¿Por qué Rusia rompió oficialmente con la OTAN?
Escrito por Jonathan Benavides | @j__benavides   
Miércoles, 27 de Octubre de 2021 00:00

altLa decisión de Rusia de poner fin al compromiso diplomático con la OTAN no debería haber sido un acontecimiento.

En respuesta a la decisión de la OTAN de expulsar a varios oficiales militares rusos que sirven en la misión de Moscú a la alianza atlántica y de reducir el tamaño de la misión a la mitad, Rusia subió la apuesta. Suspendió las relaciones con la OTAN, retiró al personal de su misión de Bruselas, ordenó a los oficiales de enlace de la OTAN estacionados en Moscú que se fueran y requirió el cierre de la oficina de información de la OTAN. En fin, Rusia protagoniza así un episodio de Tit for Tat muy claro en las Relaciones Internacionales.

Esto habría sonado alarmante, excepto que la relación se había roto de facto hace siete años a raíz de la crisis de Ucrania. Desde entonces, la OTAN ha vuelto completamente a su misión inicial de disuadir a Rusia. Mientras tanto, los oficiales rusos y de la OTAN tenían un acceso muy limitado a los altos funcionarios del otro lado, y no se estaban llevando a cabo transacciones serias a ese nivel. Por lo tanto, las relaciones Rusia-OTAN se suspendieron mucho antes de que dejaran de existir.

Algunos lazos permanecen:

Aunque la OTAN y Rusia ya no tienen representaciones diplomáticas entre sí, esto no significa que se hayan cortado todos los contactos. En Bruselas, Rusia mantiene una embajada en Bélgica (y una misión en la UE, aunque no es relevante para este propósito); así mismo todos los países de la OTAN tienen embajadas en Moscú.

El acta fundacional que rige la relación bilateral Rusia-OTAN, aunque obviamente es una reliquia de una época diferente, todavía está en vigor. Nada impediría la comunicación a nivel diplomático, si surgiera la necesidad. Mucho más importante, la comunicación militar todavía es posible. El Comandante Supremo Aliado de la OTAN en Europa (SACEUR) tiene una línea directa con el Jefe del Estado Mayor General de Rusia (CGS), y de hecho se reúnen en persona de vez en cuando en algún lugar neutral.

Por tanto, la suspensión de las relaciones, si bien simboliza la profundización del enfrentamiento entre las dos principales estructuras militares de Europa, en realidad no equivale a una nueva crisis. Tampoco reduce materialmente la capacidad de las dos partes para lidiar con incidentes y desarrollos que podrían conducir inadvertidamente a una colisión frontal.

La visión de Rusia de la OTAN:

Para Moscú, la OTAN significaba tradicionalmente, sobre todo, una plataforma para la presencia militar estadounidense en Europa. En el período posterior a la Guerra Fría de la asociación OTAN-Rusia y la cooperación relacionada, esta visión se amplió para incluir a los aliados europeos de Estados Unidos que también se habían convertido en socios rusos.

Pero la situación ha vuelto a cambiar con el regreso de la confrontación entre Estados Unidos y Rusia. La dura respuesta diplomática de Rusia a la medida de la alianza destaca una creciente convicción entre los responsables políticos y sus asesores en Moscú de que, en un entorno de confrontación cada vez más duro, no tiene mucho sentido hablar con representantes.

Desde esa perspectiva, gran parte de la infraestructura burocrática internacional de la OTAN, incluido el papel del Secretario General, en manos de una figura europea, es un mero escaparate del dominio absoluto de Estados Unidos en la alianza. Entonces, ¿por qué Rusia dedicaría tiempo a los subordinados?; cuando necesite hablar, hable directamente con el jefe.

El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, puede dejar de reunirse con el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, pero la línea entre el CGS y SACEUR, que es un general estadounidense, no será cortada por ninguna de las partes. Si hay enfrentamiento, hay que gestionarlo bien.

Este enfoque no se aplica exclusivamente a la OTAN. Lavrov reveló recientemente que hace unos años Moscú ofreció, a través del entonces secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, invitar a Washington a unirse al Formato de Normandía (una serie de negociaciones que involucran a Francia, Alemania, Rusia y Ucrania) para implementar el acuerdo de Minsk sobre Donbass. La lógica rusa era que Estados Unidos, más que los socios europeos, ejercía la mayor influencia en Kiev. Entonces, se pensaba, Estados Unidos tenía que estar en la mesa si se quería lograr algo.

Al parecer, Kerry estaba abierto a la idea, pero Berlín y París se opusieron con vehemencia y la vetaron. Finalmente, el Kremlin, habiendo llegado a la conclusión de que hablar con Kiev no tenía sentido y que el Formato de Normandía realmente no cumple, ha comprometido a Washington en un diálogo sobre Ucrania.

La administración del presidente norteamericano Joe Biden (a pesar del traspiés AUKUS) tiene actualmente una política de consolidación de alianzas estadounidenses, y los aliados están dispuestos a seguir al líder después de cuatro años en el desierto bajo el ex presidente Donald Trump. En este contexto, el caso de la racionalización diplomática de Moscú es convincente.


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