Del repentino héroe, repentino
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 15 de Noviembre de 2021 00:00

altHasta nuevo aviso, todo proceso que se llame revolucionario ha de exhibir una inmediata galería de héroes

y de actos heroicos. Dato éste último, nada fundamental por lo que hemos visto en el presente siglo, ya que  jamás le concedieron importancia al ascenso electoral de 1999, como la exageraron al retrotraernos por siete años a una fracasada y vulgar asonada, por ejemplo. 

Lo peor es que son muy escasas, o prácticamente nulas, las personalidades heroicas. Y, más de las veces, las exaltan para luego disiparlas en todo lo posible, porque tan artificial fue la elevación de Richard Peñalver al santoral oficialista, como real la búsqueda desesperada del asilo político en España a la vuelta de los años. 

De todos modos, hay una mínima memoria de quienes han usado y abusado del poder en Venezuela, por más de dos décadas, acreedores de todos los oropeles que dicen inspirar a los seguidores del régimen y de su principal partido. Empero, siendo una consecuencia natural de todo referente heroico, son muy difíciles de imitar al exponer condiciones materiales de vida infinitamente superiores al resto de la población, por no citar las sanciones internacionales que desmienten tantas virtudes atribuidas.

Repentinamente, por una parte, sin antecedentes en el historial y anecdotario mediato e inmediato del chavismo y sus derivados, ha surgido sólo el nombre y la imagen de Alex Saab, invocado cual héroe con la ya nada extraña circunstancia de no relacionarlo  con algún hecho que lo haga acreedor de un lugar en los altares. Repentinamente, por otra, lo entregan como una bandera para la más ingenua militancia socialista, a través de los medios harto monopolizados de comunicación social, y los de transportación masiva, como el metro de Caracas, o lo que queda de él tan pintorreteado de un gris alevoso.

No hay heroísmos de razones secretas o muy secretas y sólo a Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, irremediable, le pudo contentar la confidencial ceremonia soviética de la no menos confidencial condecoración que dibujó Leonardo Padura en los meritorios capítulos finales de su consabida novela. Lo curioso es el vacío de un heroísmo que no contentará, esta vez, a Saab, porque lo conduce directamente al exclusivo martirologio revolucionario de quien sólo quiso hacer dinero y nada más, ahora tras barrotes. 

 

|*|: Fotografía LB (CCS, Nov'21). 

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Última actualización el Domingo, 14 de Noviembre de 2021 18:57
 
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