Tolerancia: virtud postergada
Escrito por Dr. Ángel R. Lombardi | @lombardiboscan   
Domingo, 21 de Noviembre de 2021 00:00

altTolerancia es respeto por el otro y lo otro. Implica acatar un pluralismo que socava jerarquías y códigos unidimensionales

 

“Absurda es toda creencia que no coincida con la mía”.

Ambrose Bierce

Tolerancia es respeto por el otro y lo otro. Implica acatar un pluralismo que socava jerarquías y códigos unidimensionales. John Locke (1632-1704) apostó por la tolerancia religiosa como fundamento de las libertades políticas a finales del siglo XVII para evitar guerras religiosas y civiles. Y hoy, en pleno siglo XXI, escuchamos a líderes polacos sostener que en su país no se construirá una sola mezquita hasta que Arabia Saudita permita catedrales en su territorio. El mundo moderno y próspero jurídicamente se auto/declara tolerante aunque en la práctica persistan los comportamientos sectarios y xenofóbicos. Y en los mundos de los países pobres, la inmensa mayoría de la Historia, pasada y actual, la tolerancia siempre fue una virtud postergada.

El largo contencioso entre judíos, cristianos y musulmanes por Jerusalén, sustentado en la guerra y el desprecio, les llevaría a negar nuevas tesis arqueológicas, como las de un profesor árabe, director del Departamento de Arqueología e Historia de la Universidad Americana de Beirut, que sostuvo que la Tierra Prometida bíblica se encuentra en un lugar muy distinto: una franja del sur de Arabia Saudita. Kamal Salibi (1929-2011) fue el padre de la teoría: “Israel en Arabia”. Desmontar mitos ante hechos consumados y que han servido para justificar la intolerancia no hizo muy popular sus libros cargados de erudición. Reconocer que se ha regado tanta sangre por un lugar no tan santo acabaría con las arengas que fortalece las creencias de cada uno de los beligerantes. 

Normalmente la intolerancia deriva del pensamiento dogmático y si es fanático hasta la ceguera sólo conduce a la tragedia. Aquí hacemos referencia a los más populares: el religioso y político. La crisis de los refugiados e inmigrantes hoy en el mundo es otra secuela más de ésta intolerancia hacia el meteco pobre y desesperado.

Las religiones monoteístas fueron talladas por una intolerancia acerba. El denostado politeísmo era mucho más democrático. Edward Gibbon (1737-1794), autor de la clásica: “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano” (1776-1789) apuntó esto sobre la tolerancia en el mundo antiguo: “El pueblo tenía a las diversas formas de culto que prevalecían en el mundo romano por igualmente verdaderas; el filósofo, las consideraba a todas igualmente falsas, y el magistrado, las trataba como igualmente útiles. De esa manera, la tolerancia no sólo producía mutua indulgencia, sino inclusive un estado de concordia religiosa”. 

La habilidad de aprender a convivir en la diferencia es todo un proyecto de escuela pendiente. Y aun así la práctica de la tolerancia es paradójica. Hoy, los no vacunados, de acuerdo al criterio de los vacunados, son una amenaza para nuevos contagios. En cambio, los no vacunados, alegan sus derechos civiles a decidir lo que más les conviene. Todo un debate que solo el dialogo y los acuerdos pueden atender de la mejor forma posible buscando un equilibrio entre el interés particular y el social. 

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