Salud
La intuición y nuestro otro cerebro
Escrito por Camila Serna
Jueves, 17 de Septiembre de 2015 06:00

La intuición y nuestro otro cerebro
Por: Camila Serna
Publicado en: Diseñando una nueva vía
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¿Sabias que tienes dos cerebros? El primero recibe mucha atención y estudio, esta en tu cabeza y lo protegemos diligentemente para que cumpla sus funciones como es debido. El segundo se llama el Sistema Nervioso Entérico, y se encuentra en tus intestinos. ¿Por qué le llamamos cerebro? Porque es un sistema autónomo que funciona con millones de neuronas que regulan el funcionamiento de los intestinos. Esta compleja red de neuronas regula los movimientos peristálticos, las secreciones biliares, pancreáticas, hormonales y enzimáticas, e inclusive se considera que tiene la capacidad de aprender y recordar. En el aparato digestivo tenemos el 80% del sistema inmune porque es uno de los pocos lugares donde el mundo exterior entra en contacto con el mundo interior de tu cuerpo. Adicional al tubo digestivo, solo la piel y los pulmones tienen contacto con el ambiente externo. En estos portales, nuestro cuerpo protege su sistema con diligencia, sobretodo en el tracto intestinal, por donde entran patógenos de todos los estilos a través de la comida que consumes.
Considero esta información relevante porque si no empezamos a cuidar nuestro aparato digestivo, nuestra salud se verá comprometida de una u otra forma. La medicina funcional vincula la salud de los intestinos con enfermedades como las autoinmunes, el cáncer, la depresión, las alergias, la fatiga e incontables más.
Adicionalmente, podemos confiar en los antiguos dichos que relacionan la intuición con las tripas, por algo en común esa frase en ingles que dice, “gut feeling”. En las palabras del doctor funcional, Alejandro Junger:
“Tu cuerpo tiene dos cerebros: uno en tu cabeza y otro en tus intestinos. Cuando tienes un pensamiento, pequeñas chispas de electricidad tienen lugar dentro de las neuronas en tu cabeza. El cerebro de tu cabeza es el hardware para tus pensamientos. Pero cuando experimentas un “gut feeling”o intuición, las pequeñas chispas de electricidad tienen lugar en las neuronas de tu segundo cerebro. Mientras tu primer cerebro cumple su función como tu hardware intelectual, tu segundo cerebro-tus intestinos-son tu GPS espiritual y emocional. Sin él, estas perdido.”
@camilasernah
Institute for Integrative Nutrition
Fuente: El Tiempo http://blogs.eltiempo.com/disenando-una-nueva-via/2015/09/10/la-intuicion-y-nuestro-otro-cerebro/

alt¿Sabias que tienes dos cerebros? El primero recibe mucha atención y estudio, esta en tu cabeza y lo protegemos diligentemente para que cumpla sus funciones como es debido.

 
Otra manera de sentir
Escrito por Javier González Sánchez
Viernes, 26 de Junio de 2015 06:52

Otra manera de sentir
Con 24 años, Laura García trabaja como abogada y nació con una particularidad que afecta a solo el 1% de la población mundial: tiene sinestesia, una facultad muy poco conocida que consiste en la activación simultánea de los sentidos. A la vez que se activa el sentido de la vista lo hace también el gusto, o el oído. De esta manera los sinestésicos pueden `ver` el sonido en colores, `oír` el sabor de los alimentos, o asociar emociones a colores de forma automática. Este último es el caso de Andrea, un tipo de sinestesia que se conoce como grafema en color.
Su cerebro relaciona a cada persona, nada más conocerla, con un color y con la sensación que este le transmite. “Es una cosa integrada en mí que no me paro a pensar”. A la hora de conocer a alguien establece una conexión instantánea entre la sensación que le transmite esta persona: bondad, seriedad, tristeza… y el color que por defecto tiene esa característica para ella. De esta manera siempre que vuelva a ver a esta persona `sentirá` este color.
Según un estudio de la Universidad de Macmaster, en Canadá; realizado por la doctora Daphne Maurer, todos los niños menores de cuatro años presentan cualidades sinestésicas. A esta edad el cerebro aún no ha terminado de especializar las distintas áreas del cerebro que controlan los sentidos. En el caso de los sinestésicos esta asociación no se realiza por completo o no se llega a producir.
A pesar de que la sinestesia no se trata a de una enfermedad a muchos sinestésicos les supone algunos problemas en su día a día. A la hora de realizar operaciones matemáticas o grandes lecturas las palabras y los colores se les combinan y les dificultan la concentración. En cambio, otros aprovechan su particularidad para desarrollar reglas nemotécnicas asociadas a los colores que sienten en las palabras o para pintar cuadros a través de los colores que ven en la música.
Para esta joven abogada es muy difícil definir su tipo de sinestesia porque nunca pensó que fuera algo que había que explicar. Reconoce que la mayoría de la gente a la que intentar contar su forma de ver el mundo no lo entiende. Cree que el resto de personas no puede percibir las relaciones de una forma tan intensa como ella y por tanto es difícil hacerles entender algo tan emocional como esto. Afirma que este puede ser el único problema que le cause su sinestesia, el exceso de emoción. Puede vivir una amistad de una manera mucho más intensa si percibe un color en esa persona que le resulte muy agradable, aunque solo haya hablado con ella un par de veces.
Laura reconoce que su sinestesia la limita hasta cierto punto a la hora de conocer gente. Al sentirlas en un primer momento de un color desagradable de forma instintiva intentará alejarse de esa persona “Es muy difícil que, intentando evitar el contacto con personas del color del odio mi percepción sobre ellas llegue a cambiar, ya que nunca haré por conocerlas a fondo y las trataré lo mínimo imprescindible”. Existen casos en los que no puede asignar un color claro en el primer momento, lo que ella define como un color “en tierra de nadie” o de “desconfianza”. Con este tipo de personas el color se define poco a poco conforme las conoce y el contacto con ellas se acentúa.
Hasta hace unos pocos años Laura no sabía que era sinestésica. Para ella era normal entender el mundo a través de colores y  sensaciones, creía que todas las personas lo veían así. Un día su hermana le enseñó un episodio del programa Redes en el que hablaban sobre la sinestesia. “Cuando vi el programa me quedé en shock. No terminaba de entender cómo era posible que la vida no fuera así, porque jamás me hubiera parado a pensar que fuera de otra manera”.
La sinestesia es una particularidad muy difícil de explicar y de detectar. Para la mayoría de los sinestésicos su forma de entender el entorno que les rodea es la correcta y piensan que el resto de las personas lo ven de esta manera. Descubrir que son diferentes, especiales… que la nota musical do no es de color rojo para todos o que la tristeza no es de color azul supone un golpe muy duro para la mayoría.
Javier González Sánchez
Periodista

altCon 24 años, Laura García trabaja como abogada y nació con una particularidad que afecta a solo el 1% de la población mundial: tiene sinestesia,

 
Contaminación mental
Escrito por Herminio Otero
Viernes, 19 de Junio de 2015 00:47

altMuchas personas no viven felices, aunque quisieran: para ellos todo son problemas porque todo les preocupa.

 
Donar células madre
Escrito por José Carlos García Fajardo
Viernes, 12 de Junio de 2015 08:27

Donar células madre
Una chica de 16 años, enferma de leucemia, consigue un cordón umbilical mediante una campaña en un blog de Internet. La familia de esta chica informó de la aparición de un cordón umbilical compatible, que le permitirá someterse a un trasplante de médula ósea en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Su página Web recibió más de 30.000 visitas de todo el mundo.
El trasplante para una persona de 16 años que proviene de un cordón no es fácil, ya que no hay muchas posibilidades de que la médula se regenere fácilmente porque el cordón en sí tiene poca cantidad de células madre, a diferencia de los donantes adultos.
Desde el portal creado en Internet, amigos y familiares de Herminia piden a todos los posibles donantes que vayan a un banco de sangre a hacerse la prueba de compatibilidad. Si la gente supiese que con una simple extracción de sangre puede salvar una vida, estoy seguro de que se harían la prueba.
Hace años, la doctora de la Clínica Puerta de Hierro, de Madrid, Pilar Zabala, vino a nuestros seminarios de periodismo en la facultad de Ciencias de la Información, para explicar el problema que tenían cuando se presentaba un trasplante. Así como el plasma sanguíneo se puede conservar en frigoríficos, las plaquetas sólo duraban unas cuantas horas una vez extraídas de la sangre. Nos organizamos y fuimos a ese Hospital, nos tumbábamos durante dos o tres horas, nos extraían la sangre por un brazo, pasaba a través de un aparato que extraía las plaquetas y nos volvían a introducir la sangre por el otro brazo. Ni era doloroso ni peligroso y les servía para hacer un Banco de donantes de plaquetas. Hicieron un fichero con nuestros nombres, teléfonos y características y, en cualquier momento del día o de la noche, podían avisarnos a unos cuantos para acudir a donar las vitales plaquetas que ayudaron a salvar muchas vidas. Logramos que se hiciera un Banco con más de cien voluntarios donantes bien seleccionados. También formaron parte de ese banco familiares de enfermos que superaron la prueba de la compatibilidad, y que habían superado los naturales miedos de hace 20 años. También se comprometían a donarla a quienes la necesitasen aunque no fueran de su familia.
Yo me pregunto. ¿No sería posible organizar una campaña a nivel nacional para formar Bancos de posibles donantes compatibles de células madre? Hacerse la prueba es tan sencillo como una extracción de sangre para un análisis. Seguro que podríamos convocar a miles de ciudadanos que no saben que con su disponibilidad pueden ayudar a miles de enfermos de leucemia y de otras enfermedades. Por mi parte, aprovechando lo que me resta como Profesor Emérito en la Universidad Complutense, promoveré esta campaña desde esta Universidad de Madrid. Como no conozco el límite de edad, me ofrezco para que otros jubilados ayuden a promover las campañas que pongan en marcha las autoridades competentes. Es más que probable que las personas mayores más que células madres tengamos células abuelas, pero no importa la edad para pasar la palabra, echar una mano, desde casa con Internet o el teléfono, o desde las ONG y Asociaciones de la Sociedad Civil que quieran participar. Quizás no haya muchas personas que sirvan para el Banco de donantes, pero al menos sí habrá muchos que se sometan a la prueba de sangre, que, repito, es bien sencilla y conozcan sus posibilidades reales por si algún día alguien de su familia los necesita. Lo mismo hemos hecho animando a los jóvenes universitarios a hacerse las pruebas sobre la calidad de su semen y las posibilidades que en su día podrían tener para asumir una paternidad responsable. La respuesta fue excelente en toda España. Desde hace ya muchos años, nuestra facultad ha sido una de las que mayores donantes de sangre tienen cada año en nuestro campus. Y es que nunca dejamos de recordárselo a los nuevos estudiantes: pueden salvar vidas de la forma más sencilla y sin complicación alguna. Encima, reciben información sobre su estado de salud o sobre si precisan hacer una revisión.
Tengo para mí que, desde hace ya más de 30 años, ante un caso de grave enfermedad renal de uno de mis colaboradores que sólo tenía un riñón, estaba recién casado y esperaba a su primer hijo, comprendí que todos son mis hijos, mis padres y mis hermanos. Y si uno nunca vacilaría en ayudar a un ser querido, cuando este ámbito se expande, todo resulta más natural y fácil.
José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de Historia del Pensamiento Político y Social por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
Twitter: @GarciafajardoJC

altUna chica de 16 años, enferma de leucemia, consigue un cordón umbilical mediante una campaña en un blog de Internet.

 
Conexión con el ‘yo’
Escrito por Alfonso Echávarri Gorricho
Viernes, 08 de Mayo de 2015 07:45

Conexión con el ‘yo’
Lo mismo que ocurre en una habitación oscura al alumbrar con una linterna aquello en lo que queremos centrar nuestra atención, ocurre cuando queremos acercamos a los aspectos más profundos de nuestra propia persona, conectar con nuestro yo más auténtico,­­ con ese yo que es independiente de la máscara social de la que ya nos hablaba Jung en su teoría analítica del yo y que pertenece sin influencia externa alguna a la persona. En ocasiones oculto en esa zona de sombra no consciente, pero capaz de manifestarse en determinados momentos.
Cuando hablamos de personalidad no nos referimos a un concepto estático e inamovible en el individuo, ya que es la personalidad la que permite a la persona adaptarse día a día a las demandas que su vida le reclama. Es por ello por lo que podemos decir que el ser humano posee diferentes capas en su estructura personal. Cualquier persona posee un entorno más o menos amplio de familiares, amigos y conocidos. Y esa persona tiene un repertorio de conductas por las cuales es conocida por dicho entorno. El rango es muy amplio, y a fuerza de repetir una conducta concreta y ser reforzado de manera positiva por ello, esta conducta pasará a ser considerada por la persona como por su entorno como parte de su personalidad. Esta parte de la estructura cumple una función social muy importante, ya que se convierte en un regulador de la conducta, es decir, que tanto los que rodean a la persona como la persona misma no esperan grandes sorpresas en el comportamiento, por lo que se favorece la cohesión entre el grupo.
Sin embargo, el ser humano a veces se sale del guión previsto y se conduce de modo independiente a los refuerzos que pudiera obtener. Aparece entonces esa parte de la personalidad conocida como la parte más real del yo. Autores como Horney identifican a ese yo real con lo que la persona siente, cree y desea de forma más genuina y que pasa a convertirse en verdadera fuerza psíquica. Es esta parte de la personalidad la que impulsa a tomar decisiones y a asumir responsabilidades sobre las mismas. Así como en la parte social del yo la persona se ve capacitada para la adaptación al entorno, en el yo real el ser humano encuentra las fuentes del auténtico conocimiento y el desarrollo individual.
El yo real no recibe esta recompensa externa que lo refuerza, pero sin embargo es capaz de impulsar el crecimiento de la persona. Esto es así porque es dirigido por la voluntad. Así, es del todo posible que una persona decida ir a contracorriente de algunos modelos establecidos y “bien vistos” por la sociedad. Es el yo real el que impulsa a algunas personas a permanecer de forma incondicional al lado de infectados por el virus del Ébola, a pesar de arriesgar en alto grado su propia vida. Y es el yo real del ser humano quien decide cuidar de un padre enfermo de Alzheimer o quien renuncia a renovar su abrigo un invierno más a favor de los estudios de sus hijos.
El yo social cumple una función adaptativa y el yo real impulsa el conocimiento y el crecimiento personal. Dentro de este planteamiento cercano a la psicología analítica de Carl Jung, cabe un tercer componente, un tercer arquetipo que se corresponde con los componentes negados o reprimidos en la persona. Componentes que por no “casar” ni con lo que se espera de la persona desde el exterior, ni con la parte más real de la misma, se envían a una parte sombría de la consciencia. Solo en determinadas condiciones, algunos elementos de este reservorio de sombra se manifestarán de manera explícita y aportarán información adicional de la estructura personal.
Cualquiera de nosotros ha podido sorprenderse consigo mismo por su forma de pensar, de sentir o de actuar ante una situación determinada. El ser humano es mucho más que lo que cualquier teoría de la personalidad, por muy reconocida y estudiada que sea, pueda poner sobre el papel. Las teorías y los enfoques nos aportan vías de conocimiento y de reflexión, pero la ingeniería de un pantano no puede compararse con la inmensidad de cualquier mar.
Alfonso Echávarri Gorricho
Psicólogo y coordinador de Programas en el Teléfono de la Esperanza

altLo mismo que ocurre en una habitación oscura al alumbrar con una linterna aquello en lo que queremos centrar nuestra atención, ocurre cuando queremos acercamos

 
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