Albert Camus: el Rebelde
Escrito por José Rafael Revenga | @revengajr   
Lunes, 25 de Enero de 2010 08:31

altEl 9 de diciembre de 1957 llega en tren a Estocolmo un ciudadano francés nacido en Argelia al inicio de la Primera Guerra de padres  analfabetas –él alsaciano, ella de Mallorca- ambos ocupados en oficios que les proveen un mínimo de subsistencia. La gélida capital contrasta, casi hasta el absurdo, con la “sabiduría mediterránea” del visitante quien proviene del mundo vivido como calor, sol, luz y mar: “Yo nunca pude renunciar a la luz, a la felicidad de ser, a la vida libre en la cual crecí.” El próximo día la Academia de Suecia le entrega el Premio  Nobel de Literatura. Al justificar su selección anual para el Premio reconoce el testimonio del galardonado: “ilumina, con una visión penetrante, los problemas que la actualidad plantea a las conciencias de los hombres.”
Camus dedica su discurso de aceptación del Nobel a Louis Germain su maestro de primaria desde 1918 a 1923 y quien lo prepara para obtener una beca y así poder continuar sus estudios en el Grand Lycée de Argel. Apasionado por el futbol a partir de 1928 es portero en el equipo del “Racing” universitario de Argel y en 1930 miembro de la selección nacional de futbol de Argelia hasta que es afectado por una tuberculosis en ese invierno que lo lleva al borde de la muerte. Esto retrasa  la obtención de su  título universitario preliminar que obtiene más tarde en 1932 con la guía de su profesor de filosofía Jean Grenier. Finalmente se licencia en filosofía en 1935 en la Facultad de Letras de Argel y en mayo de 1936 obtiene su título superior con una tesis sobre “Metafísica cristiana y neoplatonismo” la cual refleja su admiración por Plotino y San  Agustín. En 1937 publica su primer libro “L´envers et l´endroit” (“El anverso y el reverso”), una edición de 350 ejemplares a cargo de su amigo librero Edmond Charlot. Después  de publicar una segunda obra el año siguiente, Camus sueña con presentarse en el ambiente cultural metropolitano y poder escribir para la prestigiosa “Nouvelle Revue Francaise”.
Debido a sus actividades de apoyo  a los líderes argelinos asumidas desde su puesto como  redactor en jefe de  “Soir-Republicain”, la municipalidad de Argel prohíbe la circulación del diario de dos páginas y le rehúsa un permiso de trabajo por lo cual Camus  decide a sus veintitrés años marcharse a Francia. Se dirige a Paris y después a Lyon en donde continúa sus actividades editoriales en “Combat”, diario de la Resistencia francesa a la cual se integra como activista.
Para febrero de 1941 ya ha dado el toque final a Le Mythe de Sisyphe y a L´Etranger el cual aparece en junio de 1942 “chez Gallimard” mientras que la primera obra sale a la luz pública en octubre del mismo año. Para ese entonces, Camus ya forma parte de de la “tribu de Saint-German-de-Prés”. En junio de 1943 está presente en el estreno de “Las moscas”, pieza de teatro de Sartre y en 1944 aparece en una famosa foto  tomada por Brassai cuando el grupo tribal visita a Pablo Picasso en su “atelier” para ensayar la puesta en escena de una obra teatral del célebre artista. En la foto están presentes, además de Camus, Picasso, Sartre, Simone de Beauvoir, Jacques Lacan, y Pierre Reverdy entre otros. A fines de 1944 se encuentra con André Malraux en la redacción de “Combat” ya fuera de la clandestinidad. Además da rienda suelta a su afición por el teatro y monta varias piezas con Jean-Louis Barrault, Gerard Philipe, María Casares y Catherine Sellers.
En 1951 aparece “L´Homme révolté” dedicado a su mentor filosófico Jean Grenier. De inmediato se incendian las polémicas y los dos bandos, lectores simpatizantes y detractores, hacen suyas las querellas en las revistas y en los cafés del vibrante Saint-Germain-des-Prés regido por Jean-Paul Sartre y su adlátere Francis Jeanson. En mayo del próximo año, Jeanson publica en “Le Temps Modernes” un ataque vitriólico dedicado a contradecir el reciente pensamiento de Camus el cual señala las amenazas de todo totalitarismo o “historicismo” -idealización de la historia- y  convoca a la rebeldía individual y colectiva.  El escritor franco-argelino responde en carta dirigida al director de la publicación: “Sí, el infierno debe ser así: rutas pre-señaladas y sin oportunidad para dar explicaciones.  Uno queda etiquetado una vez por todas.”
Y dos años más tarde precisa: “Fui colocado a mitad camino entre la miseria y el sol. La miseria me impidió creer que todo marcha bien bajo el sol y en la historia; el sol me enseño que la historia no es todo.”
La obra es un recuento de las consecuencias trágicas del “anti-teísmo” el cual inexorablemente se permuta en ateísmo y en divinización de la criatura y de su historia al pretender instalarse en el trono divino. Al contrario, la rebeldía de Camus no se abroga el derecho de ocupar dicha majestuosa silla y prefiere ver el trono vacío  sin negar la esperanza en el Reino aunque para él “mi reino es de este mundo.” Camus considera que la rebeldía a lo Hegel y Marx  se  invierte en aceptación sumisa “y por la ley de  un imperialismo espiritual la vemos en marcha hacia el imperio del mundo por medio de  asesinatos multiplicados al infinito… y   corre a la instalación de la permanencia del partido como  uno se postra frente al altar.”
Una de las reflexiones más “rebeldes” del libro, la cual  causó particular urticaria en quienes creían en la santidad de Stalin desde hace más de veinte años, fue: “No es justo identificar los fines del fascismo y del comunismo ruso. El primero proyecta la exaltación del verdugo por el mismo verdugo. El segundo, más dramático, proyecta la exaltación del verdugo por sus víctimas. El primero nunca ha soñado con liberar a todo el hombre, solamente liberar a algunos subyugando al resto. El segundo, en su principio más profundo, se propone  liberar a todos los hombres mediante el sometimiento provisional de todos ellos.”
Al final de “El Hombre rebelde”, Camus condensa su pensamiento en una  breve frase: “para ser hombre hay que rehusar ser Dios”.
Hay que tener en cuenta que ocho años antes de la disputa, Sartre reconocía “la admirable conjunción de una persona, de una acción y de una obra” al referirse en febrero de 1943 a L´Etranger, Le Mythe de Sisyphe y Calígula. Efectivamente, al aparecer L´Etranger  -un gran éxito de librería- Sartre de inmediato lo reseña en los Cahiers du Sud en un extenso artículo elogioso: “su originalidad es la de ir al fondo de sus ideas: para él no se trata de establecer una colección de máximas pesimistas…el absurdo es propio de  la condición humana”.
De  regreso a Lovaina para continuar mis cursos de doctorado en el Instituto Superior de Filosofía  me entero, el 5 de enero  1960, de la noticia del fatal accidente ocurrido la tarde antes en la conocida ruta nacional RN5. Michel Gallimard, su amigo y editor, lo había pasado a recoger por su nueva casa en Lourmarin (Provenza) –uno de los más bellos pueblos de Francia- en ruta hacia París. Camus muere casi al instante del impacto en contra de dos árboles de las largas hileras que bordean las rutas trazadas en época napoleónica. Gallimard fallece una semana después. Mi primera reacción y la de mis compañeros fue: “¡No puede ser!”. Todavía conservo el “Paris Match” de aquella próxima semana con la infame portada. Ese número de la revista también reseña la muerte acaecida dos días antes del ciclista Fausto Coppi (“il Campeonissimo”), cinco veces ganador del “Giro de Italia” y dos veces ganador del “Tour de France” de quien era gran admirador Camus. Camus llevaba consigo un maletín en el cual se encontró el manuscrito inacabado de una obra –una novela en gran medida autobiográfica de su juventud- la cual redactaba desde hacía varios meses. Fue editada sólo en 1994 con el título de “El primer hombre”.
Sartre, al enterarse de la absurda desaparición de Camus, escribe inmediatamente en “France Observateur”: “Hace apenas seis meses nos preguntábamos: ¿Qué va a hacer él ahora? Provisionalmente deshecho por las contradicciones que hay que respetar [seguramente se refiere al conflicto de la liberación de Argelia], él había escogido el silencio. Pero él era uno de esos hombres curiosos a los cuales uno bien puede esperar porque ellos escogen con lentitud y permanecen fiel a su decisión…Nos habíamos peleado, él y yo: una pelea de hecho no es nada –a pesar de que nunca nos vimos de nuevo- es sólo otra manera de convivir y de no perderse de vista en el pequeño mundo estrecho que es el nuestro. Eso no me impedía pensar en él, de sentir su mirada sobre la página del libro, sobre el periódico que él leía y  de preguntarme: ¿Que dice él? ¿Qué dice él en este momento?...Su silencio… era una cualidad de cada día, como el calor o la luz, pero humana. Uno vivía con o en contra su pensamiento pero siempre a través de él.”
En Estocolmo, tres años antes, Albert Camus habló sobre las responsabilidades del escritor rebelde: “…en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre para poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificará sólo a condición de que acepte, tanto como pueda, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio a la verdad, y el servicio a la libertad. Y puesto que su vocación consiste en reunir al mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira ni a la servidumbre porque, donde reinan,  crece el aislamiento. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia ante la opresión.”

La traducción al español de “El Hombre rebelde” se puede descargar gratuitamente en:
http://www.elultimolibro.net/2007/03/albert-camus.html

El resto de las principales obras de AC  -incluye el discurso al recibir el premio Nobel de Literatura (1957) - se encuentra en:
http://www.megaupload.com/?d=SBBWN2ZL

y también en:
http://www.4shared.com/file/34497701/52249f48


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