Secuestro de la privacidad, secuestro de la libertad
Escrito por Santiago Quintero   
Miércoles, 01 de Julio de 2009 08:44

Curioso que un ciudadano de a pie vote para que lo espíen. Además que su voto sea interpretado como una luz verde para que lo expropien, es decir, para que pierda su propiedad privada, porque a una asamblea de autonotables votados se les haya ocurrido legislar, contra la más elemental jurisprudencia, para expropiar al ciudadano de sus derechos individuales a favor de unos colectivos bien difusos y neblinosos, que sólo son capaces de definir los grupos que se benefician de la peonada en que han convertido a lo que llaman pueblo.


Curioso que un ciudadano con uniforme o no, apruebe la antinomia autocrática que lo “vigilen”, lo sigan y lo acosen desde un poder público que debería servirlo respetando su integridad y no servirse a sí mismo. Cuando el pueblo deja de ser hombre que ama su propiedad privada, que ganó con su esfuerzo porque nadie se la regaló; cuando el pueblo deja de ser mujer, privado de su privacidad y de su intimidad sometidas inmisericordemente a un abyecto escarnio público, se convierte en un cascarón vacío huérfano de derechos, se convierte en una entelequia que puede ser colocada en cualquier sitio. Cuando al pueblo se le extrae el ser humano que lleva dentro lo convierten en un cartabón al que no le cabe una idea más de la que expresa un oscuro grafitti: una idea sin voz, una idea sin conciencia, un concepto neonato que muere sin respirar el oxígeno de la vida.

¡Tiempos magros estos del silencio ciudadano! ¡Menudo callejón sin salida nos dejaron esos que ya se fueron, pensando en crear un poder sin Constitución, un país sin Ley! ¡Menudo país aquél cuyos redentores viven de la violación a la Constitución que es la violación al pueblo! Curioso que alguien pueda decir que la desaparición progresiva y creciente de los derechos individuales es institucionalidad. Que se pretenda decir que la cuartelización de un país, de una nación, de una cultura es la Sociedad del Siglo XXI. Menudo gran hermano es el poder absoluto. Sigue viviendo y seguirá viviendo de la patria que disfraza de Diablo de Yare cada vez que le da la gana, porque aspira permanentemente al favor incondicional de una folklórica ignorancia.

Ésta es sin duda la hora menguada de las ranas que decidieron por comodidad, vivir chantajeadas por el Escorpión que se les montó encima, que las viola cada vez que le da su alacrana gana. Porque eso es lo que hay que esperar de un Escorpión. Que haga drenar su fatídico veneno en una patria muda a la fuerza, amordazada para que calle su grito de dolor, su protesta, su inconformidad. Pero para el poder, nuevo dios al que los pusilánimes le rezan el Padre Nuestro porque les da el pan de cada día, la inconformidad es alta traición. Es crimen de primer orden, es delito lesa patria. El disenso, el principio activo de cualquier democracia que se precie de serla, es reo del pecado capital de contrariar al Becerro de Oro del Poder, que hace emborrachar a sus acólitos en una bacanal antropófaga, que devora hombres y mujeres por igual, cual Saturno enloquecido por la posibilidad que las piedras hablen lo que los humanos callan.

Saturno órate devora a sus hijos. En su ignominiosa exhibición egocéntrica y megalómana, autoreplicante de endogamia endógena, cela hasta el centimetraje de los muertos porque le producen la misma nausea que los símbolos que no se arrodillan. Cela la noticia que tenga más eco que la realidad que quiere imponer secuestrando el espectro radioeléctrico a sus vísceras que cree inmortales. Él, el cegado por la Gloria; él, el pequeño hombre que reina a través de la miseria de otros hombres, no sabe que ninguna Gloria escribirá su epitafio porque sus restos solo serán merecedores de la pugna de los buitres cuando pelean la carroña que ha dejado huérfana de culto el desprecio. Sólo la humildad de corazón ennoblece y no la violencia disfrazada de humildad para aumentar sus crímenes.

 

¿Acaso cuesta tanto la solidaridad sin odio, la grandeza sin resentimiento, la consideración, el respeto, cuesta tanto hablar sin groserías, expresarse como el hombre de bien merece y la mujer de cualquier condición reclama? ¿Cuesta tanto respetar lo que ganó el estudio, el sacrificio, el trabajo de una vida, el patrimonio de una familia? ¿Cual Olimpo Glorioso pretendes Saturno, si guillotinaste a tu padre, traicionaste a tus hermanos, violentaste tu casa, deshonraste a tu familia y te devoras a tus hijos? ¿Qué Gloria es esa que pretendes levantar escuchando el teléfono que no te invita, forjando la carta que no te envían, el mensaje que no te remiten? Aprende, Saturno, a ser humilde y respetuoso, porque cada quien tiene un universo distinto al tuyo y no eres centro sino del tuyo propio. Vas a reventar de ambición, de embolia de poder. Tiempo es que seas humilde y respetuoso con tu pueblo para que no sigas defraudando a los que te consideraron parte de su redención. No sigas sembrando odios porque quien siembra odios, odios cosecha. No esperes otro fruto distinto a lo que siembras. No eres más que los otros porque tengas un cargo y un título. Sólo te estimará aquél que respetes y ese, créelo, es el único aprecio sincero de todos los que te pueda ofrecer el mundo. Aprende a ser un humilde, buen ciudadano, si no puedes serlo porque tu ego es mayor, te queda grande la Historia para hacerte un gran hombre.


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