La Geopolítica del Poder (I): Venezuela país petrolero
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   
Domingo, 13 de Junio de 2021 06:16

alt"La territorialidad, conjunto de espacios vitales que conforman la nación venezolana, es el fundamento básico que, justamente valorizado

y adecuadamente movilizado por su población, puede contribuir a resolver las actuales dificultades económicas de la sociedad nacional y a ofrecer un mejor futuro a venideras generaciones. Para ello se debe estructurar una total y absoluta identificación entre sociedad y territorio, lo que implica el concebimiento voluntario de las disponibilidades y potencialidades espaciales de Venezuela para sus funciones primordiales como nación, en su proyección actual y futura. En la innovadora geopolítica contemporánea se asienta que la territorialidad es una de las formas de solidaridad que más une a las sociedades nacionales. Esta territorialidad debe ser percibida como un desafío constante, como un legado que debemos afrontar en sus dificultades y valorizar en sus inmensas posibilidades. Hay que sentir, pensar y obrar con cabal conocimiento, en el pleno desarrollo de las opciones de la territorialidad nacional.”[1]

Pedro Cunill Grau

     

El análisis y conocimiento del proceso de conformación del sistema  Estado–Espacio–Sociedad y de sus estructuras políticas, sociales y económicas pueden analizarse bajo la óptica o enfoque de la geopolítica,[2] por cuanto cada territorio tiene sus especificidades naturales provistas de recursos que son utilizados por la sociedad que lo habita o administra.[3]

Desde el punto de vista de la geopolítica mundial, Venezuela constituye un caso único en el continente americano. Está alejada de los países andinos del Pacífico, particularmente en cuanto se refiere a la situación y posición geográfica, y sin embargo, participa de este conjunto regional andino. De la misma manera, está directamente vinculada al mundo antillano y forma parte de la región del Caribe. Es el único país de la América del Sur que presenta una fachada marítima hacia el mar Caribe y otra fachada abierta hacia el Océano Atlántico; precisamente donde este océano se reduce en extensión hasta formar un estrecho oceánico entre la costa de América del Sur y el saliente continente Africano.

Venezuela nace como república independiente en 1830, y durante este periodo decimonónico entre guerras intestinas y su incorporación al mercado global, fue un país exportador de rubros agrícolas desde el cacao, añil, hasta el café durante el siglo XIX, constituyéndose entre el cuarto o quinto exportador de este último cultivo agrícola a inicios del siglo XX, hasta que en 1936 la explotación petrolera superó los ingresos agrícolas–cafeteros del país, lo cual produjo cambios espaciales al iniciar una poblamiento entre asentamientos urbanos–petroleros, y los paisajes rurales. Al concluirse el gobierno gomecista, y con la transición de los gobiernos democráticos, se originó el éxodo del campo a la ciudad, a través de las migraciones de campesinos. 

En cámara lenta y sigilosa, como su propia densidad, el crudo que reposa en el subsuelo comenzó a posicionarse -y se mantiene todavía- como una fuente de energía que mueve desde carros hasta aviones. El petróleo es, en fin, una presencia constante que nos ha dado mucho más que divisas. Constituyó una revolución de baja intensidad en la casa de cada ciudadano y en el día a día de todo el planeta por encima de las revueltas económicas que causó, como las ocurridas en Venezuela tras el despertar de Barroso I y Barroso II, los primeros pozos de petróleo que cambiaron la historia del país.

La producción petrolera venezolana se estudia con carácter de producción comercial a partir del año 1917. Este es el año que tanto las estadísticas oficiales del Ministerio de Minas e Hidrocarburos como las propias compañías petroleras, toman como el de la iniciación de la etapa industrial de la explotación del petróleo. Las etapas sucesivas analizarán las cifras correspondientes a cada año de la producción venezolana, el lugar que ocupa Venezuela en la escala mundial de los productores, y las circunstancias de orden nacional e internacional que inciden sobre la producción venezolana; las cuales pueden considerarse de índole económica y extra-económicas, figurando entre las primeras la oferta y demanda del mercado internacional y, entre las segundas, las vicisitudes de tipo socio-político que han ocurrido en nuestro país. 

Desde 1936 en Venezuela se planteó la necesidad de desarrollar una economía productiva que progresara y se expandiera con el país, explotando la riqueza efímera de la renta petrolera. Desde esta perspectiva, Arturo Uslar Pietri diseño una política económica denominada SEMBRAR EL PETRÓLEO, consigna que estuvo vigente por varias décadas y consiste en la observación de que:

“La providencia ha dotado a Venezuela de una inmensa riqueza en el subsuelo. Venezuela es un país subdesarrollado. La lógica debería indicar que lo que debemos hacer es aprovechar la riqueza del subsuelo para desarrollar a Venezuela en todos los órdenes. Esta concepción del petróleo como instrumento fundamental e insustituible del desarrollo del país puede no coincidir exactamente con los requerimientos de una política petrolera, que considere el petróleo aisladamente, fuera del marco de explotarlo más racionalmente y conservarlo por más tiempo.

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Explotar racionalmente y aprovechar al máximo los yacimientos es ciertamente algo que no puede ser desdeñado, pero posponer o retardar la posibilidad del desarrollo venezolano en nombre de la conveniencia de conservar el petróleo para las generaciones futuras carecería de justificación histórica. Las generaciones futuras no nos van a preguntar si le hemos dejado mucho o poco petróleo en el subsuelo, sino que nos van a lanzar una cuestión mucho más grave y perentoria que no es otra que ésta: ¿Aprovecharon ustedes inteligente y oportunamente el petróleo para construir un país? La trágica implicación de esa pregunta no la van a eludir nuestras sombras ausentes o nuestras borrosas memorias alegando que tratamos de hacer una explotación racional y prudente. …

El petróleo es antes que todo el más poderoso instrumento de desarrollo que tiene Venezuela. Así debe ser concebido y utilizado. Las circunstancias nacionales y mundiales de los últimos años han creado esta posibilidad. Es nuestro deber aprovecharla y no exponernos a que, por un error de concepto, las condiciones evolucionen contra nuestro interés, y vengamos a darnos cuenta de ello cuando ya sea tarde y la oportunidad haya pasado irremisiblemente.”[4]

El pensamiento de Uslar es similar al de Alberto Adriani.[5] Ambos reflejan lo que pareciera ser una concepción de la época, cabe decir, el carácter efímero y destructivo de la industria petrolera, pues la actividad extractiva es también una actividad destructiva, como muy bien lo señala Rafael Arráiz Lucca: “Nótese que el proyecto propuesto por Uslar es exclusivamente agrícola y no industrial, cosa que llama la atención, ya que la industrialización para 1936 ha debido ser un norte a seguir, incluso de mayor modernidad que el cultivo agrícola. Seguramente pesaba en el ánimo del joven editorialista el perjuicio que ya comenzaba a notarse en la producción agrícola, en la medida en que la producción petrolera ascendía. También es probable que pesara mucho en su ánimo las teorías agrícolas de su amigo Alberto Adriani, conocidas y compartidas por Uslar entonces.”[6]

Desde mediados del siglo pasado, se consolida el poblamiento urbano del país y el afianzamiento de movimientos migratorios extranjeros, en particular, españoles, italianos y portugueses. Posteriormente, en enero de 1958 y al finalizar el período dictatorial, se reivindica la libertad democrática y se inicia una etapa contemporánea de poblamiento, que se consolidara más adelante. Este proceso ha ido acompañado por distorsiones en el nivel económico y la calidad de vida, acentuando la creación de barrios y el empleo temporal, en un contexto de grandes transformaciones en el panorama productivo y urbano del país.  Esto lo expresa muy bien el historiador Germán Carrera Damas cuando afirma: “A partir de la Segunda Guerra Mundial se profundiza y generaliza la movilidad social en Venezuela. El proceso de movilidad horizontal o geográfica desencadenado por la explotación del petróleo se ve estimulado por el proceso de urbanización acelerada, concomitante con la afluencia de inmigrantes y el desarrollo de la infraestructura vial. El incremento de las actividades económicas y la aceleración de su ritmo al modernizarse; el ensanchamiento de las funciones del Estado y el consiguiente crecimiento y diversificación de la administración pública; la extensión de la educación a todos los niveles y la reactivación de la vida política y sindical a partir de 1958, son todos componentes de una situación social en la cual se advierte no pocos casos de impresionantes trayectorias socioeconómicas individuales y aun de grupos sociales más o menos numerosos.”[7]

En efecto, con los recursos de la renta petrolera el Estado venezolano debió estar en capacidad para estimular el desarrollo más extraordinario de toda la América Latina. Según Rómulo Betancourt, el beneficio producido por la renta petrolera tenía el reto de ser utilizado: “…en el impulso planificado para el desarrollo de la economía nacional, a fin de que deje Venezuela de estar sujeta a la monoproducción de riquezas mineras, y que se alcance una más justiciera distribución de la riqueza, dándole acceso al bienestar y a la cultura a todos los sectores de la población, con énfasis en los de más bajo ingresos.”[8]

El excesivo ingreso de la renta petrolera incidió indirectamente en los factores determinantes de la política exterior del país, que son de muy diversa índole. En el caso de Venezuela, desde la década del cuarenta del siglo XX esta ha estado definida por la exportación de hidrocarburos. La enorme reserva de recursos (petróleo, gas, hierro, entre otros) hace que el país sea atractivo a los intereses geopolíticos mundiales, por las crisis energéticas y la escasez de materias primas estratégicas. En este sentido, la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) no fue un hecho improvisado, ni mucho menos una idea aislada. El anhelo propio de cada país productor de que la explotación de su riqueza se tradujera en bienestar para sus ciudadanos y fuera instrumento eficaz que les permitiera superar su condición común de subdesarrollados, contribuyó poderosamente a su formación. Al comienzo, estos deseos de crear un instrumento de defensa común de los exportadores se vieron retardados en los países árabes por el hecho de que en las décadas cuarenta y cincuenta su producción conjunta no alcanzaba un porcentaje que les permitiera tomar por sí mismos decisiones que influyeran en la orientación de la política petrolera mundial; les fue necesario buscar la cooperación de otros países fuera del mundo árabe. 

Venezuela forma parte de la OPEP desde su fundación, que ocurrió en la capital de Irak el 14 de septiembre de 1960 (al publicarse las célebres Resoluciones de Bagdad.)[9] Su propio nombre responde a su esencia; es una organización interestatal, gubernamental, de carácter internacional, integrada por los países exportadores de petróleo.[10]

La imagen primaria que se tiene de la OPEP se reduce con frecuencia a la idea de ser una organización destinada a establecer y controlar los precios del petróleo en los mercados internacionales. Pero su campo de acción, presente y futuro, es mucho más extenso. Según su propio instrumento constitutivo, la OPEP persigue, además de la estabilidad de los precios, la defensa de los intereses individuales y colectivos de los países exportadores, y fundamentalmente, la unificación de la política petrolera de las naciones miembros.[11]   

Petróleo, política, guerra y paz son términos que se han encontrado frecuentemente interrelacionados en las luchas y conflictos de muchos países. La estrategia militar y política se entrelaza con la estrategia económica. Por estas razones, los monopolios internacionales necesitaban del petróleo venezolano y el de la OPEP, con el fin de atender las exigencias del mercado internacional de consumo en creciente desarrollo. Hoy la OPEP, a sus 61 años de existencia, es aún una organización de importancia para la defensa de los intereses de los países que la integran.

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La Venezuela denominada Saudita, de finales del siglo XX, tenía una relación de tácita subordinación a los Estados Unidos, lo que se podía observar en el trato del proveedor doméstico de hidrocarburos, a cambio de la seguridad del autoabastecimiento. Esto favorecía nuestro negocio petrolero con la diversificación económica dentro de nuestro mercado tradicional. Para el consumidor norteamericano, el leve incremento de precios resultante quedaba compensado con el fortalecimiento de la producción doméstica (particularmente de Texas). Antes de abril de 2002, Venezuela se suponía era el más confiable proveedor petrolero de Estados Unidos: en cualquier controversia ideológica o política, en la guerra y en la paz, sin chantaje ni pase de factura.

En mayo de 1963, el fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo, afirmaba que es más importante el ingreso y no la producción de petróleo. Tratar “de obtener lo más posible, para venderlo bien, porque nada ganamos con vender más y recibir menos, como le ha pasado desgraciadamente, a los países del Medio Oriente.”[12] La economía petrolera venezolana nació así con la vocación de ser una riqueza parasitaria, que nos hizo depender de la renta del oro negro. 

Históricamente y hasta la actualidad, en Venezuela hemos administrado mal la renta petrolera, no hemos entendido que el petróleo es un mecanismo que debemos utilizar como un instrumento para lograr la diversificación productiva del país en otros sectores como son la agricultura, la ganadería y la industria.[13] En un pasado reciente, aproximadamente el 90% de las divisas con que contó Venezuela para sus transacciones económicas internacionales provinieron de los dividendos petroleros. Pero desde la década de los años sesenta del siglo pasado, nuestro país se fue convirtiendo en una sociedad cargada de una serie de conflictos socioeconómicos que condujeron a una gran parte de la población a la pobreza extrema, la marginalidad, el desempleo, y generaron el flagelo de la inseguridad. 

En la historia reciente de Venezuela, desde mediados del siglo XX, se proyectaron y enunciaron políticas para una realidad que no terminó de comprenderse, de donde partió la debilidad esencial del diagnóstico en los procesos de planificación. Es por esto que hasta hoy siga siendo necesario hacer un análisis de los aspectos geográficos, económicos, sociales y culturales de la población, dentro del marco regional, continental y mundial; para establecer los objetivos políticos nacionales e internacionales. 

La diplomacia petrolera venezolana, frente a los nuevos escenarios post-pandemia, debe enfocarse en aprovechar su pertenencia a la OPEP; siendo importante que esta organización estimule la participación de más países productores de petróleo para consolidar sus políticas de producción y regulación de precios en el mercado internacional.  De esta manera, el país podría reconstruir una situación de equidad, de estabilidad y de beneficios justos, garantizando a sus ciudadanos un desarrollo basado en la redemocratización, la justicia socioeconómica y la realización de sus derechos sociales, económicos y culturales. 

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Notas 

 Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Jefe del Área de Geografía Departamento de Historia de América y Venezuela ULA. 

[1] Pedro Cunill Grau. Venezuela: Opciones Geográficas. Caracas: Grijalbo, 1993,  p.31    

[2] “La geopolítica constituye el estudio del entorno al que se enfrenta cada Estado cuando ha de determinar su propia estrategia: ese entorno es la presencia de otros Estados que también luchan por su supervivencia y la consecución de beneficios… la geopolítica es la influencia que ejerce la geografía en las divisiones humanas. Como dijo Napoleón, conocer la geografía de una nación es conocer su política exterior.” Robert Kaplan. La Venganza de la Geografía. La geografía marca el destino de las naciones. Madrid: RBA Libros, 2017, p.97

[3] El conocimiento de la dinámica socio territorial desde su origen –ocupación del espacio– en relación con sus restricciones y posibilidades para el crecimiento económico y con sus deficiencias y aspiraciones para el desarrollo social, facilita la comprensión no sólo de las estructuras políticas sino también de los elementos esenciales de carácter físico–natural y socioeconómico, sobre los cuales se asienta el ejercicio del poder del estado.El análisis de la dinámica de la población con sus estructuras demográficas, tamaño, crecimiento, movilidad espacial y funcionalidad de los asentamientos humanos es indispensable para saber a partir de cuándo, cuántos, dónde, qué hacen y cómo viven los habitantes dentro de su territorio.

[4] Arturo Uslar Pietri. Petróleo de vida o muerte. Caracas: Editorial Arte, 1966, pp.59-60

[5] “La visión de petróleo como riqueza efímera viene asociado a la idea de una Economía destructiva. En el pensamiento de Adriani esta asociación es definitiva. En un artículo si fecha, pero ciertamente escrito después de 1927 y titulado: La valoración del café en nuestra economía nacional, Adriani considera parcialmente beneficiosas las industrias extractivas, particularmente la del petróleo. En su opinión es una industria en manos extranjeras que no ha favorecido el incremento de nuestra agricultura, industria en manos de nacionales y base de la prosperidad permanente… Cuando se agoten las minas cuyos beneficios habían sido para extranjeros, el país deberá soportar los perjuicios… que impliquen la desmovilización de esas industrias. El petróleo definido como una mina cuya riqueza se agotaría tarde o temprano, y además, beneficiando fundamentalmente economías extranjeras, no permitía organizar estrategias a largo plazo.” María Sol Pérez Schael. Petróleo, Cultura y Poder en Venezuela. 2ª edición, Caracas: Los libros El Nacional, 2011, p.22. Ver: Alberto Adriani. Labor venezolanista. 2ª edición, Caracas: Tipografías Garrido, 1946.

[6] Rafael Arráiz Lucca. El petróleo en Venezuela: Una historia global. Caracas: Editorial Alfa, 2016, p.132  

[7] Germán Carrera Damas. Historia Contemporánea de Venezuela: Bases Metodológicas. 2ª Edición. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1979, pp.246-247  

[8] Rómulo Betancourt. El petróleo de Venezuela. México: Fondo de Cultura Económica, 1976, p.60 

[9] “En 1960 se creó en Bagdad la OPEP. Éste es un hecho de importancia histórica trascendental. Por primera vez, en el mundo moderno, un grupo de países que no tienen grandes acorazados, ni grandes flotillas de aviones, ni demás elementos bélicos, ni siquiera reservas monetarias cuantiosas, se unían para enfrentarse a las grandes potencias de Occidente y a las potencias del petróleo.” Rómulo Betancourt. El petróleo… p.30

[10] Originalmente estuvo integrada sólo por cinco miembros: Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela. Después se sumaron al organismo Qatar (1961), Libia e Indonesia (1962), Emiratos Arabes Unidos (1967), Argelia (1969), Nigeria (1971), Ecuador (1973) y Gabón (1974). Estos dos últimos países dejaron de ser miembros de la OPEP, debido a la disminución de sus volúmenes de exportación.

[11] “En verdad, durante la década de los años sesenta el papel de la OPEP no se hizo sentir demasiado, cosa que sí ocurrió a partir de 1973, cuando la organización subió los precios unilateralmente… Además, la ampliación del grupo inicial va a producirse durante la década de los setenta, ensanchándose así el monto de la producción mundial controlada por la organización.” Rafael Arráiz Lucca. El petróleo… p.207  

[12] Juan Pablo, Pérez Alfonzo. “Debate sobre petróleo con el doctor Arturo Uslar Pietri (Un programa realizado en Radio Caracas TV el 7 de mayo de 1963, moderado por el señor Carlos Rangel Guevara)”. En: Arturo Uslar Pietri. Petróleo de vida o muerte. Caracas: Editorial Arte, 1966, pp.63-123, p.103

[13] “…defendemos el petróleo para recibir lo más posible y tratar de invertirlo lo mejor posible. Pero sucede, como sucede también con las familias y los individuaos, que el dinero que no se ha trabajado, que se hereda o se encuentra como un tesoro, es muy difícil emplearlo bien.” Juan Pablo, Pérez Alfonzo. Ibidem.  p.102

 


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