La percepción de la megadiversidad de la geografía histórica tropical venezolana
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   

altEl imperativo para nosotros no es como para el antiguo y el europeo conócete a ti mismo, sino conoce tu paisaje,

pues para los primeros la historia es geografía urbanizada y para nosotros el paisaje es cultura en potencia.”[1]

Es común afirmar que los cambios en las sociedades humanas ocurren a través de conflictos. Desde nuestra perspectiva, sin embargo, los fenómenos sociales no son autónomos de los contextos y los procesos naturales, por lo que los eventos históricos no son comprensibles si los mismos no son tomados en cuenta.  

***

Desde mediados del siglo XVIII, Venezuela empieza a florecer como un componente económica y políticamente integrado en el sistema colonial español. Sus oportunidades monetarias y sociales, no obstante, respondieron a las de la economía global antes que a una tradición auténticamente local o independiente. La prolongación de la economía extractiva colonial, impide el necesario ajuste frente al desafío planteado por el rápido ascenso del mundo industrial. Esto ocurre en medio de la lucha por mantener un estilo de vida internacionalmente competitivo que a la vez generara un cierto grado de progreso para el resto del país. Venezuela descubre así que su única ventaja comparativa está en ostentar una economía de riquezas básicas para la exportación, que desde entonces ha moldeado su tradición productiva (que gira en torno a las maniobras para obtener el máximo rendimiento de la extracción y la explotación de recursos). 

alt 

Esto muestra cómo la localización y la distribución de los fenómenos naturales, sociales y económicos, expresan principios de interacción entre los individuos y los paisajes, determinados históricamente por procesos locales o regionales, en razón de los requerimientos de cada sociedad. Definir las identidades geográficas que se van generando por las actividades del hombre desde el momento de su aparición en el espacio terrestre, nos enfrenta a un complejo sistema de interacciones y de conflictos en los que actúan factores de muy diversa naturaleza: ecológico-ambientales, sociales, económicos, políticos y espaciales o geopolíticos. El contexto básico de todas estas correlaciones no es otro que la satisfacción de las necesidades materiales de la sociedad, lo cual, evidentemente, responde a un conjunto de beneficios que varían y cambian en el tiempo y de una sociedad a otra. Todo sobre la base de que la acción humana se caracteriza por tener siempre una perspectiva de futuro, aun cuando sus valoraciones descansan sobre un pasado acumulado y sus relaciones locales sólo se fortalece en la universalidad de sus expresiones más cotidianas.

 

La percepción de la guerra

alt


Paralelamente, los cambios ideológicos, políticos y sociales de un país se desenvuelven al ritmo que marcan las mareas de la economía global. La relación sociedad/naturaleza no es entonces sólo de construcción o de destrucción, sino que es una relación que contempla las distintas formas de aprovechamiento del medio. 

La fusión de argumentos que hoy en día llamamos ambientales, representan por ello una de las facetas más intensas del conflicto social de la cultura global. Pero es bueno recalcar que los conflictos ambientales no son patrimonio exclusivo de nuestro tiempo, sino sólo una de sus manifestaciones (las relaciones ambientales son conflictivas en todos los tiempos). Pues si la naturaleza es la base de la riqueza, de allí se deduce la necesidad de proteger los recursos naturales, y su cuidado tiene actualmente la misma importancia estratégica que tuvo en relación con la obtención del oro y la plata para los mercantilistas, y la conservación del suelo está en la misma jerarquía que tuvo durante las guerras de conquistas. 

Es bueno recordar la observación de Karl Von Clausewitz (1780–1830), militar prusiano de la época napoleónica, quien extrajo de la observación de los conflictos de su tiempo una filosofía de la guerra y una doctrina de la fuerza que tuvo la más grande influencia en el siglo XIX. Von Clausewitz concibió la guerra como la continuación de la política por medios violentos, dándole un carácter global; y concibió el duelo armado como la lucha de una nación para dominar otra por todos los medios, incluida la violencia. Afirmaba que “…la guerra no es solamente un acto político, sino también una continuación de las relaciones políticas y el alcance de sus fines por otros medios.”[2]

 

La imagen ecológica 

Desde el punto de vista científico, los trabajos de Alexander Von Humboldt constituyen el fundamento de la concepción ecológica moderna al poner el acento en las interrelaciones entre los hechos observados y el paisaje. Pero Humboldt es mucho más que un naturalista viajero: es el maestro que proporciona a los científicos el modelo para tratar la naturaleza tanto en el contexto de las sociedades y territorios como en su extensión global. En su sistema de observación de las especies vegetales, considera “…la relación de su asociación local en todos los climas”. Tan vasta como el objetivo que abraza, “pinta con rasgos majestuosos la inmensa extensión que ocupan desde la región de las nieves perpetuas hasta el fondo del Océano y el interior del globo.”[3] Esta amplitud de miras le permitió proyectar una imagen de la vida social hispanoamericana, aún antes del proceso de independencia; entendiendo la unidad territorial en la diversidad de paisajes -una de las esencias de la geografía moderna-, así como que los paisajes humanos son una derivación de la historia que, bien percibida, es una elemento esencial para la compresión del presente y la proyección del futuro.  

alt

Humboldt transita por los actuales territorios de Venezuela desde el 16 de julio de 1799 hasta el 24 de noviembre de 1800, en un prodigioso viaje de descubrimiento científico que lo lleva desde Cumaná y Caracas hasta los llanos y la conexión del Orinoco con el Río Negro, en la selva amazónica. Luego se dirige a Cuba y retorna a Nueva Granada, continuando a Ecuador y Perú. En 1802 viaja de Lima hacia el Norte para llegar a México por Acapulco, y regresando a Cuba en 1804 en su camino de vuelta a Europa. No fue solamente quien sistematizó los estudios de la geografía moderna, sino que también nos hizo entender con sus observaciones que Venezuela es un país que destaca por su diversidad biológica, siendo considerado una de las naciones megadiversas de la tierra. Esta es la denominación que se da a cualquiera de los 18 países con mayor índice de biodiversidad -principalmente países tropicales como los del sureste asiático y latinoamérica-, que albergan en conjunto más del 70% de la fauna y flora del planeta aun cuando sus territorios suponen sólo el 10% de su superficie.

En Venezuela, esta megadiversidad tropical se ha constituido como una razón económica, social y política que priva en la utilización de los recursos disponibles, la valoración social de esos recursos y la distribución de los beneficios que de ellos se derivan. Por tanto, la calidad de vida se sitúa en las interrelaciones y los conflictos que se generan entre el binomio hombre-naturaleza, vale decir, entre la sociedad y su base espacial. El país tiene grandes posibilidades de desarrollo con base en su localización geográfica, que debe ser considerada en relación con su fachada andina, caribeña, orinoquia–amazónica y atlántica.  


Notas

 Miembro del Grupo de Investigación sobre Historiografía de Venezuela, de la Universidad de Los Andes. Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Jefe del Área de Geografía Departamento de Historia de América y Venezuela ULA. 

[1] Eduardo Caballero Calderón. “El hombre y el paisaje sudamericano.” En: Suramérica, tierra del hombre. Madrid: Guadarrama, 1956.  

[2] “Pero si reflexionamos que la guerra tiene sus raíces en un objeto político, parece natural que el motivo original que la provocó debe continuar teniendo la primera y más alta importancia en su conducción. Sin embargo, el objetivo político no es el único sino que debe acomodarse por sí mismo a la naturaleza de los medios, y aun cuando los cambios ocurridos en dichos medios pueden significar modificaciones del objetivo político, éste retiene siempre su consideración preponderante. La política de esta manera, está entretejida en toda la acción de la guerra y debe ejercer una influencia continua sobre ella en toda la extensión en que la naturaleza de las fuerzas liberadas por ella lo permitan. Karl Von Clausewitz ¿Qué es la guerra? En: Arturo Uslar Pietri. Sumario de la Civilización Occidental. Madrid: Edime, 1962, pp. 204-207, p.207     

[3] Alexander Von Humboldt. Geografía de las Plantas ó Quadro físico de los Andes Equinocciales, y de los países vecinos (1809). En: Bogotá: Biblioteca Luis Ángel Arango, Banco de la República de Colombia.

 


blog comments powered by Disqus
 
OpinionyNoticias.com no se hace responsable por las aseveraciones que realicen nuestros columnistas en los artículos de opinión.
Estos conceptos son de la exclusiva responsabilidad del autor.


Videos



opiniónynoticias.com