Se cocina la rana
Escrito por Williams Caballero | @wcaballerolopez   
Miércoles, 14 de Abril de 2021 04:40

altSi colocas una rana a fuego lento, ella se va adaptando a los cambio de clima hasta que ¡Zuas! Se cocina”…

Pareciera que esta premisa aplica en el caso venezolano, pues cada día que pasa los ciudadanos de este país  muestran su capacidad de adaptación a los cambios económicos. 

El venezolano en este momento, en medio de la segunda ola del Coronavirus, ha demostrado que es capaz de buscar las formas de sobrevivir a los cambios que permanentemente lo acosan. 

A estas alturas los venezolanos ya han sobrevivido a la quiebra de las empresas de toda índole, a la destrucción de Pdvsa, al desabastecimiento de alimentos, a la escasez de medicamentos, a tres reconversiones monetarias, a la dolarización de hecho de la economía. Y en cada etapa, el venezolano busca la forma de mutar y avanzar. 

Es increíble – desde el punto de vista económico – ver como el venezolano se aclimata a todas las diversas distorsiones que sufre la economía; durante 20 años pasamos de ser un país con una moneda aún representativa, a un bolívar simbólico y que solo quedó para los “picos” de centavo de las transacciones en dólares.

Pasamos de una economía con vestigios de industrialización, a la economía de puertos. Pasamos de la economía de Centros Comerciales a los de Bodegones y Market; pasamos de una clase media con planes, al negocio del rebusque constantes y persistente. 

Hoy en día, desde el albañil hasta el doctor, todo cobran en dólares; e incluso en un país donde nadie sembraba, porque no era necesario hacerlo, pasamos a un país donde el que puede tratar de sembrar algo, porque “la cosa se puede poner peor”. 

El venezolano posee una creatividad fundamental, es por ello que el país aún no baja su Santamaría, pues, con brío y mucha valentía existe un sector productivo (de venezolanos con edad de trabajar) que no cesan, que no se rinden. 

Es por ello, que usted va a un centro de expendio de alimentos y el menos pintado posee dólares en su bolsillo; y compra la comida de la semana con 10 o con 20 dólares. 

Y, a pesar de la pandemia que trastocó mucho la última adaptación económica – la dolarización de hecho de la sociedad – por encima de ello, existe una movilidad y flujo de caja impresionante, y ya no podemos afirmar que sea producto de las remesas del exterior, pues la humanidad está prácticamente paralizada por los efectos terribles, en el aspecto humano y económico, de la pandemia del Covid-19.

El venezolano se viene adaptando, a la crisis económica y monetaria; el venezolano sigue trabajando, por lo menos los que se han quedado, debido a que hay un sector que ha optado por empacar su vida e irse con 2 maletas a cuesta.

En su momento el venezolano fue bachaquero, taxista, obrero, vendedor de celular, hacía lo que sea y como sea, con tal de sobrellevar la situación y de mantener su “nivel”, el cual – por encima de todos los problemas – lo mantienen, si es que aplica el término.

Lo preocupante es responder a la pregunta ¿en qué punto se cocina la rana? ¿Hasta dónde aguantará el venezolano? ¿Y si resiste más, hasta qué punto llegará la situación económica, política y social de Venezuela? 

A veces aguantar tanto, el ser adaptable puede convertirse en una prolongación del mal. 

Se tenía que decir y se dijo.

 


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