Del Amazonas al Colegio de Francia: Claude Lévi-Strauss
Escrito por José Rafael Revenga | @revengajr   
Lunes, 04 de Enero de 2010 16:58

altUna serie de acontecimientos surgidos como contingencias a lo largo del tiempo resultaron en un libro seminal que para siempre registrará uno de los principales derroteros de la aventura intelectual del siglo XX. A temprana hora de una mañana del inicio del otoño de 1934 el director de la École Normal Superieure en París telefonea a un desconocido profesor de sociología en un liceo de provincia quien, muy cerca de  cumplir sus veintiséis años,  ha abandonado sus dos carreras académicas –derecho y filosofía-, cursadas en la Sorbona junto con Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Maurice Merleau-Ponty, a fin de practicar una mal conocida disciplina impulsado por su apego personal a la naturaleza y a las excursiones a campo abierto: la etnología. Ésta lo ahuyenta de sus incursiones en política estudiantil revolucionaria.

Claude Lévi-Strauss [CLS] de manera casi impulsiva acoge la oportunidad ofrecida por vía telefónica de ocupar la cátedra de sociología en la recién creada Universidad de Sao Paulo y así colaborar con una misión internacional de proyección de la cultura francesa organizada por el psicólogo Georges Dumas. Lo anima particularmente la posibilidad de estudiar las tribus indígenas para lo cual recibe la promesa que le serían suministradas todas  las facilidades requeridas. Llega a Brasil a finales de febrero de 1935 acompañado por su esposa Dina. Al finalizar su primer curso académico en noviembre de 1935 parte en una expedición  para conocer las tribus cercanas a Paraguay. CLS permanece en Brasil hasta fines de 1938 y años más tarde anotará que los  profesores franceses encontraron en sus estudiantes “un puñado de jóvenes bien dotados que en pocas décadas transformaron la historia de su país”.

El inicio de una vocación
Su vocación por la etnología más que científica provenía de una actitud existencial: “De hecho, la revelación no me llegó hasta 1933 o 1934, con la lectura de un libro encontrado al azar y ya antiguo: Primitive Society [1919 ] de Robert H. Lowie. En lugar de nociones aprendidas en los libros e inmediatamente metamorfoseadas en conceptos filosóficos, me vi frente a una experiencia vivida de las sociedades indígenas, en la cual, el compromiso del observador había preservado el significado.”
Dos décadas más tarde CLS recuerda: “No existe perspectiva más excitante para un etnólogo que la de ser el primer blanco que penetra en una comunidad indígena. En 1938 esta recompensa suprema sólo podía obtenerse en pocas regiones del mundo, lo suficientemente escasas para poder contarlas con los dedos de una mano. Desde entonces esas posibilidades han disminuido más aún. Así, pues, yo reviviría la experiencia de los antiguos viajeros y, a través de ella, ese momento crucial del pensamiento moderno en que, gracias a los grandes descubrimientos, una humanidad que se creía completa y acabada recibió de golpe, como una contrarrevelación, el anuncio de que no estaba sola, de que constituía una pieza en un conjunto más vasto, y de que para conocerse debía contemplar antes su irreconocible imagen en ese espejo desde el cual una parcela olvidada por los siglos iba a lanzar, para mí solo, su primer y último reflejo.”
A los cuarenta años de la intempestiva llamada telefónica, Roger Callois -gran crítico literario,  traductor de Borges, Carpentier y Neruda al francés, compañero de Victoria Ocampo e “inmortal” desde 1971- en su discurso en ocasión del ingreso formal de Lévi-Strauss en L'Academie francaise el 27 de junio de 1974, se refiere a ella: “Nunca una decisión tan importante se tomó tan precipitadamente. Lo que vendría después sería el desarrollo de una de las carreras científicas más audaces y más fecundas en lo que va del siglo". 


Aprendizaje en Nueva York
A partir de 1936 CLS publica varios artículos científicos sobre sus expediciones a las tribus de los Boroboro y de los Caduveo al  suroeste de Brasil. En 1938, liberado de sus funciones académicas por varios meses, parte al Mato Grosso para convivir con los  indígenas Nambikwara y TupiKawahib.  A su regreso a Francia a principios de 1939 es destituido de su puesto de profesor y se ve obligado a emigrar a  Nueva York durante la Segunda Guerra. Allí aumenta su producción de artículos en revistas especializadas y comienza a utilizar la frase “antropología social” para describir su quehacer: “Lo que de verdad era o podía ser la etnología lo aprendí… …a principios de la década de los cuarenta, en la Biblioteca Pública de Nueva York, después de haber escapado de la Francia de Petain. Ahí, leyendo, completé mi formación de etnólogo. Sin la ocupación alemana mi destino hubiera podido ser otro. Tras el armisticio, yo quería volver a Brasil pero no me dieron visado.”
Tras su llegada a Manhattan, CLS obtiene una cátedra en la New School of Social Research gracias al apoyo de Roman Jakobson lo cual le da oportunidad para conocer a los grandes de la antropología: Franz Boas, Ruth Benedict, Alfred Kroeber, Ralph Linton y Robert Lowie cuyo libro había desencadenado su posicionamiento intelectual hacía casi diez años. En Manhattan, CSL se reúne con   André Breton, Max Ernst, Marcel Duchamp, Jacques Perrin, Henri Focillon y Jacques Maritain también expatriados por la persecución nazi.

De regreso a Francia en 1946, CSL  hace uso de las copiosas notas acumuladas en su convivencia con los indígenas para obtener la maestría y  el doctorado en la Sorbona en 1947 y 1948. De los trabajos presentados al jurado surgen sus primeros dos libros científicos con los cuales decide optar al ingreso en el Collège de France en 1949 y 1950. Ambas veces es rechazado lo cual le hace pensar que su carrera universitaria preferida carece de porvenir a pesar de que obtiene una cátedra para el estudio comparativo de las religiones de los pueblos no civilizados en la Ecole Pratique des Hautes Etudes en 1951.


La sorpresa editorial
En 1954, la editorial Plon decide lanzar una nueva colección -la “Terre Humaine”- dedicada a la antropología. Su director, el geógrafo Jean Malaurie, invita a CLS a incluir una obra. CLS se dedica, a partir del 12 de octubre de 1954, a poner por escrito  sus experiencias personales en Brasil. El documento, fusión genial de narrativa de viajes, memoria científica y autobiografía filosófica a lo largo de unas extensas cuatrocientas páginas, es entregado el 5 de marzo de 1955. Como título CLS adopta el que él le había dado a un proyecto de novela cuyos esbozos muy parciales redacta al regresar de Brasil unos quince años antes. Así nace Tristes Tropiques. El fulgurante éxito popular desborda toda expectativa. El libro sorprende al mundo académico e impacta a los críticos literarios por su prosa digna de Stendhal, Balzac, Proust o Bergson. Se lo califica como “una obra de arte”.

Recuerdo que en diciembre de 1956 visito la librería PUF, en aquel entonces situada en la Plaza de la Sorbona, y me impacta la muy profusa presencia en los “rayons” de Tristes Tropiques, obra que aún antes de leerla uno de inmediato la consideraba como un significante personal, un alivio “reconfortante” el cual, en algún grado,  permitía superar un “dépaysement” natural. La aparición del libro se conjuga en el tiempo con una preocupación emergente por las realidades  que los estudiosos y el gran público francés denominaron y englobaron, no muy felizmente, como el “sous-developement” aplicado principalmente al continente africano y al latinoamericano. Era el comienzo de la época volcada a tratar de hacer realidad el progreso de los pueblos liderada por Francois Perroux (eminente economista y colega de CLS en 1936 en la misión cultural en Sao Paulo), L.J. Lebret, Henri Desroche, Alfred Sauvy, Jean-Marie Albertini, Vincent Cosmao, Josué de Castro, Yves Lacoste y tantos otros. En verdad, el libro de CLS apunta más bien a otra dirección: la barbarie de la civilización occidental con su “subdesarrollo” autóctono y causante de no pocas “tristezas” en las sociedades “tiers-mondistes”. En él, CLS se esfuerza por presentar a las sociedades indígenas como diferencialmente valederas lo que permite explicar en algún grado la aparente contradicción  de que Tristes Tropiques fuera enarbolado como manifiesto de la revolución estudiantil de 1968 en contra de las instituciones francesas. CLS siempre consideró que esta adopción era “cocasse”, es decir risible: “Me pareció una caricatura de revolución pero el entusiasmo y respeto que existía por el estructuralismo salió tocado del Mayo del 68.”

En el Collège de France
En 1959 CLS es finalmente admitido como miembro académico en el  Collège de France gracias a la persistencia de sus amigos como el filósofo Maurice Merleau-Ponty –quien el año anterior en su calidad de catedrático de filosofía desde 1952 había presentado un informe justificando la conveniencia de crear la cátedra de Antropología Social-, el lingüista Émile Benveniste, catedrático desde 1939, y del psicoanalista Jacques Lacan. El 5 de enero de 1960, CLS da su lección inaugural en la cual recuerda a sus maestros Emile Durkheim y al sobrino de éste Marcel Mauss fallecido diez años antes. CLS se encarga de la cátedra de Antropología Social y de la dirección del laboratorio correspondiente que él funda en 1960. Organiza múltiples expediciones cuyos trabajos de campo dan lugar a los contenidos de sus cursos vertidos después en obras  como los cuatro volúmenes de Mythologiques (1964-1971). Se jubila en 1982. Su discípula de mediados de los años 50, la antropóloga Francoise Heretier, asume su cátedra. Otro discípulo,  Philippe Descola, en la actualidad catedrático de Antropología de la Naturaleza en el Collège, en su propia lección inaugural el 29 de marzo del 2001 puntualiza: “…Claude Lévi-Strauss ha desarrollado su método al tomar prestadas hipótesis y resultados a todos los frentes pioneros de las ciencias en marcha, à la lingüística, ciertamente, y de manera notoria a la fonología, pero también a la fisiología de la  percepción, a la cladística, a  la teoría  de los juegos o a la cibernética.” Descola ha asumido la continuidad del Laboratorio de Antropología Social el cual CLS frecuentaba semanalmente  después de su retiro.

Octavio Paz y Tristes Tropiques
Octavio Paz, en 1965, lee “con pasión Tristes Tropiques (1955) y en seguida con un deslumbramiento  creciente, Anthropologie structurale (1958), La pensé sauvage (1962), Le totetisme aujourd´hui (1962) y Le cru et le cuit (1964).” En diciembre del próximo año Paz, quien vive en Delhi, termina  su pequeño volumen Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo cuya primera edición de mil ejemplares aparece en México en 1967  y la cual se agota en menos de dos años. Sin embargo, la difusión en Iberoamérica de Tristes Trópicos es lamentablemente mucho más lenta. Aparece en castellano sólo en 1973 casi veinte años más tarde que su original y unos ocho años después que Paz la enfocara, editada por EUDEBA en Buenos Aires y con años de retraso en comparación con otras obras de CLS muy posteriores a Tristes Tropiques. Por ejemplo, El pensamiento salvaje aparece en los Breviarios del FCE en 1964 a los dos  años del original en francés.  Para colmo de males, la primera  edición de Tristes Trópicos en España es de 1988 de la editorial Paidos.* En inglés aparece en 1961 con cuatro capítulos omitidos y en 1972 de manera completa.

Paz, en su lúcido e incisivo comentario, afirma:
“Quizá el capítulo más hermoso de ese hermoso libro que se llama Tristes Tropiques sea el último. El pensamiento alcanza en esas pocas páginas una densidad y una transparencia que harían pensar en las construcciones del cristal de roca si no fuese porque está animado por una palpitación que no recuerda tanto a la inmovilidad mineral como a la vibración de las ondas de la luz…   …Aquello que abandonamos al principio nos espera, transfigurado, al final…El etnógrafo regresa del Nuevo al Viejo Mundo y en la antigua tierra de Gandara une los dos extremos de su exploración: en la selva brasileña ha visto cómo se constituye una sociedad, en Taxila contempla los restos de una civilización que se concibió a sí misma como un sentido que se anula…el intelectual europeo regresa a un pensamiento que nació hace dos mil quinientos años y descubre que en ese comienzo ya estaba inscrito el fin.”
En 1961 CLS cofunda una revista mensual dedicada a la antropología: L´Homme. En el primer número de 1962 es coautor con Roman Jakobson del artículo “Los Gatos de Baudelaire”. Jakobson, nacido en Moscú, era un reconocido estudioso de la lingüística y familiarizado con las teorías y los cálculos de la cibernética de Norbert Wiener y John von Neumann y de la comunicación según Claude Shannon. En el escrito analizan el poema del francés, el primero desde el punto de vista lingüístico estructural y el segundo como etnólogo ya que “los mitos no consisten solamente en arreglos conceptuales sino son también obras de arte las cuales suscitan en aquellos que los escuchan y en los mismos etnólogos que los leen al ser transcritos, profundas emociones estéticas.”


Más allá del “estructuralismo”
A pesar de que durante mucho tiempo y por muchos, CLS  ha sido bautizado como el “padre del estructuralismo”, él admite haber recibido sólo una iluminación: “el secreto del estructuralismo creo haberlo intuido mientras estaba en el frente [mayo de 1940], en la Línea Maginot, como oficial de enlace que esperaba servir de intérprete a las tropas británicas. Allí, mientras esperábamos una batalla que no comenzaba, pude observar con detalle cómo, detrás del aparente azar de la belleza ondeante de un campo lleno de flores, estaba una organización estricta de cada una de ellas. Luego, en Nueva York, el encuentro con Roman Jakobson [1941] fue definitivo. Me reveló que era estructuralista sin saberlo.”
Frente al facilismo deformador del etiquetaje acostumbrado en  filosofía, CLS aclara una y otra vez que si bien la “estructura” es una de las dos caras de una misma realidad, es imposible disociarla de la otra: la “historia”. Explica que así como  la física interpreta los fenómenos luminosos bien sea en términos de ondas o bien como  corpúsculos, lo esencial es no mezclar ambos lenguajes pues cada uno es perfectamente coherente si nos atenemos sólo a él.

Más de 100 años
El 28 de noviembre del 2008 CLS celebra sus cien años de vida. Se le tributan múltiples homenajes en Francia, Estados Unidos y Brasil y aparecen un sin número de publicaciones. Entre las más significativas, la edición en la prestigiosa Biblioteca de la Pléiade de un tomo de más de dos mil páginas con una selección –incluye Tristes Tropiques- de sus obras y en el otro extremo del horizonte editorial un volumen divulgativo en la colección Que sais-je?
CLS fue mucho más que un antropólogo sin par. Mantenía una especial afinidad intelectual con Rousseau y fue gran admirador y amigo de los hombres de letra y de los pintores del surrealismo. A la vez, manifestaba una gran predilección por Wagner, Chopin y Debussy. En una entrevista televisiva del 7 de abril de 1973 confiesa: “La música es la mitad de mi existencia. En mi hogar, no puedo trabajar sin un fondo sonoro que estimule mi actividad al generar disposiciones favorables en el espíritu y en el corazón. Si yo no me hubiese orientado hacia la filosofía y la etnología, hubiera querido ser director de orquesta.”

Al cierre de Tristes Tropiques CLS comparte con nosotros la siguiente reflexión: “El mundo comenzó sin el hombre y finalizará sin él. Las instituciones, las costumbres y los usos que yo habré pasado mi vida a inventariar y a comprender, son una eflorescencia pasajera de una creación en relación a la cual ellas no poseen ningún sentido sino quizá el de permitir a la humanidad ejercer su papel allí.”
En la madrugada del pasado 1 de noviembre CLS fallece a cuatro semanas antes de poder cumplir 101 años. Fue enterrado en su pueblo natal en el noroeste de Francia. Se me ocurre, sin embargo, que según una leyenda de los nambikwara, a quienes él tanto apreció, los cuerpos son sepultados con la cabeza vuelta hacia el poniente y los pies hacia el levante, para que el alma siga el camino del Sol. Para los nambikwara, su mundo es su propio cosmos, donde las almas conviven con los vivos. Cuatro décadas antes CLS se expresa en ese mismo acorde: “yo bien desearía terminar mi vida como la comencé: retornando al campo de trabajo”.


*La versión en español de “Tristes Tropiques” está disponible gratuitamente en:
http://isaiasgarde.myfil.es/get_file?path=/levi-strauss-claude-tristes-tr.pdf


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