La difícil tarea de apoyar a Rusia
Escrito por Carlos Balladares C. | @Profeballa   

alt¿Qué pasaría ahora si la Wehrmacht lograba controlar las fuentes de petróleo rusa en el Cáucaso y cerraba la ruta de abastecimiento por el Mar Caspio?

Si Hitler invadiese el infierno, yo pronunciaría al menos una buena palabra en favor del diablo ante la Cámara de los Comunes

Winston Churchill

 

En las aguas heladas del Ártico el convoy PQ 17 va rumbo a la Unión Soviética (URSS). El Reino Unido había prometido apoyar el esfuerzo de guerra soviético en contra de la invasión del Tercer Reich desde el mismo día que esta ocurrió (22 de junio de 1941). Una parte de lo que se obtenía de Estados Unidos (EEUU) con la Ley de Préstamo y Arriendo, terminaría también en los campos de batalla ruso. Pero para lograrlo una de las rutas recorría el helado trayecto de Islandia hasta el puerto de Arcángel; región dominada por la Alemania Nazi gracias a sus submarinos, buques de superficie y bombarderos de la Luftwaffe, con puertos y aeródromos en la Noruega ocupada desde abril de 1940. El PQ 17 lo formaban 35 mercantes escoltados por 20 barcos de guerra. El 27 de junio habían partido y a los trece días solo once mercantes llegaron a su destino. Fue el convoy con mayores pérdidas en la Segunda Guerra Mundial (SGM). 

En 1942 los Aliados angloestadounidenses sabían muy bien que sin el apoyo material (comida, vehículos y armas de manera prioritaria) la Unión Soviética (URSS) sería derrotada por la avasallante fuerza militar del Tercer Reich. Se había salvado el año anterior por una mezcla de coraje y sacrificio del pueblo, apoyo material externo y el exceso de confianza de la Alemania de Hitler en considerar que la campaña estaría terminada antes del Invierno. ¿Qué pasaría ahora si la Wehrmacht lograba controlar las fuentes de petróleo rusa en el Cáucaso y cerraba la ruta de abastecimiento por el Mar Caspio? De nada valdría la recuperación de la producción de armas que había comenzado en el año de 1942, cuando se terminaron de mudar e instalar la industria soviética más allá de los Urales. La ruta del Ártico tenía que mantenerse costara lo que costara. 

El primer convoy fue el llamado “Dervish” que llegó a Arcángel el 31 de agosto de 1941. El siguiente fue el PQ 1 llamado por esas siglas al ser comandado por el capitán Phillip Quellyn Roberts y que llegó de manera exitosa en octubre. Desde ese entonces se mantendría una continuidad de dos convoyes por mes hasta el desastre del PQ 17. En agosto no se enviaría, pero a partir de septiembre se reanuda y fue escoltado por un portaviones. En octubre se detuvieron por un mes debido a la “Operación Torch” en el Norte de África. Después cambiarían a las siglas JW. 

En el año 42 los alemanes se propusieron impedir su paso por el Ártico, para lo cual concentraron los pocos cruceros y acorazados ligeros que le quedaban, y el único pesado que poseían (gemelo del Bismarck): el Tirpitz. La Luftwaffe reunió en la zona poco más de 200 aviones (Luftflotte 5) estacionados en Noruega, junto a 11 submarinos. La exitosa operación que llevarían cabo contra el PQ 17 la descubrí en mi adolescencia gracias al emocionante relato del autor Cajus Bekker publicado en 1964 y conocido originalmente como Angriffshöhe 4000, pero leído en castellano gracias a la editorial Bruguera y bajo el nombre de La Luftwaffe (1968). En su capítulo “27. Alarma en el océano Glacial Ártico” narra cómo el convoy fue descubierto por la patrulla de los cuatrimotores FW 200 “Condor” y el contraespionaje en Reyjkavik, para luego preparar el ataque. 

El PQ 17 fue seguido sigilosamente por dos submarinos que darían su ubicación. Cuatro submarinos trataron de hundir los mercantes el dos de julio pero fracasaron ante la defensa de los destructores. Después ocho hidroaviones He 115 (que portaban un solo torpedo cada uno) lo intentaron pero el fuego antiaéreo de los buques los hicieron desistir. Al día siguiente tendrían éxito con un barco estadounidense hundido; pero el mayor logro lo obtuvieron los Heinkel He 111, el famoso bombardero bimotor el cual llevaba dos torpedos en su versión H-6. Al anochecer del cuatro de julio en vuelo rasante los He 111 lograron hundir cinco mercantes. Pero lo peor vendría después por un terrible error de inteligencia británico que obligó dispersar el convoy, al tener información que sería atacado por la flota de superficie alemana. En los cinco días siguientes los bombarderos Ju 88 y los He 111 fueron cazando a una racha de cuatro a seis barcos diarios. Se perdieron 2400 vehículos, 280 tanques, 120 aviones y 153 marineros fallecieron. La Luftwaffe solo perdió cinco aviones. 

Sobre este desastre marítimo aliado se han producido varios documentales (el más famoso es el de la BBC del 2014: PQ17: An Arctic Convoy Disastery conozco una sola película con el título: P.Q. 17 (Frank Cox, 1981). Aunque la protagonizada por Humphrey Bogart sea la más conocida: Action in the North Atlantic (Lloyd Bacon, 1943) que fue estrenada en mayo de ese año, es decir, en plena guerra. La misma es ficción histórica pero basada en lo que padecían los marinos mercantes al cruzar esta ruta, por lo que es un homenaje al sacrificio de estos civiles. Novelas hay unas cuantas, siendo la más famosa: HMS Ulysses (1955) de Alistair MacLean. La semana que viene comenzamos con una serie de dos artículos sobre el Holocausto en 1942 al cumplirse el 80 aniversario de las redadas de París. El horror del velódromo, entre otros casos de persecución de los franceses judíos con la colaboración de unos cuantos compatriotas. 

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