Salud
Conexión con el ‘yo’
Escrito por Alfonso Echávarri Gorricho
Viernes, 08 de Mayo de 2015 07:45

Conexión con el ‘yo’
Lo mismo que ocurre en una habitación oscura al alumbrar con una linterna aquello en lo que queremos centrar nuestra atención, ocurre cuando queremos acercamos a los aspectos más profundos de nuestra propia persona, conectar con nuestro yo más auténtico,­­ con ese yo que es independiente de la máscara social de la que ya nos hablaba Jung en su teoría analítica del yo y que pertenece sin influencia externa alguna a la persona. En ocasiones oculto en esa zona de sombra no consciente, pero capaz de manifestarse en determinados momentos.
Cuando hablamos de personalidad no nos referimos a un concepto estático e inamovible en el individuo, ya que es la personalidad la que permite a la persona adaptarse día a día a las demandas que su vida le reclama. Es por ello por lo que podemos decir que el ser humano posee diferentes capas en su estructura personal. Cualquier persona posee un entorno más o menos amplio de familiares, amigos y conocidos. Y esa persona tiene un repertorio de conductas por las cuales es conocida por dicho entorno. El rango es muy amplio, y a fuerza de repetir una conducta concreta y ser reforzado de manera positiva por ello, esta conducta pasará a ser considerada por la persona como por su entorno como parte de su personalidad. Esta parte de la estructura cumple una función social muy importante, ya que se convierte en un regulador de la conducta, es decir, que tanto los que rodean a la persona como la persona misma no esperan grandes sorpresas en el comportamiento, por lo que se favorece la cohesión entre el grupo.
Sin embargo, el ser humano a veces se sale del guión previsto y se conduce de modo independiente a los refuerzos que pudiera obtener. Aparece entonces esa parte de la personalidad conocida como la parte más real del yo. Autores como Horney identifican a ese yo real con lo que la persona siente, cree y desea de forma más genuina y que pasa a convertirse en verdadera fuerza psíquica. Es esta parte de la personalidad la que impulsa a tomar decisiones y a asumir responsabilidades sobre las mismas. Así como en la parte social del yo la persona se ve capacitada para la adaptación al entorno, en el yo real el ser humano encuentra las fuentes del auténtico conocimiento y el desarrollo individual.
El yo real no recibe esta recompensa externa que lo refuerza, pero sin embargo es capaz de impulsar el crecimiento de la persona. Esto es así porque es dirigido por la voluntad. Así, es del todo posible que una persona decida ir a contracorriente de algunos modelos establecidos y “bien vistos” por la sociedad. Es el yo real el que impulsa a algunas personas a permanecer de forma incondicional al lado de infectados por el virus del Ébola, a pesar de arriesgar en alto grado su propia vida. Y es el yo real del ser humano quien decide cuidar de un padre enfermo de Alzheimer o quien renuncia a renovar su abrigo un invierno más a favor de los estudios de sus hijos.
El yo social cumple una función adaptativa y el yo real impulsa el conocimiento y el crecimiento personal. Dentro de este planteamiento cercano a la psicología analítica de Carl Jung, cabe un tercer componente, un tercer arquetipo que se corresponde con los componentes negados o reprimidos en la persona. Componentes que por no “casar” ni con lo que se espera de la persona desde el exterior, ni con la parte más real de la misma, se envían a una parte sombría de la consciencia. Solo en determinadas condiciones, algunos elementos de este reservorio de sombra se manifestarán de manera explícita y aportarán información adicional de la estructura personal.
Cualquiera de nosotros ha podido sorprenderse consigo mismo por su forma de pensar, de sentir o de actuar ante una situación determinada. El ser humano es mucho más que lo que cualquier teoría de la personalidad, por muy reconocida y estudiada que sea, pueda poner sobre el papel. Las teorías y los enfoques nos aportan vías de conocimiento y de reflexión, pero la ingeniería de un pantano no puede compararse con la inmensidad de cualquier mar.
Alfonso Echávarri Gorricho
Psicólogo y coordinador de Programas en el Teléfono de la Esperanza

altLo mismo que ocurre en una habitación oscura al alumbrar con una linterna aquello en lo que queremos centrar nuestra atención, ocurre cuando queremos acercamos

 
Un planeta de gordos pobres
Escrito por Gonzalo Fanjul
Sábado, 25 de Abril de 2015 12:12

Un planeta de gordos pobres
El tiempo en el que las consecuencias alimentarias de la pobreza se limitaban al hambre parece haber quedado atrás. De acuerdo con un ambicioso informe publicado hace algunas semanas por el think-tank británico Overseas Development Institute, seis de cada diez personas obesas o con sobrepeso del planeta viven en países en desarrollo. En algunos casos, como el de India, el incremento acelerado de la obesidad en las rentas medias y bajas se ha producido en paralelo con un estancamiento de las cifras de malnutrición infantil. Dos maneras contrapuestas pero igualmente eficaces de minar la salud de los pobres.
La tendencia es alarmante. Entre 1980 y 2008 el número total de personas con sobrepeso u obesidad ha crecido en 890 millones (de 571 a 1.461). Pero este problema ha recaído con mucha más fuerza sobre los hombros de los países pobres (donde se ha multiplicado por tres) que sobre los de ingreso alto (donde ha aumentado un 70%). La dieta media en China, por ejemplo, no solo ha crecido de los 852 a los 2.109 gramos por persona y día, sino que su composición ha variado notablemente: el consumo de productos animales se ha multiplicado por 11, el de azúcar por tres y el de vegetales por cuatro. El patrón se repite en grandes países en desarrollo como India, Tailandia, Egipto o Perú.
El primer problema es de salud pública. La evolución cuantitativa y cualitativa de estas dietas está directamente relacionada con la proliferación de las llamadas ‘enfermedades no transmisibles’ como la diabetes, las patologías cardiovasculares o el cáncer. The Economist recordaba hace unos días que en 2012 el 57% de los diagnósticos oncológicos se produjo en el mundo en desarrollo, donde hoy se producen dos de cada tres fallecimientos derivados de las patologías cancerígenas (más víctimas de las que provocan el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntos). Cuando todavía no se ha cerrado la herida abierta por las consecuencias de las reglas de propiedad intelectual en el acceso a medicamentos contra el VIH-SIDA, la posibilidad de extender este conflicto a las enfermedades no transmisibles es la pesadilla de muchos. El derecho a la salud de los nuevos pobres exige tratamientos que, de acuerdo al modelo actual de innovación y acceso a medicamentos, resultan simplemente inalcanzables.
La otra perspectiva que aborda el informe es la de los efectos de este proceso sobre la evolución de la demanda agraria y los precios de los alimentos. Al fin y al cabo, se ha establecido entre académicos y políticos la idea de que las crisis alcistas de precios de 2008 y 2011 se debieron tanto al incremento lento de la demanda en las grandes economías emergentes como a la presión ejercida por las políticas energéticas (producción de biocombustibles) y la alteración de la producción media como consecuencia del clima y los desastres naturales. Pues bien, de acuerdo con la investigación encargada por el ODI a los expertos de IFPRI (un centro de referencia mundial en este ámbito), el aumento de la demanda de productos ricos en grasa incrementará el precio mundial de la carne, pero no necesariamente el del grano o el de otros alimentos básicos. La razón está en que –incluso considerando la evolución de la población- prevén una transformación en la dieta de los países de ingreso alto que reduzca los niveles de consumo de carne por debajo incluso de los actuales. Una revolución similar a la que se ha logrado en el campo del tabaquismo.
Las implicaciones de cada una de las cuestiones planteadas arriba son extraordinarias. El incremento del sobrepeso y la obesidad entre las poblaciones más pobres del planeta nos obligará a enfrentarnos a complejos dilemas políticos que afectan a la salud pública, la estructura de los mercados agrarios y la capacidad de las instituciones para influir ambos. Y lo haremos al mismo tiempo que luchamos contra una inseguridad alimentaria que en este momento determina la vida de cerca de 850 millones de personas. Como recuerda el informe de ODI, tenemos razones más que suficientes para reconsiderar los patrones de consumo y producción en este sistema alimentario roto.
Gonzalo Fanjul
Experto en Desarrollo y director del blog 3.500 millones
Twitter: @GonzaloFanjul

altEl tiempo en el que las consecuencias alimentarias de la pobreza se limitaban al hambre parece haber quedado atrás. De acuerdo con un ambicioso informe publicado

 
Malos hábitos: epidemia del siglo XXI
Escrito por Noemi Portela Prol
Sábado, 07 de Marzo de 2015 09:39

Malos hábitos: epidemia del siglo XXI
En 2012, el VIH fue el responsable de 1,5 millones de muertes en el mundo, según un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el mismo año, 6,7 millones de personas fallecían a causa de accidentes cerebrovasculares. Fumar, abusar del alcohol, llevar una dieta inadecuada y no hacer ninguna actividad física supone una combinación perjudicial para nuestra salud; en ocasiones letal. Los avances tecnológicos y médicos han conseguido poner freno a la mayoría de las enfermedades infecciosas pero se disparan aquellas ligadas a los excesos de la era moderna.
Según las últimas estimaciones, de las 56 millones de muertes que hay al año, el 68% se deben a enfermedades no transmisibles, un 8% más que en el 2000. Además, 16 millones se producen entre personas menores de 70 años. Las patologías incluidas en este tipo de dolencias se dividen en cuatros grupos (enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias y diabetes) y el riesgo de padecerlas está ligado con el consumo de tabaco y alcohol, llevar una dieta poco saludable o el sedentarismo. Además del estudio se extrae el siguiente dato: aunque la mayor parte de estas muertes, un 75%, se produjo en países de ingresos bajos y medianos, en números relativos es la causa del 87% de los fallecimientos en países de ingresos altos.
Horas interminables delante del ordenador, el coche como medio de transporte más habitual o evitar las escaleras son algunos de los hábitos más frecuentes en el día a día. Un estudio reciente señala que el sedentarismo produce el doble de muertes que la obesidad. El ejercicio físico es indispensable si se pretende llevar una vida sana y, además, guarda muchos otros beneficios como pasar tiempo al aire libre, divertirse, relajarse o relacionarse. Por su parte, las cadenas de comida rápida se multiplican día a día en las diferentes ciudades del mundo. Los establecimientos, repletos de clientes, ofrecen un servicio casi instantáneo y precios baratos. Sin embargo, detrás de estas ventajas se esconde una mucho peor. La comida servida en estos locales se caracteriza por tener grandes cantidades de calorías y componentes que, a la larga, son nocivos para nuestra salud. El acelerado ritmo de vida imperante en la actualidad dificulta llevar una dieta sana y muestra de ello es que en 2014 el 39% de la población tenía sobrepeso y un 13% obesidad.
Tabaco y alcohol son otros dos grandes enemigos de la salud, ambos adictivos y tóxicos. A pesar de que el consumo del alcohol está más generalizado, la adicción que produce la nicotina y el hecho de que afecte también a fumadores pasivos, hace que el tabaquismo sea más perjudicial y se relaciona con seis millones de muertes al año.
La OMS ha creado un plan para reducir el 25% de estas muertes prevenibles en 2025 y para ello propone reducir las grasas trans sustituyéndolas por poliinsaturadas, que se encuentran en el pescado y los frutos secos, y eliminar anuncios publicitarios que fomenten el consumo de alcohol y tabaco. Algunos países, conscientes del problema, han puesto en marcha diversas medidas como reducir la sal o controlar más los componentes de los alimentos. El caso más significativo es el de Hungría que tras aplicar una tasa a los productos poco saludables, no solo ha conseguido que las ventas de estos hayan descendido estrepitosamente sino que la industria alimentaria se ha visto obligada a sustituirlos. También frecuentes son las iniciativas para reducir el tabaquismo. Subir los impuestos, incluir en las cajetillas mensajes que advierten sobre los posibles efectos nocivos del tabaco, eliminar los anuncios publicitarios o prohibir fumar en espacios públicos cerrados son algunas de las medidas más habituales para luchar contra el tabaquismo. Medidas que, además, han resultados más que satisfactorias y el número de fumadores se ha reducido considerablemente en la última década.
El problema está a nuestro alcance, las bacterias y la búsqueda de vacunas no forman parte de este juego. En un asunto en el que nosotros somos víctimas y verdugos, la solución es tan sencilla como cambiar unos hábitos que, sin embargo, parecen demasiado arraigados en la sociedad.
Noemi Portela Prol
Periodista
Twitter: @NoemiPortela

altEn 2012, el VIH fue el responsable de 1,5 millones de muertes en el mundo, según un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el mismo año, 6,7 millones de personas fallecían

 
Café y cacao
Escrito por Félix R. Chacón
Jueves, 12 de Febrero de 2015 07:32

altTan dispares como lo son, el café y el cacao guardan muchas similitudes. Son productos vegetales, cultivados entre los trópicos de Cáncer y Capricornio,

 
Confiscación del derecho a la salud
Escrito por Mercedes Montero (socióloga)
Domingo, 01 de Febrero de 2015 02:18

altVenezuela, país en el que todos los derechos humanos fundamentales se violan diariamente por parte de la dictadura Castro comunista de Maduro,

 
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