La geografía histórica en el anhelo de una cosmografía de progreso y bien común
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   
Lunes, 22 de Noviembre de 2021 00:00

alt“Lo que constituye el soporte de nuestro marco de vida es el conocimiento

dirigido hacia la acción del espacio geográfico.”1

El estudio de la geografía histórica es la correspondencia del paisaje unido a la participación del hombre en los territorios: las viviendas y su congregación en pueblos, villas o ciudades, los espacios humanizados, los caminos y las vías de comunicación. Los paisajes exponen correlaciones entre sus cosmos. Las casas se agrupan al pie de las depresiones, en la punta de una colina, al borde de un río o cerca de una confluencia; los campos de sembradíos abiertos, están acompañados de poblaciones; y de parcelas irregulares que rodean viviendas dispersas.

Se impone la necesidad de estudiar las afinidades que el paisaje sugiere; y con frecuencia la primera cavilación recaerá sobre las relaciones entre los elementos físicos y humanos. Superado el determinismo geográfico decimonónico, podemos insistir en que los hechos humanos no tienen una relación simple con su fundamento natural; lo tienen en cuenta, pero no se explican directamente por ellos. Comprender los paisajes exige recurrir al conjunto de estrategias por las que vivimos en el mundo que nos rodea.

La comprensión de los paisajes requiere de un distanciamiento que permita hacer comparaciones, indispensables para resaltar hasta qué punto pueden ser diferentes los paisajes humanos en condiciones físicas parecidas. El escepticismo comparativo asegura el progreso del conocimiento y subraya la necesidad, para explicar la diversidad de los paisajes, de apelar a la variedad de los conocimientos empleados por el hombre para resolver los problemas de subsistencia y de organización espaciales. He aquí la esencia misma del estudio del territorio: el sentimiento conjugado de la unidad espacial y de la variedad de los paisajes.

Muchos aspectos del paisaje pueden no depender de la civilización imperante, sino de una o de muchas civilizaciones anteriores. Hoy pareciera absurdo que la ciudad más avanzada tecnológicamente pudiera estar afectada por la realidad del deterioro del medio físico. Por otra parte, las técnicas, nacidas en uno o muchos puntos de la superficie terrestre, han viajado profusamente y se ejercitan en medios físicos diferentes a su lugar de origen. De esta manera la Geohistoria no se hace ni se aprende sólo por la observación del terreno: es precisa, pero resulta fácilmente irreal si no va aclarada por la comparación crítica, el conocimiento de la historia y el de los centros poblados. El paisaje debe ser entonces sometido a juicio, pues no contiene en sí mismo sus propias explicaciones.

Todo paisaje humano es una agrupación de problemas, por lo que el estudio de la geografía histórica da la posibilidad de adquirir el conocimiento y el anhelo de reducir ese conglomerado de dificultades. De aquí nace el requerimiento del estudio regional, en una visión multidisciplinar desde lo geográfico, económico, demográfico, hasta lo histórico. Desde esta perspectiva, una región válida sería aquélla donde reinase una particular homogeneidad de problemas y este lugar encontraría sus límites cuando se estableciese otro conjunto equilibrado de soluciones paisajistas. Es una tarea seductora que nos debe sensibilizar al miramiento de los paisajes, no aceptando las apariencias y buscando las razones que explican el uso racional y óptimo de los recursos. Esta búsqueda es particularmente acuciante en una época que se inquieta, legítimamente, por las relaciones del hombre con el paisaje que le rodea. La geografía histórica abre una posibilidad para la  inteligibilidad de los problemas del medio ambiente, dando una idea justa del papel representado por la civilización en el paisaje. Pero además, aporta a que lo hecho por una civilización acaso no pueda ser modificado; evitando posibles alteraciones que supongan degradaciones nefastas para el paisaje. 

Es preponderante inculcar en nuestras sociedades una visión del paisaje que procura ser racional. Pertenecemos al mundo que nos rodea, y al mismo tiempo nos corresponde considerar ese cosmos con una actitud crítica. El paisaje es un conjunto de problemas y la conciencia que tomamos del paisaje en su profundidad histórica y física es una herramienta indispensable que vale la pena abordar, desde la misión de inculcar una geografía histórica coherente y racional con respecto al espacio geográfico local – nacional – regional-mundial.

 

[1] Oliver Dollfus. El espacio geográfico. Barcelona: Oikos-tau, 1976, p.124

 


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