestros y las grandes carencias del proceso educativo venezolano tendrán otro acompañante: la nueva ley que, aunque para algunos no sea el lobo feroz de caperucita, plantea serios retos a la determinación de los padres de continuar al frente de la formación de sus hijos.

No se trata de un simple deseo de molestar a los padres. Se trata de un eslabón más en la cadena del totalitarismo. No es una ley más, es una amarra más. La más eficaz. El Estado no se llevará a su niñito, sólo le confiscará la cabeza, lo cual es más que suficiente para los planes de dominación que este régimen ha trazado para la sociedad venezolana. Comenzando por los chicos y la escuela la cosa se facilita: en unos años no habrá necesidad de ir por el mundo justificando nada porque de aquí adentro sólo saldrán elogios para la revolución; las aulas serán capillas donde se adorará al santo Chávez con velita y todo; no habrá manifestaciones que reprimir así que esa fea verruga en el rostro del Gobierno ya no se verá; y si sale algún padre o madre por allí para levantar su voz disidente, no será el Estado quien la calle sino su propio hijito que lo acusará con papá-gobierno y hasta puede que lo metan preso sin que a su criatura le quede nada por dentro. Esto no es un cuento de Hitchkock. Cuba, vecino cercano, modelo confeso de esta sinvergüenzura que llaman revolución, es una cantera de historias verídicas que dan fe de lo que presentamos.

Por eso resulta tan decepcionante el que, ante un panorama real y posible, existan voceros de esta sociedad, la misma que se encuentra ante semejante panorama, que sean capaces de poner el acento en la supuesta intencionalidad saboteadora de padres que protestarían, dentro o fuera de las escuelas contra la aplicación de la nueva ley. Aparte de que sería lo menos que pueden hacer, el tema resulta absolutamente irrelevante ante los peligros que representa la LOE. Pero es, además, no es verdad. Una nueva distorsión de la realidad educativa y de esta lucha de la democracia contra el totalitarismo, que chapalea falseando las intenciones de la comunidad.

Nadie llamó al ausentismo escolar; el llamado a la rebelión —que no al saboteo— lo hizo el Gobierno, cuando impone una ley inconsulta e inconstitucional, la presenta como justa, la embute como un supositorio de ají picante y aún amenaza con una ridículas patrullas escolares, que para nadie son otra cosa que los acusetas que echábamos de los juegos en el recreo cuando estábamos en primaria.

En las escuelas o fuera de ellas, es absolutamente pertinente, legítimo y urgente permanecer vigilantes y oponerse a todo intento dirigido a desconocer la autoridad de los padres sobre sus hijos. Eso movió a la sociedad al comienzo de todo esto más que cualquier convocatoria a elecciones. Obligan a uno a preguntarse si no será esa la razón por la cual se teme a la activación de la sociedad ante este desafío. ¿Cómo podría entenderse, entonces, que se cuestione el derecho de los padres a oponerse a esta ley que les afecta lo más sagrado, la relación con sus hijos, como un “irrespeto a los niños”, cuando el verdadero irrespeto consiste en la LOE? Raro.

Fuente: 2001


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