De un rapto relojeril
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 08 de Noviembre de 2021 00:00

altVimos varias, pero no dio tiempo para movernos y tomar la nuestra.

Nos pareció mejor fotografía la de la joven antropóloga Nashla Báez, amiga facebookeana de bastante tiempo: a media distancia, parecen los andamios el esqueleto dejado por el reloj de la Universidad Central de Venezuela, raptado seguramente con nocturnidad, como si lo hiciesen con el propio tiempo del que da cuenta.

Cierto, no funcionaba, como no lo ha hecho la casa de estudios tan injustamente castigada por la falta del debido presupuesto. Empero, desaparece arteramente y solo priva la presunción de los arreglos y otros remiendos que la tiranía hace. 

A muchos no les importa, por muy simbólica que sea la pieza. La dirigencia universitaria tampoco denuncia con la contundencia que merece, el hecho.

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Hay quienes, a través de las redes, muestran su contentura por la impermeabilización de los techos, el movimiento de la maquinaria, las manos de pintura, el brillo de los pisos. No les importa el precio del tan particular allanamiento y la elegante violación del recinto universitario de los que, faltando poco, la usurpación por siempre espera el gesto  agradecido, aunque auspició y toleró las detonaciones que produjeron daños, años atrás, en el patrimonio histórico de la humanidad.

En el país de la (auto) censura, la persecución y la represión, no hay tribunal que ventile y dirima la tragedia, o la ocasión para ampararse. Ni siquiera la propia universidad decide sobre sí misma, por mucha Facultad de Arquitectura y Urbanismo que tenga, y escuelas de ingeniería ostente: Maduro Moros prepara su fiesta tricentenaria.


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Última actualización el Domingo, 07 de Noviembre de 2021 19:30
 
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