El binomio espacio + tiempo = geografía histórica
Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio   

alt“Una nación no es solo una suma de territorios y recursos naturales, sino la voluntad dirigida, aquella conciencia poblada de previsión

y de pensamiento que desde los días de hoy avizora los problemas de mañana.”[1]

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La historia de un país es una visión unificadora de su pasado y de su presente, como plataforma de análisis para proyectar su futuro. Desde que nace hasta que muere, el hombre y las sociedades tienen lecturas de su espacio de vida. Un cierto mapa geográfico rodea su existencia, establece límites tanto en el horizonte como en su propia mirada. Es por eso que la relación entre el espacio, el modo de vida y el ambiente cotidiano; constituye el fundamento de la geografía humana. 

El historiador, por su parte, trabaja con el espacio como ámbito de vida de los hombres, y piensa todas las relaciones que surgen dentro de él como socio-espaciales. De esta manera, usos, costumbres, tradiciones, contingencias, rituales, relaciones lúdicas y –en general- todas las expresiones de la cotidianidad; pasan a ser consideradas de un modo cartográfico (es decir, representables a través de mapas), aunque se salgan del esquema tradicional del conocimiento tal como es entendido en l disciplina geográfica. En este sentido, la geografía histórica establece una nueva lectura de la relación hombre-espacio, accediendo a un dispositivo que permite sistematizarla, a una estructura de razonamiento que permite leer el ámbito humano como parte de una relación entre Espacio + Tiempo. 

En este sentido, el mapa es el instrumento que sitúa al hombre en un contexto (lo aísla, lo limita), que establece las fronteras sociales, económicas, ambientales y físicas sobre las cuales se forman las relaciones diferenciadoras de una sociedad; es decir, las identidades. Allí es donde el saber geográfico y el saber histórico se fusionan, pues todo lugar está adscrito a un espacio mayor, llámese ciudad en el caso del medio urbano, pueblo en el caso del paisaje rural. Estos espacios, a la vez, pertenecen a jurisdicciones mayores -estados, departamentos, condados, provincias, parroquias, municipios- que, juntas, configuran el espacio o territorio nacional. De forma tal que al referirnos al lugar de nuestro nacimiento o de nuestro arraigo, estamos siempre implicando una serie de espacios intermedios hasta llegar al nacional: se es lugareño, provinciano y ciudadano de una nación al mismo tiempo, sin que ninguna de estas distinciones se oponga a las otras sino que más bien se complementen. 

Somos de la opinión que la universalidad de los valores culturales es un fundamento esencial de una sociedad verdaderamente democrática y plural. Por eso, a pesar de que las contribuciones del historiador local o del geógrafo provincial pueden ser legítimas y señalar alguna tonalidad descuidada por el estudioso, es innegable que solo quien al estudiar una porción temporal o espacial de la vida humana es capaz de situarla en un contexto mayor, está haciendo un trabajo perdurable y útil para ser interpretado en otros medios y por otras generaciones. La geografía histórica es una combinación de lo histórico en su dimensión natural y de lo geográfico en su dimensión humana. Esta correlación de ambas disciplinas termina por ser tan íntima, que pasa a ser considerada una ciencia con su propio método.

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Así, la pasión de comprender del historiador queda unida al conocimiento del medio físico y a su interacción con su entorno social.

Iniciamos este escrito citando a don Mariano Picón Salas, quien intuye una concepción de la historia a partir del binomio Espacio + Tiempo aproximándose a la óptica de la Geografía Histórica. Con esto queremos significar que su comprensión de la historia no se proyecta solo en el tiempo, sino que también se sitúa en el espacio como lugar en el que se configura la identidad en relación con la pertenencia, la procedencia y la permanencia. Esa es la parte de la cultura de una nación que tiende a revelar los paisajes geo históricos más allá de la simple mirada épica proyectada en un futuro ideal: pues “…la Historia sería vano ejercicio retórico y recuento de hechos que, por pasados, son irreversibles, si el hombre no viera en ella una permanente y siempre abierta hazaña de libertad.”[2]

Notas

[1] Mariano Picón Salas. “Rumbo y problemática de nuestra historia (Discurso de recepción en la Academia Nacional de Historia).” En: Marino Picón Salas.  Obras Selectas. Caracas: Edime, 1962, pp.129-144, p.143

[2] Ibidem. p.144


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