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| ¡Ni una dieta más! |
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| Escrito por Rafael Mitilo |
| Martes, 12 de Enero de 2010 07:50 |
La obesidad o delgadez, aunque usted no lo crea, obedecen más a motivaciones culturales que biológicas. Ciertamente la vida, como alguien dijo, es para vivirla y no para entenderla; es decir, independientemente de cuanto hagamos, ineludiblemente un día ésta se extingue.
Sin embargo, nada impide que durante su vigencia se haga lo necesario para preservarla y, disfrutar sus bondades el mayor tiempo posible.El ejercicio de la existencia, comporta no sólo un compromiso para con la sociedad, sino -y por encima de todo- para consigo mismo. Esto es, la vida será mejor, mientras más sana sea. En consecuencia, es imperativo hacer un esfuerzo, en aras de la salud, por contar con las nociones elementales del funcionamiento del organismo dentro del cual vivimos. Para ello, no se requiere ser médico o bioanalista. Biólogo o nutricionista, no. Lo que realmente se requiere y, no lo tenemos, es la predisposición anímica a la debida asesoría respecto a las reglas elementales del funcionamiento de nuestro cuerpo. En otras palabras, carecemos de cultura fisiológica. Desconocemos absolutamente las leyes que rigen la armonía funcional de nuestra estructura corporal, lo que hace que coloquemos el destino de la salud a los vaivenes del azar. Todo cuanto ha creado la naturaleza está interrelacionado. La vida, en cualquiera de sus manifestaciones, para lograr plenitud, depende del nivel de armonía entre esos elementos naturales. Es así como, el correcto funcionamiento de nuestros órganos queda supeditado al entendimiento con dichos procesos. El sol y la luna, determinan la dinámica del metabolismo, los alimentos que ingerimos son procesados en mayor o menor medida, mediante la conjugación cronométrica que existe entre los procesos digestivos, la influencia externa y la calidad de los mismos. De esta manera se explica que, para mantener un cuerpo sano, no basta la calidad de la comida, es prioritario además, el tiempo en que se consumen. Como enero es el mes de las dietas de "culpa", y, afanosos buscamos el desquite contra el exceso de peso, sentí la incontenible necesidad, aunque por vía teórica, de indagar acerca del tema. Es visible y conocido mi combate -en desventaja- contra la obesidad. Hoy sé que soy gordo, no por causa de lo que como, sino en razón de cuándo y cómo como. La ansiedad, stress y cuánta cosa se le parezca, no causan la obesidad, sino al contrario. Nosotros, principalmente los venezolanos no tenemos hábitos alimenticios. Al respecto, encontré "inexplicablemente" ignorando entre mis libros, un delgado ejemplar de literatura fisiológica, no de dietas, cuyo título resulta llamativo: "¡Ni una dieta más!", escrito por la doctora Daniela Jakubowicz, exitosa médico endocrinólogo especializada en el tratamiento de la obesidad, diabetes, etc., a través del "Método Circadiano", el cual, al decir de la doctora Jakubowicz, acelera el metabolismo, controla el hambre y la adicción a los dulces y permite adelgazar para siempre. He allí, la explicación a la incidencia de la ignorancia en nuestra forma de comer. Explica esta obra brillante, las razones determinantes que nos llevan a competir en desventaja, contra un enemigo estructural y poderoso: nuestra propia inconsciencia. Somos gordos, porque somos débiles intelectualmente hablando. Somos débiles -entre otras cosas- porque estamos mal alimentados. Ahora bien, entender en forma individual el problema, no es sencillo, mucho menos lo es, en forma colectiva. Nuestro pueblo, no siente la obesidad como una epidemia. Se come atraído por la seducción publicitaria y, en base a motivaciones culturales. Comemos siempre lo mismo, cosa que no siendo mala, aporta poco a una nutrición saludable. Lo importante a resaltar aquí, no es la calidad del libro, la cual es indiscutible, sino reflexionar profundamente acerca de la necesidad de enfrentar el problema de la obesidad, como lo que realmente es; una epidemia que mata. No como un simple capricho de estética o, en el mejor de los casos como un "modismo" para asistir al gimnasio sin criterios médicos. Sólo a través del conocimiento de la función propia de cada uno de nuestros órganos, podremos entender los mecanismos de funcionamiento y, lo que le es adecuado para tal fin. En materia de obesidad, es mucho lo que se ha dicho. Miles de dietas se proponen y cientos de equipos de gimnasia pululan en el mercado mundial, y, aún así, la gordura va en aumento. Lo que realmente ocurre, está asociado a las causas culturales y no biológicas del problema. Aquellas que nos dicen que la gordura es sinónimo de abundancia. A su vinculación con el placer y la ligereza emocional. En consecuencia, todo cuanto hagamos contra la obesidad, se corresponde con la cultura del dinero y no de la salud. Cuando, conocemos las leyes bajo las que funciona el cuerpo, sabremos entonces que cada comida o ejercicio, debe corresponderse con un horario u organismo. Sabremos que la ausencia de desayuno atenta contra los mecanismos naturales que nos proveen de energía, o que la cena perjudica el procesamiento de tales alimentos. Es necesario incentivar la relación existente entre el organismo y los alimentos que tienen capacidad de fortalecerlo. Es conveniente visitar al especialista, la salud es un asunto de primer orden. Cuando tanto el Estado, como la población asuma el problema de la obesidad bajo criterios de patología, habremos avanzado en su contra. Hoy por hoy, la obesidad no se asume como tal, sino, al igual que ocurre con el consumo de alcohol, se le toma como un tema jocoso y de poca importancia. No hay que mentir, aquí hasta los más eminentes médicos y nutricionistas, "pecan" en materia gastronómica. No es extraño el exceso de peso aquellos profesionales. Claro, aún cuando científicamente, se tenga conocimiento de los peligros que rodean al obeso, se impone el factor cultural, el cual, siempre estará más vinculado a la arrogancia que a la salud. La obesidad, al contrario de lo que se piensa y practica, es más propia de la angustia que de la abundancia. La obesidad genera tristeza más que riqueza. Vale la pena romper la rutina y ahondar en las causas y los efectos. Es ingenioso conocer el mapa "fisiográfico" de nuestro cuerpo, para saber el por qué de los infartos. Las razones de la trombosis. Las causas de la diabetes. Develar cómo funciona y para qué cada órgano, es al mismo tiempo saber, como alimentarlo y con qué. Conocer el fascinante mundo de nuestra estructura orgánica es tanto, o más importante que conocer las leyes que rigen el universo o la geografía mundial y nacional. La "geografía" propia, la de nuestro cuerpo, es de obligatorio conocimiento o de lo contrario, alimentarnos como lo hacemos, será siempre una suerte de actos suicidas, en los que la mano hurga la cueva, ignorando el acecho de la serpiente. Por mi parte, sigo ésta lucha, que más que contra la obesidad, es contra la ignorancia, única responsable de toda desgracia humana. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla La Prensa de Barinas |