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Caracas, Martes, 07 de Febrero de 2012
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La tarea del reconocimiento
Escrito por Adrián Liberman   
Lunes, 06 de Septiembre de 2010 07:31

altIndependientemente de los resultados de las próximas elecciones, y de las proporciones de representantes que se deriven de ellas, las dos facciones van a tener que emprender una tarea inédita, urgente y necesaria. Esta es la labor del reconocimiento, de la aceptación de la existencia de la otra. Lo que parece algo natural, no lo es, producto de una década de paranoia disfrazada de ideología, que le ha hecho daño a todos.

Una vez instalados en sus funciones, los representantes electos tendrán que aceptar la existencia del otro lado. No sólo por el acto de tener que sentarse en la misma sala, durante las plenarias y constatar que "el otro también existe", sino por toda una serie de comportamientos que apuntan hacia ello. Tendrán que negociar, pedir, exigir, acordar, discutir la conformación de comisiones y distribución de funciones internas, desacordar, denunciar, aliarse para que la Asamblea funcione. Es decir, tendrán que desplegar todo un abanico de operaciones simbólicas destinadas a reconocer la existencia del otro, y al inevitable juego de alianzas que caracteriza la democracia.

Aunque el inicio de esta labor pueda ser dificultoso, creo que de lado y lado está claro que el resentimiento a ultranza como único capital político se agota rápidamente y que en Venezuela habitan 26 millones de personas que exigen resultados y no insultos. Uno de los daños más severos que la década de chavismo le ha hecho al tejido social es el intento sostenido de convencer que la diversidad es un inconveniente.

Que la pluralidad de opiniones e ideas no es más que agresión y mala leche dirigida en contra del que nos quiere salvar a pesar de nosotros mismos.

Basado en lo que creía ser un caudal inagotable de resentimiento, el narcicismo maligno del Supremo consideraba que era posible la instalación omnímoda de su voluntad. Pero 11 años después, ni el resentimiento ni los dólares petroleros alcanzan para perpetuar lealtades. Sin embargo, sea lo que fuere, el chavismo existe, como también existen los que piensan que ninguna versión pedestre de socialismo es la respuesta a nuestros males.

Por ende, la labor de los representantes que sean electos ante la AN será la de dar el ejemplo de cómo se reconoce al otro, en la vida cotidiana y de cara a los acuerdos necesarios para legislar. Habrán de mostrar la paciencia de Job, la insistencia de quienes saben que los mensajes deben redundar para que hagan efecto, pero deberán persistir en poner las ideas en tensión unas con otras, en necesaria relación.

Se necesita rescatar la idea que la negociación, el acuerdo y el debate son valores necesarios para evitar el delirio de la verdad absoluta, y no expresiones de sabotaje o traición.

La tarea del reconocimiento mutuo pasa por la asunción de que de lado y lado hay falencias, pero también aciertos.

Que la verdad y el bienestar no se desprenden automáticamente del color de la camisa que se lleve y que las ideas provechosas como los disparates pueden surgir de todos los lados.

El reconocimiento es la tarea previa a la de la reconciliación.

Que no es un bobalicón borramiento del pasado, sino un trabajo en el que la viabilidad del país mismo está en juego. Se reconcilian aquellos que tienen diferencias, y lo hacen los que aceptan la existencia del otro, como hecho incontestable.

La tarea del reconocimiento del otro va a exigir lo mejor de todos los diputados. Va a demandarles apartar la rabia o sus peores fantasmas a favor de rehacer el techo de esa casa común que se llama Venezuela. Lo que no se puede realizar inmediatamente ni por efecto de un individuo. Pero sí por la acción de todos, en su pleno ejercicio de existencia y ciudadanía.

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El Nacional


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