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| Lo de la vacuna |
| Escrito por Ignacio Avalos Gutiérrez |
| Miércoles, 21 de Julio de 2010 06:30 |
Ojala Convit y su grupo las den y puedan espantar las dudas que se han tejido en torno a su vacuna. Ojalá las den en el marco de una discusión pública necesaria, de la cual uno espera, de paso, no se hunda en la polarización
I. Desde que un medicamento es concebido hasta que, finalmente, puede ser usado por las personas, pasa un buen tiempo, el necesario para superar filtros muy rigurosos, puestos para garantizar que la pildorita o la inyección que pretenden curar o prevenir tal enfermedad, la curan o previenen. Y vencer, asimismo, otros filtros aún más relevantes para que el medicamento se produzca como debe ser, pues si en algún lugar el fin no justifica los medios es en la ciencia, punto en torno al cual coincidimos los terrícolas a partir del llamado Código de Nuremberg (1947), al establecer, entre otras cosas, los principios que orientan la experimentación médica en seres humanos. Adicionalmente, en la medida en que nos adentramos en la llamada sociedad del conocimiento, que es también, por su otra cara, la sociedad del riesgo, la ciencia y la tecnología son, de manera cada vez más insistente, objeto de interés público. Se considera, entonces, que, siendo, como lo son, una fuerza tan determinante en la constitución y desenvolvimiento de las sociedades actuales, su vigilancia y control por parte de la gente son imprescindibles en el sistema democrático. Se ha ido diseñando, así pues, una institucionalidad - en Venezuela damos apenas los primeros pasos -que sienta las condiciones para que los frutos del laboratorio puedan ventilarse y ser sopesados en función de sus múltiples implicaciones sociales y éticas. II. Por estos días, se ha anunciado una nueva vacuna, consecuencia del trabajo de Jacinto Convit. Se trata de una alternativa terapéutica para curar el cáncer de seno, estómago, colon y cerebro que, según se informa, implica un tratamiento de inmunoterapia con menos “efectos colaterales”, a la par que más efectivo que el que hasta ahora se encuentra disponible para superar esta enfermedad, la segunda causa de muerte en Venezuela. Sin embargo, desde diversos lados se han escuchado algunas voces expresando cierto escepticismo sobre la efectividad de la vacuna, argumentando que no han sido dados a conocer los fundamentos de las investigaciones realizadas ni se cuenta con la opinión de los científicos que se desenvuelven en esta área. Y, más espinoso aún que lo anterior, hacen objeciones éticas, indicando que la vacuna se está administrando desde hace un tiempo, sin seguir los pasos pautados en nuestras leyes en materia de experimentación y sin contar, siquiera, con el visto bueno de la Comisión de Bioética del propio Instituto de Biomedicina, donde trabaja Convit, organismo adscrito al Ministerio de Salud, el cual, por cierto, hasta ahora no se ha pronunciado al respecto. III. Hay, pues, incertidumbres técnicas y apremios éticos que requieren de algunas explicaciones. Ojala Convit y su grupo las den y puedan espantar las dudas que se han tejido en torno a su vacuna. Ojalá las den en el marco de una discusión pública necesaria, de la cual uno espera, de paso, no se hunda en la polarización política, advertencia que no está de más en un país capaz, por ejemplo, de deformar, sectarismo de por medio, la tragedia humana del Inca Valero. Y ojala las den, sobre todo, en consideración a la esperanza que ha despertado entre tanta gente, gente que se merece saber por dónde andan las cosas en un asunto de tantísima envergadura para su vida. HARINA DE OTRO COSTAL No puedo decir que sea un conocedor a fondo de su obra o que tenga la caja de herramientas necesaria para poder calibrarla y determinar cómo quedará con el pasar de los días y que lugar ocupara en la historia de nuestra literatura. Pero aún si no hubiese tenido en mis manos una sola página de sus libros, me bastó con escuchar el discurso que pronunció el lunes antepasado para saber que se trata de un gran intelectual venezolano, además de uno de los más versátiles, (por ejemplo, conoce a fondo de futbol, también de ciclismo y es magallanero con fundamentos teóricos), y a la vez comprender por qué fue recibido como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Lengua. Me parece que alguien que dijo lo que dijo como lo dijo ese día Joaquín Marta Sosa, tiene que ser un gran maestro en el oficio de escribir. El Nacional/OyN |