La segunda ola de burbujas de Internet en Venezuela
Escrito por Iván R. Méndez | @ivanxcaracas   
Viernes, 02 de Abril de 2021 00:00

altEn cuatro años Maracaibo se transformó, a pesar de los incesantes apagones, en la ciudad con la conectividad más rápida de toda Venezuela.

Hoy es posible contratar un plan fijo ilimitado GPON (del inglés “Gigabit-capable Passive Optical Network”) al proveedor Airtek de 600 Mbps de velocidad asimétrica por US$35/mes y US$89 por la instalación. En Caracas, Fastnet, por ejemplo, cobra US$35 mensuales por un plan ilimitado de 8 Mbps inalámbricos y US$500 por la instalación. Full Data Comunicaciones, otro proveedor zuliano, ofrece planes ilimitados con fibra óptica a partir de US$25/mes y US$ 99 por la instalación. Supercable, en el Municipio Chacao de Caracas, cobra US$45 mensuales a los clientes corporativos por  cada mega simétrico y dedicado vía fibra óptica, con un costo de instalación que alcanza los US$590, con una sola dirección IP.

¿Cómo se explica esa oferta de precios tan dispares? Maracaibo atraviesa, según el ingeniero José Gregorio Morales, director-fundador de Conext Venezuela, la segunda ola del renacimiento de Internet en Venezuela, mientras que Caracas apenas empieza a transitar la primera, con los proveedores tratando de “extremar” el mercado, diseñando planes para el segmento con más poder adquisitivo y la fibra óptica iniciando su despliegue. Otra explicación de ese diferencial de precios sería, según William Peña, comunicador social y ancla de Fedecámaras Radio, que los proveedores zulianos le compran ancho de banda a empresas colombianas y panameñas, sin sede en Venezuela, lo cual les permite competir sin enfrentar los costos de sus pares localizados en la Gran Caracas.

El efecto de esta “burbuja especulativa”, que ha marcado el renacer de la conectividad a Internet en Venezuela, fue explicado por el ingeniero Morales durante una ponencia en el foro “Tendencias del Mercado”, organizado por la  Cámara Nacional de Empresas de Telecomunicaciones (CANAEMTE).

 

La primera ola de la burbuja y su implosión

En el 2017 aparecieron los primeros oferentes de servicio inalámbrico en la capital del estado Zulia. Esos WISP (del inglés “wireless Internet service provider”) emergen como respuesta a un mercado casi apagado. Las grandes operadoras de telefonía móvil e Internet eran (y son) azotadas por  el robo y vandalismo  cotidiano sobre su infraestructura; los apagones constantes no le permitían garantizar la continuidad del servicio (la electricidad era racionada entre 4 y 8 horas diarias) y, quizá lo más duro, el congelamiento de tarifas por parte de Conatel, que afectaba la operatividad de un tipo de negocio que trabaja con capital intensivo. 

Las WISP de esa primera ola operaban sin habilitación de Conatel; desplegaban confusas campañas donde ofrecían  “Internet Satelital” y sus planes de banda ancha inalámbrica oscilaban entre los 2 Mbps y los 10 Mbps asimétricos, con costos de instalación entre 250 y 500 dólares. Su posicionamiento era muy claro: atender al segmento premium de la población. Además, el servicio bordeaba lo pésimo, con alta latencia sucedánea de la reventa entre diversos WISP y contaban con muy poco respaldo de energía en sus nodos, lo cual originaba frecuentes caídas del servicio.

El perfil de esa burbuja describe parte de la masiva oferta disponible en Caracas y otras ciudades del país en este primer trimestre de 2021. Un servicio de Internet extremadamente costoso, inestable, con soporte deficiente y un menú de megabits por segundo distante de las necesidades del usuario que habita en la era Covid19, que demanda velocidad para acceder al teletrajo, teleducación, telemedicina y entretenimiento vía streaming. 

Hace unos días, la mayoría de estos WISP fueron convocados por Conatel, donde debieron consignar recaudos para legalizar su situación y evitar un posible cierre definitivo de sus operaciones. Situación que mantuvo en vilo a sus clientes, que enfrentaron la caída del servicio hasta por 5 días continuos.  

 

La segunda ola de la burbuja

La llegada de la fibra óptica a Maracaibo y el despliegue de enlaces punto a punto convirtieron a la calurosa capital en la más veloz del país. Indica Morales que esa primera estructuración del servicio GPON se realizó con muy poca planificación. En el 2020 entra al ruedo el primer proveedor de  Fibra Óptica Directa al Hogar (FTTH), hoy hay más de siete, de los cuales sólo dos estarían habilitados por Conatel. En sus inicios ofrecían planes asimétricos de hasta 100 Mbps, con una inversión en instalación de US$150. Actualmente, algunos ofrecen planes simétricos de hasta  1000 Mbps y un costo de instalación de US$89. Según el director de Conext Venezuela la calidad de estos servicios es aceptable, con algunas caídas en las horas pico. 

La competencia basada en precio por ancho de banda consolida un ecosistema que permite el acceso a usuarios que pueden pagar desde US$15 mensuales por un servicio asimétrico de 60 Mbps. El despliegue de la segunda ola alcanza  Occidente  (Táchira y Mérida) y avanza hacia Lara, Carabobo y Aragua. La empresa zuliana Conext Venezuela, a través de su marca OZ, estaría operando en la Gran Caracas antes del cierre de 2021. En la capital, CANTV despliega GPON en algunas zonas e Inter  promete consolidar su fibra hogar durante este año. Ante esas opciones, es probable que el mercado encuentre su punto de equilibrio, como ocurrió en Zulia.

A pesar de estas nuevas velocidades, el promedio de conexión por banda ancha fija en Venezuela se mantiene para febrero de 2021, según speedtest.net, en la posición 148 a nivel mundial  con un promedio de descarga de 13.25 Mbps (el mundial es de 97.52 Mbps) y 10.33 Mbps de subida (el mundial es de 51.79 Mbps).

El ejecutivo de Conext/OZ  se pregunta si el país podría ingresar a una tercera ola de la burbuja. Una nueva ola que requiere proveedores que ofrezcan no sólo servicios de internet básico (internet, internet dedicado y SD-WAN), sino que sumen valores con servicios de vídeo, servicios de telefonía, servicios de automatización y servicios complementarios (gaming, por ejemplo).  

La respuesta es compleja con solo 2.5 millones de venezolanos suscritos a servicios de banda ancha fija.  La tarea es traer gobernanza el ecosistema de internet en Venezuela, expandir la conectividad (con calidad) y reducir una brecha que ya no es digital, sino existencial, en un mundo donde las nuevas tecnologías se vuelven vitales y los hogares se transforman en espacios tecnológicos de trabajo, educación, entretenimiento y realización personal.

|*|: Artículo originalmente publicado en El Diario. 

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Última actualización el Jueves, 01 de Abril de 2021 22:19
 
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