La deliberación política en las redes sociales
Escrito por Elaine Ford | @elaforde   
Jueves, 08 de Julio de 2021 00:00

altHace unos días opté por la autocensura. Preferí evitar hacer comentarios de tipo político en mi cuenta de Twitter,

porque diga lo que diga en el escenario actual de polarización es recurrente la agresión. Ojalá esto invitara a una deliberación alturada entre personas, pero lamentablemente de manera veloz llegan las manadas de trolls y cuentas falsas que en vez de propiciar una discusión interesante lo único que hacen es descalificar y lanzar improperios. Claro, porque es fácil y hasta cobarde hacerlo detrás de una cuenta anónima, sin identidad. 

Hoy un gran porcentaje de las cuentas en las principales redes sociales son cuentas anónimas. Cuentas en las que uno no sabe quién está detrás. Y cuentas que se sienten libres de decir cualquier cosa: de inventar, de mentir, de exagerar, de descontextualizar, de tergiversar la realidad. Cuentas falsas y anónimas que además acosan, hostigan, difaman y agreden. La realidad no puede ser peor. El anonimato constituye el ingrediente perfecto para lograr un ambiente tóxico en las redes sociales. 

En más de una ocasión he escuchado decir “es mejor optar por una cuenta con otro nombre para expresarse libremente”. Algo que en lo personal estoy en desacuerdo y rechazo tajantemente. En primer lugar, porque desde que inicié promoviendo la democracia digital siempre he sido crítica de la presencia de trolls, bots y cuentas falsas que alimentan la desinformación online. Esto impide la construcción de un espacio cívico donde el diálogo y el intercambio de puntos de vista suelen ser los pilares de una democracia participativa entre personas con raciocinio y no producto de los algoritmos o la inteligencia artificial. 

En segundo lugar, porque siempre he promovido la ciudadanía digital responsable. Esto significa reforzar la identidad, actuar con tolerancia, empatía y respeto en la red. Y justamente el anonimato online representa todo lo contrario. Es la carta blanca para decir lo que te plazca sin límites, quebrantando todas las normas tácitas en el ámbito online. Además, esto implica también afectar los derechos de terceras personas y hasta perturbar el espacio público. 

Pero hay un punto central en todo esto: los límites. Recientemente se realizó en Canadá un evento global llamado #RightsCity. En una de sus sesiones se analizó si la democracia podría sobrevivir a la tecnología, frente a lo cual expertos señalaban la necesidad de establecer una línea base para el comportamiento en la red, en donde se definan principios básicos bajo un consenso preestablecido. 

Por ejemplo, que incluyeran aspectos concernientes a la precisión de la información divulgada o hacer una preverificación de los contenidos. Principios referidos a evitar el anonimato mediante la participación de personas reales en las redes sociales. Y otros asuntos como: la necesidad de reducir drásticamente los bots, de actuar con amabilidad y respeto, el no difundir pornografía; entre otros aspectos que quizás para algunos son comportamientos ya puestos en práctica y que resultan obvios, pero para otros no lo son. Por eso el llamado a establecer una línea base, que sea un primer límite en la interacción online. 

Coincido en que ha llegado el momento para dar ese paso más asertivo y definir hacia dónde queremos dirigir el futuro de la participación y la deliberación en las redes sociales. Es decir, un comportamiento que no socave nuestros cimientos democráticos y nuestra convivencia ciudadana. 

Las big tech en los últimos años han dado pasos importantes para reducir estos malos hábitos online; fomentando más transparencia y verificación de contenidos. Sin embargo, aún tienen mucho por hacer considerando la gran responsabilidad que recae en ellas. Desde la Secretaría de las Naciones Unidas se impulsó la Hoja de Ruta de Cooperación Digital que recoge, también, esta preocupación. A través de su enviado especial en temas de tecnología, se pueden encarrilar esfuerzos a nivel global que luego se ajusten a nuestros ámbitos locales. 

Además, considero que es de suma relevancia trabajar coordinadamente entre los distintos stakeholders nacionales para reflexionar sobre estos temas y buscar posibles salidas que no afecten las libertades y derechos en línea, sino más bien refuercen las buenas prácticas ciudadanas en el entorno digital. 

El anonimato, las cuentas falsas online, la manipulación con algoritmos a través de bots, la desinformación, son elementos nocivos en nuestra frágil democracia cuyo efecto puede ser severo, no solo por polarizar a la sociedad, sino por fomentar el odio, la violencia y la convulsión social. 

Por esa razón, si reclamas y exiges una sociedad más participativa, que se exprese libremente sin recurrir a la agresión o la mentira; empieza por eliminar esas cuentas falsas y dejar el anonimato. 

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