De los arquitectos estadounidenses en Caracas
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 04 de Septiembre de 2017 00:01

altTestimonio vital de resistencia, Decomomo Venezuela  levantó corajudamente una exposición que ayuda a reforzar nuestra identidad urbana,

complementando – a nuestro juicio -  las consabidas y encendidas protestas ciudadanas. Luego de reportar las influencias españolas e italianas, ahora lo hace con la arquitectura estadounidense de la Caracas que ha sobrevivido heroicamente al deterioro algo más que estético de todos estos años de desidias y rencores oficiales.

Entre 1925 y 1975, distintos inmuebles y ambientes, como páginas de un libro que parecía nunca concluir, se van integrando a nuestro patrimonio espiritual, reconociéndonos en un proceso de modernización que se hizo siembra petrolera para emplear la manida metáfora del país que ciertamente contabilizó e invirtió sus más extraordinarios ingresos, alcanzando  niveles superiores de una calidad de vida insospechada por los más remotos venezolanos, convertida hoy en nostalgia ajena para las más recientes generaciones. Cada trazo da ocasión   al acentuado comentario en torno a la ciudad – una y múltiple – fundada en un generoso sentido de pertenencia que, disculpándonos por la inevitable digresión, recientemente le dio la vuelta al mundo, sorprendiéndolo por la vieja infraestructura en pie, con autopistas y avenidas repletas de pacíficos manifestantes que trenzaron las grandes edificaciones de una localidad seguramente antes tenida por un atrasado y espantoso suburbio de las profundidades tercermundistas.

Contribuida por las diligencias de la embajada estadounidense,  la exhibición cuenta con el respaldo de una intensa investigación que, más allá o más acá de las fronteras,  trae planos completamente inéditos, distribuidos en una sala que cobra intimidad por la luz, las lámparas y el mobiliario de una viva filmografía retrospectiva. Varias maquetas, cuidadosamente elaboradas por aventajados estudiantes de arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, en un esfuerzo voluntario que explica toda la muestra, tientan al más distraído fotógrafo para ensayar los ángulos sugeridos por la posible tradición oral del hogar.

Luce fácil recurrir a las todavía sorprendentes simplicidades ideológicas en boga para abordar la influencia que tuvo Nelson Rockeffeler, por ejemplo, patente en el diseño y la construcción del Hotel Ávila, aunque pudo elegir otra ciudad y otro país para sus vivencias e inversiones, como otros – arquitectos – quedarse en una confortable oficina de la 5ª Avenida de Nueva York en lugar de la más modesta que los acogió acá.  Paradójicamente, valorada la presencia de Ernest Hemingway,  y – aún más – la casa convertida en museo,  la Finca Vigia cercana a La Habana, las actuales y efímeras intervenciones cubanas que tienden a replicar el hábitat isleño de los privilegiados del poder, especialmente en el casco histórico caraqueño, no suscitan crítica alguna y, menos,  escozor por un peculiar modelo de negocios.
 
El asunto nos remite a la vasta empresa de remodelaciones que, aventajada por la   precariedad de  importantes referentes históricos y arquitectónicos, igualmente tarda en concluir los trabajos, haciendo de Caracas una infinita pasarela de turbios retazos, como ocurre con el Centro Simón Bolívar, el edificio La Francia o la vieja sede de la Corte Suprema de Justicia de ya numerosos precedentes.  Una debida y cuidadosa restauración de los espacios, les parece inconveniente, por decir lo menos,  a sabiendas del muy lento costo político que las arbitrarias transformaciones urbanas suscitan, a pesar de las dilaciones.

Impulsada fundamente por la incansable Hannia Gómez, cuyo servicio a la ciudad y al país tanto le agradecemos, la Sala Trasnocho Arte Contacto (TAC) de Paseo Las Mercedes, estará abierta hasta el primero de octubre del presente año, con sus fotografías, leyendas, maquetas, planos, mobiliario, videos y el calor humano de quienes vuelven a ella para constatar un dato, un recuerdo, una palabra. Prometido por ella, ojalá podamos ver – más adelante – las fotografías de sus incursiones de investigación en La Rinconada, por citar un caso, sitio al que arribó el equipo en la buseta de una línea popular, poblando la retina con los lugares insospechados de un mismo lugar para interpelación del régimen.
 
Ante todo, “Arquitectos Norteamericanos en Caracas 1925-1975: Our architects” es una experiencia de la estética y de la vivencia que la Venezuela urbana habrá de recuperar y enriquecer. Abre una ventana a las inmensas posibilidades que Caracas y todas nuestras ciudades albergan, esperando solo una oportunidad.

 


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