Trastorno bipolar, familia y pareja
Escrito por Alirio Pérez Lo Presti | TW: @perezlopresti   
Miércoles, 20 de Marzo de 2019 01:01

altLa familia sigue existiendo y sobrevive en el siglo XXI a pesar de su decantada debilidad y contra todos los intentos históricos por modificarla o eliminarla.

Desde los koljoz soviéticos hasta los kibutz israelíes, los proyectos destinados a acabar con la familia, tal como la conocemos, han fallado repetidamente. 

La familia surge en forma antropológica como una necesidad. Esta necesidad, pese a todas las modificaciones que el curso del tiempo haya podido generar, sigue presente, dando a la familia la insólita dimensión de que en sus fundamentos o insuficiencias elementales, de alguna manera no ha cambiado en el aspecto de fondo durante el curso de tantos años. 

En muchas ocasiones nos enfrentamos a una paradoja perfecta: familias aparentemente disfuncionales que funcionan. En estos casos es necesario destacar que se debe ser lo suficientemente acucioso y cautos para que una estructura aparentemente disfuncional, no sea sometida a un procedimiento terapéutico que acabe por eliminar este curioso equilibrio que se establece en algunas familias, conduciendo así la dinámica familiar a una condición desastrosa. Los sistemas son estructuras que no permiten que aparezcan espacios vacíos. La familia funciona como un sistema abierto en donde cualquier modificación de su dinámica es compensada por cambios inevitables. 

Por otra parte, el terapeuta debe ser lo suficientemente bien entrenado para no proyectar su visión personal de lo que debería ser según sus conceptos una familia “funcional”. La contratransferencia (lo que la familia tratada es capaz de movilizar en el mundo intrapsíquico de quien funge como tratante) puede ser una sombra que abrace al terapeuta. La familia es la red de contención más cercana y operativa que funciona de manera proactiva, si sabemos trabajar con ella, constituyendo el nodo más relevante en el abordaje y tratamiento de los pacientes con patología bipolar. 

Un abordaje empático, en el cual se maneje la mayor cantidad de información provechosa posible, tiende a crear equilibrio y estados saludables en los sistemas familiares de los cuales forma parte todo paciente con Trastorno Bipolar. No trabajar con familias es una mengua irreparable y la invitación es siempre a asumir a quien presenta un Trastorno Bipolar como parte de un sistema latentemente empático y resolutivo. Recordemos que la enfermedad bipolar tiene una penetrancia genética importante, por lo que es frecuente que exista más de un miembro de la familia con esta condición. 

El poder mantener en el curso del tiempo una pareja estable es una aspiración verbalizada por los pacientes con Trastorno Bipolar. Las severas fluctuaciones de ánimo y los comportamientos de carácter disruptivo que condicionan conductas de riesgo, indiscreciones sexuales y conducta abiertamente promiscua, son una prueba de fuego para que las parejas se puedan mantener unidas en el curso del tiempo. La asociación clásica entre consumo de alcohol y drogas durante la fase maníaca tiende a generar crisis en las parejas, independientemente del tiempo que lleven juntos.  La psicoeducación y la terapia de pareja son las puntas de lanza para poder abordar esta dimensión potencialmente fluctuante.

El rendimiento cognitivo de las personas con Trastorno Bipolar impacta en las diversas áreas de su funcionamiento diario. Se postula que entre un 30-60 % de las personas con Trastorno Bipolar no recupera su funcionamiento social y ocupacional pre mórbido, situación que podría deberse al compromiso neuropsicológico asociado a la enfermedad. Diversos estudios han certificado la presencia de déficit neurocognitivos en personas con trastorno bipolar, tanto en las fases maníacas como depresivas. No obstante, solo estudios más recientes han documentado la persistencia de estas alteraciones en las fases de estabilidad emocional de la enfermedad bipolar. Esta persistencia de déficit cognitivos en las distintas fases del trastorno ha llevado a que algunos sostengan que éstos debieran considerarse como un rasgo marcador de la enfermedad.

La presencia d disfunciones cognitivas probablemente constituya un mejor predictor del nivel de ajuste social, laboral y familiar que la presencia de síntomas clínicos en las diversas fases de la enfermedad. Las técnicas para apoyar la reinserción laboral y rehabilitación psicosocial han estado avanzando junto a las nuevas tecnologías.

Muchos importantes actores sociales han presentado la condición clínica que denominamos Trastorno Bipolar. El impacto en la sociedad y las consecuencias a largo plazo por la existencia de esta condición, son elementos propios de cualquier conglomerado. En términos generales, bipolaridad es sinónimo de poca adaptación laboral y todos los esfuerzos que se hacen para prevenir las crisis son más que justificados. Sirva este modesto texto para sumar agua al molino del mejor abordaje posible ante la existencia de esta condición que llamamos Trastorno Bipolar. 

  


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