Todo empieza y termina con la gente
Escrito por Vianney del Valle Vallenilla Peña   
Jueves, 06 de Agosto de 2009 07:19

altLa gente, ¡qué gran complejidad! Filosofía, que nunca se termina de estudiar. Cada día sorprenden más las diferentes reacciones que de la gente se puede captar. Llanto enjugado  con  risa, angustia inspirada en la paz, soledad en plena compañía, silentes gritos que se quieren escuchar. La vanidad, desdoblándose en acciones, que hacen ruborizar a la humildad. Erudición socavada por la codicia, la comodidad  y el desinterés. Insipiencia queriendo figurar con actitudes y expresiones que no logran esconder  la opacidad propia. Gente que se encuentra donde aún no debe estar y otras, que se desvirtúan y desvanecen en escenarios no idóneos  para su condición profesional.


Sí, todo es producto de la gente Es la gente que genera  los cambios, que hace la guerra, pero también la paz, que en ocasiones hunde al prójimo, y  en otras, lo ayuda a levantar. Que a veces calla, cuando quiere hablar, que baja la mirada para que ésta no lo vaya a denunciar, que desvía el rostro para no observar aquello que no comparte, pero que debe aceptar. 


La gente está en las empresas, en las calles, plazas, iglesias, tribunales, cárceles, tiendas, es decir en todos los lugares, mas  cuán difícil es la integración, el comprender al semejante, el practicar la comprensión, el lograr empatía,  la solidaridad y unión. ¿Qué está sucediendo?, ¿Podremos detener el deterioro humano? ¿De qué sirven  tantos adelantos, tecnología, desarrollo y crecimiento global, si el comportamiento de algunas gentes dejan mucho que desear, y esas indeseadas actitudes a muchos otros, logra contaminar como una pandemia que no es fácil erradicar. La gente hace, la gente deja de hacer, todo es cuestión de reflexionar un poco, retomar y fortalecer los principios y valores que permitirán un renacer.


Definitivamente la génesis y l fin es  con la gente, pero con un tipo de gente que acciona, que ha comprendido desde lo más profundo de su interior que todos debemos atender al llamado, a la misión que la vida nos encomendó.  Seres capaces de forjar cambios, pioneros del futuro, hacedores de verdades, visionarios de desarrollo, paladines de la rectitud, voceros del optimismo, sembradores de justicia y líderes por convicción, que reconozca que la estadía en este mundo debe ser fértil y  honrosa, que sus pasos   dejen huellas bien marcadas para las generaciones que vendrán.


Gente,  que  debe atender lo suyo, para procurar siempre el bien, dar lo mejor de sí, esté donde esté, pues el espacio es infinito y nadie permanece  en el mismo lugar. Gente que se gane lo que desee subiendo hasta su propia cima, que no atropelle  a otros para ascender, que considere al respeto de los demás como una condición de vida que ayuda a fortalecer el crecimiento y la dignidad entre los hombres.


Por ello, antes de atender los  asuntos técnicos, se debe dar prioridad  a lo relacionado con   la condición humana, a depurar al individuo de esos prejuicios, antivalores y  obsoletos paradigmas que en vez de ayudar lo que hacen es destruir y dañar lo que encuentra a su paso, porque es natural que las personas se desenvuelvan de acuerdo con sus costumbres, crianzas, conocimientos y experiencias, aunque no sean las mejores, simplemente no conoce otras. Por ello, una persona, puede ser excelente en sus condiciones profesionales, no obstante en su perfil humano rompe con la armonía del grupo, asumiendo actitudes contrarias a las buenas relaciones interpersonales y eso, sin duda, crea un ambiente hostil, de rechazo e impotencia, lo que conlleva a la desmotivación, la displicencia y pérdida de confiabilidad de los que se encuentran en su equipo. A nadie le agrada que:


•    Lo desautoricen en  su área de trabajo
•    L o critiquen en público,
•    Se le  irrespete su condición natural
•    se menosprecien las labores que realiza
•    No se le considere como alguien valioso
•    No se le reconozca su dedicación y esfuerzo


Este es un asunto que amerita mucha atención, por parte de los directivos y niveles gerenciales,  pues cuando en las organizaciones se soslayan estas situaciones, el efecto negativo    se desproporciona y los tentáculos de las actitudes no adecuadas llegan hasta  niveles incalculables, trayendo como consecuencia incumplimiento, anarquía, sabotaje e  insubordinación, nada sano para una empresa o institución. 


En consecuencia, revisemos nuestras propias actitudes y coadyuvemos con el cambio en los demás. Se pueden lograr cosas maravillosas de las personas, si sólo los tratamos como gente. La autoridad, el respeto y la consideración de la gente se ganan, no se impone



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