A medio cupón de la historia como fuente de ciudadanía
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   
Viernes, 12 de Noviembre de 2021 00:00

alt“Una nación no es solo una suma de territorios y recursos naturales, sino la voluntad dirigida, aquella conciencia poblada

de previsión y de pensamiento que desde los días de hoy avizora los problemas de mañana.”[1]

Mariano Picón Salas

Hay historiadores que viven la historia en el tiempo y hay historiadores que perciben la historia en el espacio. Pero hay historiadores que simultáneamente la proyectan en el tiempo y la sitúan en el espacio, asumiendo la difícil tarea de dialogar con lo contemporáneo. Para los científicos sociales que intentamos comprender la historia de esta manera, nuestros países se convierten en un reto constante que implica la propia vida. 

El 25 de octubre de 2021, cumplió años un buen amigo al que consideramos el más importante de nuestra generación de historiadores. Ya debe estar cerca del “medio cupón”, es decir, del medio siglo de existencia; lo cual es mucho y es poco -“un pedacito de pasado que transita un presente y proyecta un futuro”, parafraseando a Fernand Braudel en sus Escritos sobre historia de la larga duración-.  Un buen regalo de cumpleaños sería degustar una carne asada al estilo argentino, con una entre mesa del mejor licor escocés. Pero en ausencia de esta posibilidad, aprovechamos el alcance que nos permiten los hilos de Twitter para citar una excelente visión que compartimos con él: el Doctor e Individuo de la Academia Nacional de la Historia Don Tomás Straka, quien en su discurso de incorporación del 21 de julio de 2016 se expresa en estos términos sobre La historia como fuente de ciudadanía:

"El escudo de esta corporación tiene como lema el de La historia es verdad y es justicia. Sobre esta frase presenta a una sosegada Clío con un libro en las manos. En otras representaciones la musa aparece con un clarín para sonarlo en la gloria o callarlo en el oprobio. Hoy los historiadores concebimos nuestro oficio como el de comprender y no como el de juzgar; queremos ser como los sabios y no como los jueces... Consideramos que el acto de juzgar es cosa de los ciudadanos y que nuestros estudios son unas referencias que ponemos a sus apenas disposición para ello. Incluso cuando la justicia requiere de nuestros servicios, como tantas veces ha pasado en las comisiones de la memoria y de la reconciliación organizadas después de guerras, genocidios y dictaduras, sabemos que donde termina nuestro trabajo empieza el del juez. Digamos, entonces, que la historia ayuda a la justicia, pero no es la justicia. Y es precisamente por eso la otra parte del lema ha aumentado su peso. Los jueces se basan en estos informes porque los consideran fuente de verdad. Esa verdadera historia que allana la justicia... la verdad que rompe el velo de los mitos y de las falsedades que en ocasiones orquesta el poder; que desentraña lo oculto por el criminal que quiere borrar sus huellas, que determina qué es falsificación y qué es legítimo... la posibilidad de la verdad, el problema de cómo acercarse lo más posible a ella, ha sido un tema de constantes preocupaciones para los historiadores."[2]

En los actuales momentos, cuando la desesperanza y la escasez dominan el presente y el futuro advierte ´bochinche´, la visión del pasado adquiere un resplandor que hace aún más notable su valor. Esto despierta la conciencia de que cada realidad se nutre del contraste entre lo precedente y el porvenir, tan distinta del mecanismo de la ideología y su proyección manipulativa del conocimiento histórico. Todo ello expresado en un ordenamiento político republicano, generador de Bien común y Estado de Derecho.

La ignorancia ciudadana de la historia ha dificultado la comprensión de que la actual crisis política venezolana no es transitoria ni dejará de existir pronto. Mirar críticamente el pasado puede arrojar luces sobre la realidad contemporánea de manera más efectiva de lo que podemos intuir o imaginar. Hoy celebramos el “medio cupón” de un historiador que con su trabajo nos ha hecho entender que desde los distintos matices del paisaje político venezolano se puede crear un lugar de pertenencia, procedencia y permanencia que nos haga querer cada día más a nuestra Venezuela. 

                        

Notas

[1] Mariano Picón Salas. “Rumbo y problemática de nuestra historia (Discurso de recepción en la Academia Nacional de Historia).” En: Marino Picón Salas.  Obras Selectas. Caracas: Edime, 1962, pp.129-144, p.143

[2] Tomás Straka. LA HISTORIA COMO FUENTE DE CIUDADANIA. Caracas: Konrad Adenauer Stiftung, Universidad Católica Andrés Bello, Academia Nacional de la Historia, 2016, pp. 20-21


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