¿Hacia dónde vamos en América Latina?
Escrito por Abraham Clavero Toro | @Abrasof2320   
Viernes, 18 de Junio de 2021 00:00

altEl continente latinoamericano atraviesa por uno de sus momentos más críticos al final de la segunda década del Siglo XXI. 

Los efectos del COVID19 ha infligido a todos los países de la región huellas irreversibles en los sistemas de salud, en la vida de amplios segmentos de la población, además de afectar la economía, a partir del 2020, con tasas de crecimientos por debajo de las estipulas. 

Aún persiste la incertidumbre entre quedarse en casa para no contaminarse o enfrentar la realidad de salir a buscar los medios para sobre vivir. 

Dentro de toda esta situación hay países más afectados que otros, en los cuales el factor político se ha convertido en un elemento multiplicador que ensombrece aún más el panorama.

Y es precisamente dentro del ámbito político donde esta germinando “un virus” que muchos califican, utilizando la terminología en boga, de una nueva “cepa” con el resurgimiento del denominado Socialismo del Siglo XXI.   

Sus primeros síntomas se remontan a la derrota del Presidente Mauricio Macri en Argentina, por la deficiente gestión de la economía, y el regreso del MAS al poder en Bolivia, a consecuencia de los errores cometidos por la Presidenta interina Jeanine Añez.

Estos hechos fueron seguidos por los disturbios en Chile, debido a las desigualdades sociales, condujeron a la elección de una Asamblea Constituyente, con mayoría de representantes de los sectores izquierda, cuyo mandato es redactar una nueva constitución. 

Esas demostraciones, fueron seguidas en fecha reciente por las de Colombia, luego de la empecinada actitud del Presidente Iván Duque de querer implantar, en plena pandemia, una reforma fiscal que afectaba sobre todo a los sectores menos favorecidos. Fue la gota que rebaso el vaso, llevando al país a una situación de caos y de inseguridad permanente. Ello ha beneficiado la figura de Gustavo Petro, firme seguidor del SSXXI, quien se proyecta para las elecciones presidenciales del próximo año. 

Dentro de esta nueva ola de efervescencia en la que se encuentra enmarcada la política latinoamericana hay que otorgarle especial importancia al estrecho triunfo, aun no reconocido, de Pedro Castillo en Perú.  En base a sus declaraciones, todo parece indicar que su gobierno seguirá la ruta trazada por Hugo Chávez al manifestar su decisión de convocar a una Asamblea Constituyente, como paso previo para ir delineando lo que a todas luces constituiría una copia del modelo venezolano. 

El resultado de esta elección es, sin lugar a dudas, consecuencia de las innumerables corruptelas que marcaron a los últimos gobiernos peruanos y de las cuales la candidata Keiko Fujimori no ha escapado de ser indiciada. 

La excepción dentro de la región andina es el caso de Ecuador, con la recién elección de Guillermo Lasso. Sin embargo, el surgimiento de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE) es un hecho que podría tener sus repercusiones en los próximos años siguiendo el ejemplo boliviano.

En cuanto a la América Central, el gobierno sandinista está decidido a negar a los opositores la posibilidad de constituirse en una opción de triunfo ante el desprestigiado gobierno de Daniel Ortega. Violando todos los principios democráticos ha recurrido a la detención de aquellos líderes que puedan amenazar su supervivencia en las elecciones previstas para el próximo 7 de noviembre.  

En México, se ha roto en cierta forma esta tendencia cuando el Presidente López Obrador, con posiciones que coquetean con el SSXXI, perdió parte del capital político en las recientes elecciones legislativas, lo que podría debilitar su desempeño en el resto de su gobernanza. 

No hay que omitir de este análisis el caso Nayib Bukele en el Salvador, quien ha tomado un conjunto de medidas aplaudidas por algunos sectores, pero también muy criticadas como poco democráticas. Su populismo es un fiel reflejo de gobiernos recientes y pasados en el continente. El mandatario salvadoreño se presenta como una verdadera incógnita por tantos factores intrínsecos en él, incluyendo sus orígenes, que lo convierten en una verdadera interrogante.     

Como corolario de lo anteriormente expuesto hay que volver la vista hacia nuestro país, epicentro de ese socialismo. Al revisar la evolución actual de los acontecimientos sobresale la ambivalencia de una oposición que no termina de unificarse y definir su hoja de ruta, y un régimen hegemónico que apuesta al desgaste interno con miras a las mega elecciones del 21 de noviembre, en las que el voto de la diáspora venezolana no está contemplado.  

El fallido gobierno de Maduro, a pesar de sus promesas de querer negociar de cara a la comunidad internacional, sigue manipulando la opinión pública utilizando una variedad de argumentos que van desde las sanciones hasta la apertura a la inversión extranjera. 

En conclusión, es evidente que el factor económico ha sido fundamentalmente preponderante en esta coyuntura, gracias a las malas políticas públicas ejecutadas por varios países, sobresaliendo los casos de Argentina, Chile, Colombia y Perú. A esto hay que agregar el desempeño del Foro de Sao Paulo que trabaja de forma persistente en favor del SSXXI. Sus próximos objetivos serán promover las candidaturas de Lula Da Silva en Brasil y Gustavo Petro en Colombia.                

 

    

 

 

    

     

 


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