¿El fracaso de la psicología?
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Jueves, 19 de Septiembre de 2019 06:45

altEs fuente de recurrentes debates y posiciones encontradas, el papel que debe tener la psicología y profesiones afines con respecto a los múltiples

problemas emocionales que parecieran presentar un incremento exponencial, sin que se encuentren fórmulas acertadas para hacerles frente. Al tener la psicología moderna la propensión a ser útil para las personas, se hace necesario revisar hasta qué punto este fin utilitarista de la psicología ha sido cumplido. Sin dudas que en lo que se refiere a un abordaje en el marco de un consultorio; sea para resolver problemas personales o grupales, la psicología, particularmente la psicología clínica y por supuesto, la psiquiatría, han sido disciplinas muy exitosas. Pero es propio de lo humano pretender ser más ambicioso y sería quedarnos cortos de miras si no pretendiésemos ir más allá. 

El manejo institucional ha sido criticado y cuestionado por su carácter de claustro en el cual se cercenan libertades individuales. Además, desde lo institucional, la psicología y disciplinas afines han fracasado hasta ahora en lo que respecta al manejo comunitario y abordaje de los múltiples desórdenes mentales. Dado el carácter multifactorial de las enfermedades mentales, desde la depresión hasta la drogadicción, el abordaje al hombre en comunidad todavía no ha sido fructífero. El incremento de las patologías mentales va aumentando a una velocidad que desborda la capacidad de respuesta institucional para afrontarlas. Es ese un talón de Aquiles, a nuestro parecer, del poco efecto social que el utilitarismo psicológico ha desempeñado.

Un ejemplo de esto es el auge desmedido de las adicciones. Esta epidemia de conductas incontroladas no se está dando únicamente en los barrios bajos de las grandes ciudades, ni entre los pobres, los iletrados o los miembros de un grupo étnico en particular. Se está dando en los pueblos y grandes ciudades, igual tras las puertas de enormes mansiones, de residencias rodeadas de jardines, de modestos apartamentos y de míseros ranchos. Tanto en personas muy instruidas como entre quienes apenas han completado la escolaridad elemental; entre individuos de todos los orígenes y grupos sociales. No tenemos que buscar más allá de nuestra propia ciudad natal, de la calle en que vivimos, y a menudo incluso de nuestra propia familia para encontrar casos de adicción, junto con el dolor que esta provoca en la vida de las personas. De hecho, la personalidad adictiva existe a lo largo de una línea continua. Como todos hemos crecido en una sociedad adictiva en medio de condiciones que engendran una vulnerabilidad a la adicción, la mayoría de nosotros nos situamos en algún punto de esa línea continua. Somos vulnerables en distintos grados según cómo somos en nuestro interior (Washton, Boundy,1991:26-27). 

El grave problema de las drogas, por ejemplo, nos señala, por otro lado, la ausencia de entendimiento en relación a que el fin utilitarista de la Psicología es propio de un abordaje comunitario. Tal vez esto ocurre por ignorancia, o peor aún, por desidia. Lo cierto es que no se intenta comprender el carácter potencialmente útil y universal que esta disciplina posee. Se han desarrollado múltiples teorías, corrientes y escuelas de psicología que se han planteado, no sólo entender la psiquis, sino mejorar la calidad de vida del hombre común. Sin embargo, lo que ha sido cubierto por esta ocupación inicial, que es loable, ha quedado pasmosamente atrás, si lo comparamos con el nivel de psicopatología que desborda al hombre contemporáneo.

Comprendemos que se trata de una disciplina nueva que apenas comienza a dar frutos; pero que si no es sometida al lente crítico de quienes la cultivamos, difícilmente se podrá dar respuestas a las múltiples contingencias, desórdenes y sufrimientos que genera la condición psíquica del individuo cuando pierde su armonía. Lo cierto es que el desafío sigue presente, en una suerte de vanguardia contra la enfermedad mental y las estrategias que de manera recurrente nos vamos trazando para enfrentarla. 

Sería poco congruente para quienes nos dedicamos a estos asuntos, tirar la toalla, justo cuando tenemos mayor conocimiento de lo que es eficaz y lo que no lo es. Tal vez la contemporaneidad sea el tiempo en el cual, muy por el contrario de lo que podría creerse, la psicología y todo lo correspondiente al enfrentamiento de lo patológico y el cultivo de la Salud Mental, desarrollen las mejores estrategias en un campo de batalla donde tantos predecesores han caído. Es la percepción que tengo, toda vez que no doy posibilidad a quedarme sin luchar para minimizar el sufrimiento psicológico de grandes mayorías. Pensar en una humanidad emocionalmente enferma, lo cual es sinónimo potencial de infelicidad colectiva, no puede tener cabida en quienes tenemos la responsabilidad de ser garantes de que lo que hacemos sea una actividad primordial de lo humano. El atreverse a asumirlo es más que un acto buena fe. 

 

 


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