Menor capa de ozono, mayor calor
Escrito por Anaís Caldera Rodríguez   
Martes, 08 de Septiembre de 2009 08:24

altMuchas ciudades de Venezuela actualmente presentan un calor intenso y peligroso para la salud y productividad humana. La causa de este problema ambiental, que cada vez se afianzará más, es la destrucción paulatina de la capa de ozono, pues su rotura y desaparición desequilibra la temperatura a nivel global y origina el calentamiento de la tierra, mientras trastoca los ciclos de la pirámide alimenticia y colapsa la producción de oxígeno, al perjudicar el sistema de vida de los productores primarios de la cadena trófica, como son los fitoplancton y zooplancton o animales marinos microscópicos, de los cuales dependen las poblaciones de peces. E igualmente, destruye o paraliza el normal desarrollo del proceso fotosintético de algunas plantas terrestres, especialmente aquellas destinadas al cultivo nutricional, motivo por el cual es imprescindible que los países desarrollados como los mayores productores del 95 por ciento de los gases de efecto invernadero, como los subdesarrollados y acreedores del 84 por ciento del uso de esos contaminantes, entiendan el daño causado a la humanidad por su sistema de producción. Es hora de que se responsabilicen por esa situación, cumpliendo con los compromisos asumidos en los protocolos de Montreal, en 1987 y enmendado en 1990, y el de Kioto, en 1997.

Los clorofluorocarbonos o CFCs no pueden continuar siendo los aliados de las industrias de refrigeración, de aerosoles y de aislantes térmicos ni seguir actuando como los principales enemigos de la salubridad ambiental, porque su supervivencia en la atmósfera dura 100 años, tiempo suficiente para llegar, pernotar e incrustarse en la estratosfera y destruir la capa de ozono, al liberar, por ejemplo, cloro, bromo o fluor de su composición, luego de separarse por las radiaciones ultravioletas.

El objetivo del protocolo de Montreal era lograr, para finales del siglo pasado, reducir en un 50 por ciento el uso de cinco CFCs y alcanzar en 1992 el cierre de la producción de halógenos. No obstante, tres años después, cuando se comprobó que la durabilidad de esos gases en la atmósfera había disminuido la mitad de la capa de ozono sobre la Antártida y que amenazaba con seguir reduciéndola en los hemisferios Norte y Sur, se le exigió a los firmantes eliminar, en el 2000, la producción global de los CFCs y de tres halógenos. En tanto, el protocolo de Kioto comprometió a los representantes de las naciones suscritoras trabajar unidos para reducir la emisión de los gases causantes del efecto invernadero entre 2008 y 2012. A tres años de la fecha límite todavía se observan el uso de esos contaminantes y, por ende, la temperatura tiende a aumentar en el planeta.

Su ubicación entre 15 y 50 kilómetros de altitud sobre la tierra no ha impedido que desde los 70 sus moléculas sean atacadas por los habitantes del planeta cuando utilizan agentes altamente contaminantes y de larga durabilidad en los procesos productivos y los lanzan a la atmósfera, como los CFCs, (propelentes de aerosoles, refrigerantes y solventes, además de las manufacturas de espumas plásticas) y los halógenos (componente de los extintores de incendios), sin prever que su resguardo es fundamental para preservar la vida humana, animal y vegetal, pues por los tres átomos de oxígeno que la constituyen, la capa de ozono funciona como un filtro solar, capaz de limitar el paso de una porción de las radiaciones ultravioletas provenientes del sol y extendidas desde los 280 hasta los 320 nanómetros, al absorberlas en un 97 ó 99 por ciento.

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(*) Periodista

Fuente: El Carabobeño


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