Dos alcaldes que no merecen serlo
Escrito por Antonio Ecarri Bolívar   
Viernes, 10 de Julio de 2009 07:09

altDespués de consumado el hecho bochornoso de atacar las oficinas del diario Notitarde en Puerto Cabello, por parte de una turba dirigida por el Alcalde de esa ciudad, quedamos asombrados e indignados con esa torpe acción que violenta los más elementales derechos humanos y pretende coartar la libertad de opinión e información en el litoral carabobeño. Sin embargo, aunque quedáramos estupefactos, le atribuimos la primitiva y salvaje acción a la inmadurez del señor Lacava, por ser un hombre joven y de poco tiempo en el desempeño de la actividad política, aunque por supuesto nada justifica el hecho abominable por él ejecutado.

Ahora bien, creyendo tontamente que la salvajada porteña se debía a la inmadurez del Alcalde, el asombro de lo ocurrido en las instalaciones de este diario, por parte de turbas dirigidas por el Alcalde de Valencia, nos dejó perplejos, pero convencidos que se trata de una política dirigida por los sectores más primitivos del oficialismo. Estos insensatos lejos de ayudar al avance de su “revolución” la han perjudicado sin remedio, porque han dejado ver la cara oculta de su política gorila, pues después de el asalto a El Carabobeño ha quedado en el ambiente de esta ciudad, cuna de Miguel Peña, Pocaterra y Michelena, un fuerte olor a jungla y la sensación de haber entrado en el túnel del tiempo, trasladándonos a la época de la danza de la muerte del tirano Boves, quien se solazaba con el dolor ajeno amenizando sus ejecutorias mortales al son del “piquirico”.

Al señor que trabaja al frente de la Alcaldía porteña no lo conozco -después de esta salvaje acción tampoco quiero conocerlo- pero sé que es un hombre joven aunque de mente troglodita, sin lugar a dudas; en cambio, a quien se desempeña como jefe de la Alcaldía de esta ciudad lo conozco hace más de cuarenta años, cuando ambos siendo unos imberbes desempeñábamos la dirección del Centro de Estudiantes del Liceo Martín J. Sanabria junto a Efraín Daza Yépez, después lo vimos (durante la cuarta) desempeñándose en partidos e instituciones democráticas sin esos ímpetus pandilleros. Por estas razones no lo podemos exonerar de responsabilidad, con el argumento de la juventud, pues teniendo esa provecta edad le queda feo ponerse al frente de unos mal vivientes para agredir a un medio de comunicación, tan querido por los carabobeños que no necesitaría siquiera de empresa que lo distribuya en sus casi 76 años de existencia.

Es inaudito que los Alcaldes Lacava y Parra se presten a este sucio, fascista y macabro plan de pretender atemorizar a los medios de comunicación social acompañados de hordas de violentos, de policías municipales vestidos de civil y de militantes de su organización política para torcer la línea editorial independiente que mantienen estos dos importantes diarios de Carabobo. Sobre todo, al pretender que se informe de los sucesos acaecidos en la hermana República de Honduras sólo con el lado del prisma por donde ve, cree y opina el “mandamás” de todos ellos.

Habría que preguntarle a estos dos Alcaldes ¿cuál sería su posición si, por ejemplo, Acción Democrática lleva sus militantes a agredir al diario oficialista VEA por que su línea editorial no es de nuestro agrado? Ciertamente no nos agrada la línea editorial de VEA, ni del canal de televisión que debería ser de todos los venezolanos, como es Venezolana de Televisión, pero el respeto por la tolerancia, la diversidad y el pluralismo nos impide realizar actos salvajes del mismo tenor que los desarrollados por los Alcaldes de Puerto Cabello y Valencia.

Estos alcaldes, con esa mentalidad de atropello, nos deben hacer recordar cuál es la razón por la cual se encuentran en esas posiciones de gobierno local y no es otra que la desunión que hubo en los sectores democráticos por ambiciones desmedidas de unos pocos. Como resarcimiento a los ciudadanos de Carabobo, por esos garrafales errores cometidos, debemos unir a todos los demócratas para salir a luchar en defensa de la libertad de expresión.

Si estos alcaldes continúan con sus actos de intolerancia agresiva y primitiva, nos obligaría, a los demócratas de Valencia y Puerto Cabello, a comenzar a trabajar para salir de ellos antes de que se venza el tiempo de sus respectivos mandatos, es decir, que tan pronto como cumplan con el requisito temporal de ley, exijamos revocarlos por no ser dignos de dirigir las Alcaldías, de nuestras dos ciudades, llenas de orgullo por las páginas de la mejor historia patria que han escrito.

Ahora más que nunca las consignas justas son: Unidad, para defender la libertad de información en la lucha cotidiana y, unidad, para defenestrar a quienes no merecen dirigir a tanta gente sensata y pluralista formada en la civilidad del sistema democrático de gobierno.


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