Con hambre de conflicto
Escrito por Antonio José Monagas | TW: @ajmonagas   
Domingo, 12 de Septiembre de 2021 08:02

altLa realidad venezolana se convirtió en un inexpugnable y desordenado juego de envite y azar.

Aunque en apariencia, pareciera un simple relato de misterio. Pero es más que eso. Son contradicciones que embotan el pensamiento más habilidoso. Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada, resulta como una suerte de ambigüedad  que no lleva a ningún lado. 

Al mismo tiempo, las realidades pretenden hacer ver que lo mostrado es, al mismo tiempo, verdad y mentira. Pero, ¿cómo así?. Todo está bien pero también, todo está mal. Y aún así, no se cuenta con escape alguno que conduzca las realidades hacia una salida honorable, creíble y digna. Necesaria y viable. 

Caramba, ¿pero qué es lo que sucede al interior de los referidos problemas que insumen y consumen a Venezuela?

¿Será posible no poder hacer algo que contrarreste tan enrarecida situación nacional? Es difícil creer y aceptar tan paradójica situación. Pero los tiros parecieran llevar dicha dirección. Luce ahora ineludible intentar una explicación que descifre tan obeso enigma.

De entrada, vale reconocer que dicha situación tiene su fuente u origen en la política. No sólo en su comprensión equivocada. También, en su errado ejercicio. Sobre todo, al percibir que la política tiende a complicar realidades que no están debidamente abiertas al discurrir social y económico. Por tanto, lucen enredadas como en principio son avizoradas. No obstante, más allá de tan escueta consideración, se esconden otros argumentos que valen para auscultar tan sinuosa situación hurgándola por el lado de la filosofía. De la filosofía política, para más exactitud o posibilidad de dar con alguna respuesta suficientemente convincente. 

 

La desinformación como causa

Todo ciudadano, aún no preciándose de su condición de “hombre político”, es en definitiva el sujeto protagónico de todo evento precedido y presidido por la política. Aún así, esa deficiencia le permite ejercer su perplejidad o preocupación ante el desorden de información que ocurre alrededor de la correspondiente realidad. 

El problema de desinformación solapa toda posibilidad de que pueda filtrarse algún elemento relacionado con la verdad que rige la situación en cuestión. Es ahí cuando la confusión se apropia de la situación. Todo luce tan confuso que la realidad se opaca debido a que la desinformación oscurece el panorama. 

La situación se complica más aún toda vez que el rumor hace presencia en la orgía anónima de las redes sociales. En la mitad de tan enrarecido problema, se aviva la histeria colectiva proveniente de cuanto insulto, acusación o reproche pueda hacerse público. 

Acá, la opacidad se constituye en la razón que incita la confusión tras la cual se encubre toda sospecha nacida al calor de la insidia que se ha expandido en forma de perturbado rumor. Luego siguen los escándalos como complementos de la cuestionada situación.

En medio de todas estas, el poder político expuesto por el régimen se disfraza de “santurrón”. Hace ver y creer, que nada pasa cuando todo se ha exasperado, se ha exacerbado. Al extremo que el país tiene otra excusa para acentuar la crisis vigente. Es como si la realidad venezolana viviera permanentemente y de manera inusitada con hambre de conflicto.

 


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Última actualización el Domingo, 12 de Septiembre de 2021 08:04
 
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