A Miraflores
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Jueves, 26 de Mayo de 2022 08:14

altContinúa la creación de confusión política a la hora de encaminar la pelea indispensable, diaria, por los derechos laborales conculcados en Venezuela.

No se puede obviar todo el contexto a la hora de la propiciación de cerebros confusos para el entendimiento de como y con quien se juega este juego macabro. 

En Venezuela existe un régimen de facto que sin lugar a dudas maneja buena parte del Estado y frente a ese estado de cosas una Asamblea Nacional, electa en 2015, que evita en buena medida el totalitarismo que busca extenderse a toda la sociedad para terminar de doblegarla. La tiranía hace años viene jugando con el hambre como mecanismo que le ha dado resultado casi óptimo para el control social. Encima de todo ello es de suponerse que se realizarán pronto unas elecciones presidenciales, esas que, si todo fuera normal, se celebrarían en 2024. El régimen del terror de Nicolás Maduro no ha cambiado, es el mismo con renovados intereses. Busca legitimidad porque sabe bien que de ella carece. Al punto que no será invitado - por desconocido- a la Cumbre de las Américas. También la Comunidad Europea ratificó, luego de escuchar nuevamente a Juan Guaidó, que es este último el mandatario que reconoce como interlocutor válido. 

Así las cosas, los trabajadores venezolanos a la par de luchar contra la imposición de salarios mínimos, entre otras variantes para ello ha venido reiteradamente al país la Organización Internacional del Trabajo, por el despropósito de no establecerse reunión tripartita alguna para los aspectos laborales, pero bien, los trabajadores, decía,  padecimos desde la segunda quincena de marzo otro ajuste de sueldos según el criterio único del despota, para completar el absurdo panorama a un gran número de empleados de la administración pública se nos redujo o se nos desconoció el sueldo correspondiente. Esto incluye a los universitarios. En la Universidad Simón Bolívar aprobaron e hicieron oficial un sueldo en una quincena y en la otra nos despojaron de el. Todo esto con el agravante de que ninguno de esos sueldos alcanza para cubrir los gastos de una vida digna. El régimen del terror cifra sus excusas en las manidas sanciones internacionales. Pero los universitarios sabemos bien, tanto como los demás trabajadores que eso no es verdad. En las universidades, al menos en dos de ellas, UCV y USB, funciona un Plan Universidad Bella cuyos gastos incontrolados superan en mucho el presupuesto asignado a toda la universidad venezolana. Falta de dinero no es el problema sino control social y político, desde luego. 

Quienes adversamos abiertamente al régimen de Nicolás Maduro, respaldamos a la Asamblea Nacional electa en 2015, y, con ella a Juan Guaidó como presidente encargado de la República, junto a EEUU y otros innúmeros países del mundo. Obviamente que desde Miraflores buscan descalificar permanentemente esa Asamblea y a Juan Guiadó. Mal podemos navegar sin desconcierto y sin vergüenza ambas aguas. Muy mal podemos estar un día en una asamblea con uno y por algún interés particular del momento aparecer sonrientes abrazando y sonriendo en la otra. La lucha es contra Maduro y su régimen despótico, no con el. No con ese que ha despreciado permanente y sistemáticamente a los trabajadores y, ahora, luego de que hasta nos bajó el sueldo, vamos a ir a buscar ser atendidos y reconocidos, reconociéndolo. 

Desde luego que a Maduro le interesa y mucho que los trabajadores lo reconozcamos, lo legítimemos en esta coyuntura política. Su desprecio no va a cambiar, lo que cambia son las circunstancias en la que ese desprecio se manifiesta. Legitimar a Maduro es darle cancha para una eventual permanencia suya en el poder. Se llega a Miraflores, el espacio vedado, esta vez por la sencilla razón de que al régimen esa acción le conviene y así lo pauta, como medida previa para la entrega de algún beneficio. Eso no significa que ahora sí va a reconocer los derechos laborales de los trabajadores. Eso no significa que mejorará los sueldos, que pensará en el trabajo decente estatuido en la OIT, o que mejorará adecuadamente el sistema de atención de la salud o cualesquiera otro de los componentes de la seguridad social. Eso solo significa que nos usa para su cometido electoral y de la peor manera. 

Ir a Miraflores es entregarse, reconocer y legitimar al déspota que ha doblegado a los trabajadores venezolanos todos estos años. Miraflores no traerá la solución hasta que alguien más ocupe el palacio. La orientación política es indispensable en estos tan oscuros momentos para los trabajadores y el país. 


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