Auge de la Gran Colombia
Escrito por Dr. Ángel R. Lombardi | @lombardiboscan   

altHay fechas y años coincidentes que sirven como punto de partida, y encrucijada a la vez, cuando se trata de comparar distintos procesos históricos. En 1823 Francisco Tomás Morales, último Capitán General de Venezuela, firmó la Capitulación de Maracaibo, poniendo fin a la presencia realista sobre Venezuela. En ese mismo año en los Estados Unidos se proclamó la archi conocida Doctrina Monroe: “América para los Americanos”, que en cristiano significó que los Estados Unidos se abrogaban el derecho unilateral de imponer sus designios imperiales sobre todo el continente, desde Nueva York hasta la Patagonia.

El mensaje tenía dos destinatarios: Inglaterra junto a cualquier otra potencia europea con ansias de sustituir al viejo y declinante Imperio Hispano; aunque por otro lado, también se le enviaba una advertencia nada indisimulada a las nuevas potencias emergentes, representada en éste caso, por una Gran Colombia militarmente temible, cuyos ejércitos republicanos se venían enseñoreando por toda la gran comarca del Sur, derribando los últimos reductos españoles y pro monárquicos. En la Batalla de Ayacucho (1824), el General Sucre, logró la más esplendida victoria de todas las muchas que se obtuvieron, sellando la liberación de prácticamente toda la América del Sur.

Desde entonces una gran potencia territorial, económica, demográfica y militar se vislumbraba promisoria en el Sur: la Gran Colombia. Los llamados “Ejércitos Libertadores” habían derrotado a uno de los Imperios coloniales más portentosos que ha dado la Historia. El posicionamiento de Bolívar y la coalición de venezolanos, neogranadinos y quiteños fueron en ese entonces tan determinantes, que el otro Libertador del Sur, el General San Martín, tuvo que recular con sus fuerzas luego de la célebre y misteriosa “Entrevista de Guayaquil”. El formidable dispositivo gran colombiano representó la fuerza militar de mayor disuasión entre los años 1821 y 1827 a lo largo y ancho de todo el  continente americano.

Las fuerzas bolivarianas estuvieron prestas a marchar hasta el más extremo Sur como árbitro de fuerza para mediar entre las disputas de brasileños y argentinos. De igual forma sabemos del proyecto de Bolívar de organizar una expedición armada para la conquista de Cuba y Puerto Rico, últimos bastiones de España en América. El General Bolívar y la oficialidad venezolana de ese entonces se constituyeron en el ente geopolítico de mayor relevancia de la América del Sur y del Caribe.

Hubo momentos, en que bajo el impacto de la fuerza y la arbitrariedad, los ejércitos gran colombianos pasaron de libertadores a conquistadores. Tal fue el caso del Virreinato del Perú despojado de una porción territorial nada desdeñable, la hoy Bolivia y en ese entonces el llamado Alto Perú. Bolívar y sus soldados modificaron la geografía continental aplicando una lógica de poder cuyo propósito fue el de garantizar la preservación de la Independencia recién conquistada y el engrandecimiento de los connacionales.

A la dirigencia política y diplomática estadounidense, también con su particular proceso de expansión y de consolidación de espacios ganados a los vecinos, no se le escapó el hecho de vislumbrar un futuro e hipotético enfrentamiento con ese gran coloso que había surgido en el Sur. Lamentablemente el proyecto de la Gran Colombia duró el mismo tiempo en vida que su principal mentor, y nadie, entre sus herederos, fue capaz de relanzar tan extraordinaria idea. Hoy, luego de doscientos años, miramos ese pasado de grandeza con nostalgia, y bajo la impronta de mitos y leyendas encubridoras.

Director del Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia


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