El Medio Oriente: ¿una nueva era, un nuevo paradigma?
Escrito por Abraham Clavero Toro | @Abrasof2320   
Martes, 27 de Abril de 2021 03:47

altNo hay duda que el Medio Oriente es la región más conflictiva del planeta, desde tiempos inmemoriales,

no obstante ser la cuna de las tres grandes religiones monoteístas. 

Esta afirmación se evidencia, ya que en los actuales momentos la zona enfrenta grandes retos que de alguna manera se pueden convertir, a corto o mediano plazo, en una encrucijada. Ello puede conducir a un clima de inestabilidad poco deseado por la comunidad internacional y modificar el status quo ha prevalecido desde el siglo pasado.

El largo enfrentamiento arabo – israelí constituye el hecho más significativo para mantener este estado permanente de beligerancia, llevando a la región a varias guerras desde 1948. 

Dentro de esta zona hay que incluir además la situación en Siria, la guerra en Yemen, la guerra civil en Libia, las divergencias confesionales entre el Reino de Arabia Saudita y la República Islámica de Irán por mencionar solo algunos de los hechos más sobresalientes, así como la inestabilidad, que, desde finales del 2010, tiene lugar en la región, a causa de la Primavera Árabe. 

Estados Unidos continúa destacando como la potencia prevaleciente en la zona. Sin embargo, desde finales del siglo pasado enfrenta el reto de Rusia y la República Popular China que han penetrando de manera progresiva en esta parte del mundo con la finalidad de defender sus intereses estratégicos, por una parte, y económicos por la otra, al igual que la participación de dos actores de cierta significación: la República Islámica de Irán y Turquía. 

Es en toda esta problemática que debe enmarcarse el reciente ataque llevado a cabo por el Estado de Israel contra Damasco, para prever acciones terroristas por parte de grupos respaldados desde Teherán. De igual forma, las acusaciones de la República Islámica de Irán contra el gobierno israelí de ser el causante de un acto de sabotaje contra la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz.

En otro orden de ideas, en un panorama con tantas aristas, no se puede dejar de mencionar la política exterior puesta en práctica por el ex Presidente Donald Trump. Desde su llegada al poder en 2017, procedió a cumplir una de sus promesas electorales de desconocer el Plan de Acción Integral Conjunto firmado en Viena el 14 de julio de 2015, mejor conocido como el Acuerdo 5+1. 

Cabe destacar, que Trump reforzó sus lazos con Israel poniendo en marcha el Acuerdo de Abraham destinado a buscar una solución definitiva al problema Palestino. No obstante, ellos como actores directamente implicados no tuvieron participación alguna en su elaboración, lo que provocó un gran rechazo en todo el mundo árabe y especialmente de la Liga Árabe. 

Se produce entonces la iniciativa llevada a cabo por los Emiratos Árabes Unidos de establecer relaciones diplomáticas con Jerusalén. A cambio el Primer Ministro Benjamín Netanyahu se comprometió a paralizar el desarrollo de nuevos asentamientos en territorios palestinos. 

Esta decisión ha sido secundada por Bahréin y Marruecos y cuenta con la anuencia de Riyadh. Todo ello abre una nueva puerta en las relaciones internacionales del mundo árabe con el país estableció por Ben Gurion. 

En resumidas cuentas, este es el panorama que ha conseguido la Administración del Presidente Joe Biden quien comienza a dar algunos pasos en la dirección de convencer a Teherán de sentarse nuevamente a una mesa de negociaciones. Es prioritario para Washington reactivar el acuerdo nuclear a fin de controlar el peligro que representa el incremento desmedido en la producción de uranio enriquecido de las plantas nucleares en manos de los ayatolás. 

Las cartas están sobre la mesa luego de las recientes reuniones preliminares en Viena, pero todo parece indicar que será más complejo en esta oportunidad que en 2015, debido a diversos factores entre los que se destaca la desconfianza iraní, las próximas elecciones en ese país y los presuntos ataques israelíes contra sus centrales nucleares.

En consecuencia, le corresponderá a la Unión Europea servir de puente confiable para que en un futuro próximo estas conversaciones se hagan realidad y nuevamente la Agencia Internacional de la Energía Atómica pueda supervisar las actividades nucleares de las diversas centrales que posee Teherán. 

Será un largo camino que necesitará de mucha habilidad diplomática, paciencia y una que otra injerencia de la mano de Dios.      


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