Pegatanke: la marca venezolana que adhiere al mundo
Escrito por Iván R. Méndez | @ivanxcaracas   
Miércoles, 17 de Noviembre de 2021 07:57

altLa historia de Pegatanke es un caso de éxito de un producto epóxico que trasciende fronteras. 

Fue creada por dos matrimonios maracayeros: la pareja que tuvo la idea de atacar el nicho y concibió el diseño de la marca, Luis Miguel Colmenares Castro y Adriana Montero; y la pareja que desarrolló el producto e invirtió todo lo que tenía para traerlo al mercado, José Antonio Jiménez Mural, ingeniero químico de la Universidad de Carabobo y su esposa Francis Rodríguez García. El punto de contacto entre los amigos de infancia fue su congregación evangélica. La  fe religiosa de este cuarteto de emprendedores actuó como el adherente que unió tenacidad, ingenio y confianza en un producto que necesitaban para sortear la crisis económica que atenazaba a sus familias en el 2010. 

Luis, un comerciante de autopartes que trataba, sin éxito, de inventar productos que impactaran en el mercado (pantallas acrílicas para reproductores de camionetas, ambientadores de diversos aromas, entre otros) le comenta a su esposa, voy a crear una pega y ella le replicó, “¿Y tú vas a seguir?”, y su respuesta fue, “déjame quemar este último cartucho”. Luis llama a su amigo, el ingeniero José Antonio, y le pregunta: ¿tú puedes hacer una pega? En 20 días ya estaba formulada la primera versión.

“Nada se crea de un día para otro. Yo tenía una libreta llena de experimentos. En un momento estaba colapsado entre tantas combinaciones, así que entré al baño y oré al Señor, entonces escuché  ‘invierte lo que estás haciendo’ y así fue, invertí la fórmula y ahí estaba el resultado final”, declara José Antonio Jiménez, ingeniero cofundador de la marca.

“Trabajábamos de noche con instrumentos que comprábamos y mandábamos a hacer. La empresa arrancó en dos cuartos y en la cocina de nuestras casas. Empezamos pidiéndole cosas a nuestros padres. Al papá de Luis, que es panadero, le quitamos prestada su mesa de trabajo; a mi mamá, que es repostera, le quité las balanzas, su olla de presión. Luis salió a vender hasta en bicicleta, porque su moto estaba averiada. Mucha gente la ve el resultado, pero no ve el sacrificio tras una marca. El éxito que todos tienen está sostenido por el sacrificio que nadie ve”, agrega el ingeniero.

Una vez creada la primera versión de Pegatanke, que fue como lo bautizó Adriana, empezó el trabajo casero de replicar el nuevo invento.

“Arrancamos haciendo el empaque en casa, diseñamos una plantilla que Francis y yo replicábamos en cartulina, que  luego cortábamos y ensamblábamos. Las calcomanías las pegábamos nosotras y entre todos llenábamos los envases. Era un trabajo 100% artesanal”, declara Adriana Montero, administradora de Pegatanke.

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Una vez creados estos primeros envases en sus empaques color verde (¡se inspiraron en el color de las cajas de un producto para pizza instantánea!), Luis salía a vender, pero las primeras veces regresaba sin colocar ni un solo producto en las ferreterías, así que diseñó el primer exhibidor, “buscaba crear algo que el cliente pudiera ver y palpar. Entonces agarré una tabla, puse un pegoste de pega al cual le agregué un alambre que doblé y agarré un tenedor (para que la gente probara la fuerza tratando de despegarlo) y lo pegué. Recuerdo que cuando voy a salir mi esposa la ve y me pregunta ‘¿tú vas a salir con ese exhibidor tan feo?’, relata Colmenares.

Esta historia es real. Antes de escribirla  le comenté las anécdotas de Luis y José Antonio  a un sobrino ferretero, quien me contó que recordaba a Luis visitando en el 2011 las ferreterías donde él trabajaba, tratando de colocar el producto, que tenía una presentación “horrible”, y competía contra muchas otras pegas epóxicas, “pero era tan buena la suya, que una vez probada, los compradores venían a pedir más y más, ese producto siempre fue un batacazo”, comentó.

Y es que este emprendimiento, financiado con los escasos recursos de sus fundadores, trabajando con las uñas, da un giro en el 2013, cuando contratan al diseñador Aldin Castillo, que rediseña la marca (colores, tipografía, empaques), invierten en publicidad  y deciden expandirse a Ecuador, en la pequeña ciudad portuaria y pesquera de Manta. Sin un inversionista o banco apoyándolos, empezaron durmiendo en el piso, pero luego del éxito inicial en Venezuela tenían confianza en su producto sin obviar que recibieron no una, sino dos señales celestes que les confirmaron que ese era el camino.

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Hoy, Pegatanke es líder en el mercado venezolano. Según Colmenares, el marketshare de la marca es de 90%. Generan  150 empleos directos y más de 600 indirectos y en el país su portafolio epoxi cuenta con seis productos (Epóxico negro, Epóxico Blanco, Epóxico acero, Epóxico transparente, PVC-CPVC ultra y Toke), mientras que en el exterior ofrecen muchos más. En el 2020 introdujeron, sólo en Venezuela, su Pegatanke Económica, con diversas aplicaciones y así atender a segmentos de menores recursos. Su producto Toke, el sueño de  los conductores, ya que permite reparar pinchaduras de cauchos sin necesidad de desmontarlo del vehículo, está temporalmente fuera de mercado, mientras diseñan un nuevo envase que aguante y  bloquee 100% la entrada de oxígeno al epoxi.

Las anécdotas de resistencia del producto son incontables. En cada hogar venezolano hay una historia de algún producto de metal, aluminio, cobre, vidrio, plástico o madera reparado con estos epoxi. En Ecuador, por ejemplo, un notario certificó la tensión del producto al levantar un Chevrolet Spark de 1200 kilogramos. El día de la rueda de prensa en Caracas, moderada por Ana Virginia Escobar, pudimos ver el pegado de tubos ¡bajo el agua! Y en un columpio pegado con Pegatanke sobre dos cubos de goma, nos mecimos no pocos de los asistentes al evento en las instalaciones de Minds Co/Work en Las Mercedes.

La marca se expande mejorando sus tiempos de secado y otras propiedades y potencia su garantía al cambiar los productos que se lleguen a secar en los envases hasta por 1 año. Su planta de Maracay atiende el mercado venezolano, con un segundo aire luego de la dolarización, que les permite comprar suministros en el mercado local, mientras que la planta de Manta es su puerta al mundo. Pegatanke tiene presencia en Venezuela, Ecuador (con planta en la ciudad de Manta), Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Paraguay, Brazil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Panamá, Costa Rica, Guatemala, México, Estados Unidos, Canadá, España, Portugal, Reino Unido , República Dominicana, Puerto Rico y en las islas: Aruba, Curazao, Antigua, San Martín, Tortola, Santo Tomás, Santa Cruz y Santa Kitts. En muchos de esos países los distribuidores son venezolanos, incluyendo Reino Unido. 

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No es fácil competir en mercados globales poblados de docenas de competidores de soldadura en frío y con usuarios dados más a la reposición de lo dañado que a su reparación, pero la presencia en tantos países certifica que Pegatanke se valida apenas se utiliza y eso les sigue abriendo puertas. Su fábrica en Ecuador cuenta con tres galpones y 140 empleados. En Venezuela incluso apareció un producto que imita sus colores, mas no su calidad, así que el consumidor debe validar la compra en la tapa que trae en relieve las iniciales PTK.

Y, no menos importante, los fundadores siguen apegados a su fe, y lo muestran en cada caja del producto que trae un mensaje bíblico impreso en la parte inferior del empaque, junto a  un código QR (que nos lleva a su site) junto a las instrucciones, indicaciones de peligro, consejo de prudencia y composición química. 

“El pegamento de nosotros, no es un secreto para nadie, es  costoso, pero nosotros no competimos en precio, competimos en calidad. Estamos enfocados en satisfacer las necesidades del consumidor, ¡queremos sacarles un guao! Porque en Venezuela lo que se echaba a perder, se botaba, pero nos empecinamos en mostrar que se podía reparar”, indica Luis Colmenares.


Sitio de la marca: https://pegatanke.com


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